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Pavlik Elf, el viajero sin papeles y sin dinero

Pavlik Elf vive sin dinero y sin pasaporte. No acepta que el mundo esté dividido por rayas y que esas líneas dicten el movimiento de una persona. Tampoco le interesa un sistema económico en el que un individuo se puede hacer de oro vendiendo un humo más invisible que el de un cigarrillo.

Página 10·23 de junio de 2013·4 minutos de lectura
Pavlik Elf, el viajero sin papeles y sin dinero

Pavlik Elf vive sin dinero y sin pasaporte. No acepta que el mundo esté dividido por rayas y que esas líneas dicten el movimiento de una persona. Tampoco le interesa un sistema económico en el que un individuo se puede hacer de oro vendiendo un humo más invisible que el de un cigarrillo.

Este personaje renunció a su pasaporte hace 4 años y, desde entonces, ha vivido en distintos lugares de la zona, en granjas, en mitad del campo, y en grandes ciudades. El documento es imprescindible para salir a otras áreas del mundo, pero no le importa moverse únicamente por estos 26 países de Europa. “Me siento liberado. Tener un pasaporte supone aceptar una serie de normas. No tenerlo me limita a viajar a ciertos lugares pero es mi decisión libre. No quiero contribuir a este sistema y, si fuéramos más, crearíamos una alternativa”, indica.

 

Este experto en tecnología, denominado stateless (sin estado) y moneyless (sin dinero), se encuentra en París. Llegó a la ciudad para trabajar como voluntario en el festival de la economía de la colaboración Ouishare Fest. Ese marco proporciona su alojamiento y su comida. Hoy es esto. Mañana surgirá otro proyecto u otro plan donde no habrá euros.

 

Su historia comienza asi: a sus 30 años, vivía en San Francisco. Trabajaba en una empresa tecnológica y sentía que con su trabajo “no hacía nada bueno para nadie”. La única finalidad de su empleo era conseguir un salario, y eso —pensaba— “no era saludable”. Fue entonces cuando surgió la idea de desprenderse del dinero. Fue hace cinco años. Estuvo tres meses viviendo sin un dólar y le gustó la experiencia. Volvió a reunir dinero para viajar a Europa y una vez aquí decidió renunciar a la moneda oficial de manera definitiva y apartarse de un sistema capitalista insaciable. La recompensa que busca ahora, según dice, es otra: “Quiero estar seguro de que mi trabajo tiene beneficios para otras personas”.

 

—Necesitaba explorar mi libertad —cuenta Elf—. Escribí mis principios en una web. Expliqué que no quería participar en el sistema de pasaportes y que no reconocía a ninguna autoridad. No me siento de ningún estado. Yo soy ciudadano del planeta Tierra.

 

—Mi nombre es Pavlik Elf (elfo). Decidí llamarme así porque estos personajes me recuerdan a la naturaleza y a la navidad. Es una época de regalar y me gusta la motivación del regalo: hacer feliz a alguien. Es una forma bonita de entender la vida. Aceptar todo como si fuera un regalo. Los elfos, además, viven en la naturaleza y a mí me gusta verme como una parte más de ella.

 

Las razones de Elf son, incluso, poéticas. Pero la policía no es tan lírica.

 

En el metro no compra billetes y, en su lugar, muestra una tarjeta en la que escribió: “Hola, vivo estrictamente sin dinero desde hace tres años. Viajo sin tique. Me llamo Pavlik Elf y apoyo la creación de Solidarityeconomy.net”. El aviso, escrito con su letra en un folio blanco, casi siempre funciona. La excepción acaba en una conversación con unos vigilantes de seguridad que pocas veces escucharán una historia similar.

 

Vivir sin dinero

 

“Toda la naturaleza funciona sin dinero. Hay formas de vivir y de organizarse sin monedas”, indica Elf. “No quiero que las decisiones de mi vida dependan del dinero”. Este hombre del sur del Báltico considera que “el dinero es una forma muy primitiva de condicionar las relaciones humanas”. Elf entiende las leyes de dar y recibir de un modo radicalmente distinto a cualquier sistema económico tradicional. “Prefiero que alguien me dé una manzana porque aprecia mi talento o porque le apetece en lugar de hacerlo a cambio de unas monedas”, especifica con su perpetua sonrisa.

 

El ingeniero especializado en tecnologías de la información asegura que esta forma de entender la economía tiene un impacto muy positivo. La pobreza no es, para Elf, falta de dinero. Es la ausencia de una red de personas alrededor.

 

El hacker se atrevió a hacer algo absolutamente insólito. Algo que atraparía en un ataque de pánico a la mayor parte del mundo occidental. Paró su vida de ingeniero en San Francisco y la observó como el que disecciona un cadáver. Pensó que no le gustaba el sistema capitalista y que renunciaba a él para investigar otras formas de organización.

 

Lo que más interesa a Elf es investigar sobre “nuevas formas de identidad”. No cree en una desigualdad entre personas basada en la etiqueta de español, chino o peruano. Es más justo, a su entender, un “sistema de reputación” en el que un individuo vale en función de lo que contribuya a la comunidad.

 

“Me interesa más el acceso que la propiedad”, indica.

 

 

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