Nuevamente tomo prestado el título del libro del periodista y escritor nariñense Emilio Jiménez Santiusti, publicado en abril de 2023 y cuya edición corresponde a FM. Texto patrocinado y financiado por importantes empresas nariñenses que entendieron el valor de un emprendimiento que trascendió el ambito netamente deportivo.
No deseo referirme a la trayectoria del equipo volcánico, nuestra intención apunta a analizar la capacidad empresarial y comercial de nuestro departamento. Se escucha rumores, que ya son certezas, de que este patrimonio del departamento de Nariño se vende a empresarios extranjeros. Me atrevo a afirmar que a un grupo mexicano que ha posado sus ojos y sus intereses en el balompie colombiano y, en este caso, en nuestro Deportivo Pasto. Ya no tan nuestro, ni tan volcánico.
La pregunta que nos formulamos es lógica: ¿fuimos incapaces de mantener y promover una empresa tan querida por los nariñenses? El equipo se constituye en un verdadero patrimonio que despierta pasiones, alegrías y emociones. Los hinchas acudían en masa a brindar su irrestricto respaldo a sus jugadores, entonando cánticos de fervor y amor por el terruño.
Alrededor de esta pasión crecía la empresa regional; afiches, uniformes, posters, llaveros y toda clase de productos se ofrecían generosos en cada encuentro deportivo. Sus seguidores y fanáticos se concentraban en los alrededores del estadio en su afán de anunciar un triunfo que les permita ascender en la clasificación. Cada gol se escurría de cientos de gargantas y pechos en un verdadero haz de esperanza colectiva.
En verdad es MÁS QUE UN EQUIPO. Es el alma de un pueblo que encuentra en el onceno la posibilidad de expresar orgullo, sentido de pertenencia e identidad. Expresiones que hoy se empiezan a desdibujar y borrar de esa memoria colectiva que nos hace pueblo y nos convierte en cultura.
¿Fuimos incapaces de gestionar tanta emoción y entrega al extremo de vender, como se expresa, a este icono de nuestra raza? Nos preguntamos cómo es posible que agotemos y derrochemos una de las pocas posibilidades de hacer y fomentar empresa regional. Desconocemos las razones de este paso comercial de sus dirigentes, lo único que podemos expresar es que al dejar de, ser nuestro, esa pasión ya no será la misma. Se ahogarán gritos, se paralizaran pechos y se conmocionarán las tribunas.
Repito, son rumores, quisiéramos que simplemente sean eso. Pero si la transacción ya es una realidad, lo menos que podemos pedir es una explicación sensata de sus dirigentes. El Deportivo Pasto es, reitero, MÁS QUE UN EQUIPO, es fiebre del alma, pasión de corazones y gargantas, motivo de alegrías y tristezas, emoción vestida de fútbol y oportunidad de forjar historia e identidad.
Quizá nos falte compromiso, ir más allá de la emoción y comprometernos con las verdaderas causas que nos congregan y convocan como pueblo. Apoyar lo nuestro, vivir esa emoción sintiendo el dolor de ese empresario que únicamente vive del aplauso mientras a su alrededor se derrocha una oleada de indiferencia. Más allá del abrazo o la palmadita, quizá nos hace falta meternos la mano al dril para apoyar efectivamente los emprendimientos comerciales y empresariales de nuestra gente.
Perder a una colectividad como el Deportivo Pasto es equivalente a sufrir las consecuencias de un autogol en una final de fútbol. Es perder por W en una verdadera superioridad deportiva.
Que el grito no se ahogue, que el estadio siga siendo ese escenario donde nuestro pueblo exprese la pasión de sentirse pastuso y nariñense, que los goles no pierdan ese olor y sabor del Galeras. Que este último partido nos convoque a mayores compromisos regionales.

