Por Tirso Benavides Benavides
Para un sector del clero católico colombiano, oír el nombre de Juan Pablo Barrientos es como oír mentar al diablo. Aunque los demonios sean ellos, cientos de sacerdotes que han abusado de menores, aprovechándose del poder que les brinda una sotana, del hecho de ser los supuestos representantes de Dios, lo que les facilita ganarse el respeto, el afecto, la obediencia y la confianza de la gente, al menos de los feligreses. Una aberrante práctica sistemática, que este periodista paisa ha venido develando en sus investigaciones desde el 2018.
Ese año se emitió en la radio “Dejad Que los Niños Vengan a Mí”, trabajo ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.
Fue solo el inicio. Después vinieron los libros.
El primero es la versión escrita y ampliada del reportaje radial y lleva su mismo nombre. En sus páginas se exponen los nombres de 26 curas acusados por abuso sexual a menores y se narran las historias de sus víctimas, a quienes se les da voz en el texto. Una voz necesaria pues muchos hablan después de años de mutismo, fruto de una mezcla de culpa, vergüenza, miedo y rabia, sentimientos que son secuelas comunes entre quienes sufrieron este tipo de vejámenes.
“Este es el Cordero de Dios”, el segundo libro, sirve para corroborar la existencia de unos patrones. Aunque este caso es más aberrante, 36 sacerdotes rotándose a un menor, promoviendo su prostitución, situación que duró casi dos décadas. Unos perfiles establecidos para las víctimas y el mismo modus operandi. Solo cambia la ubicación geográfica y los nombres de los protagonistas. En este caso los hechos suceden en la “jurisdicción” de la Diócesis de Villavicencio, en la publicación anterior en la Arquidiócesis de Medellín. Los mismos abusos pero con distintos acentos.
Dizque jurisdicción. Y es que el poder que detenta y que tradicionalmente ha ejercido la iglesia católica no es menor. Además de los millones de pesos con los que compran silencios y su influencia social, cuentan con otros recursos para encubrir a los religiosos denunciados. Recurren al derecho canónico, invocan el Concordato, un tratado que ya no tiene validez, para juzgarse entre ellos, entre colegas. No quieren que los casos lleguen a la justicia ordinaria, sólo aceptan la “divina”, la que ellos mismos imparten, como si los delitos cometidos fueran simples pecados.
Historias que se repiten, una y otra vez, menores con familias sin una figura paterna presente, con necesidades económicas, carencias afectivas, habitantes de sectores populares o rurales, muchachos que veían a las parroquias como un refugio. Acólitos y monaguillos muchos de ellos, estudiantes de unos de los tantos establecimientos regentados por religiosos, pues la educación en nuestro país dista mucho de ser laica y en gran parte se ha delegado a la Iglesia.
Invitaciones, regalitos, celulares, hacerlos sentir especiales, o directamente dinero, hacen parte de la estrategia reiterada que tiene como fin el contacto sexual con los menores, acompañados de un sentimiento de culpa que los abusadores les inculcan a sus víctimas.
Barrientos es comunicador social periodista de le UPB de Medellín, pero por estas investigaciones se ha vuelto un experto en derechos de petición, tutelas y trámites ante los estrados judiciales. Gracias a su rigurosidad en la confirmación de los datos publicados ha salido airoso de 32 procesos interpuestos desde la Iglesia o sus miembros en su contra. Nunca ha tenido que rectificarse.
Para su libro más reciente, “El Archivo Secreto”, escrito a cuatro manos con el periodista y teólogo Miguel Estupiñán, fue necesario que presentaran 137 solicitudes formales ante las diócesis de todo el país, la mayoría de ellas desatendidas. Sin embargo fruto de esta investigación se revelan los nombres de 569 sacerdotes investigados por vicarios y obispos que muchas veces hacen parte del mismo combo. Esta cifra es solo el 13% del total de los derechos de petición presentados, algo que evidencia que el número de curas abusadores es mucho mayor.
Esta realidad que se repite en todo el mundo invita a reflexionar. En primer lugar en el celibato, esa orden anti natura que impide mantener relaciones afectivas y sexuales a quienes tienen una vocación religiosa. Orden que pocas veces se cumple y que muchas veces desencadena este tipo de relaciones abusivas. Además muchas de las víctimas han sido menores que ven en la vida religiosa una opción, algunos de ellos terminan ordenándose como sacerdotes y como es bien sabido gran parte de los abusadores han sido abusados. Todo un círculo vicioso.
Vendrán más libros, eso es seguro. Para el periodista, como el mismo lo reconoce, el tema se ha convertido en una obsesión. No va a parar hasta sacar a la luz todos los nombres de los curas pederastas que se esconden sigilosamente en los archivos de los templos. Es algo que los fieles merecen saber.
