Wanderful del grupo VISO Atelier es una propuesta escénica trans-sensorial que irrumpe con fuerza en la escena teatral pastusa contemporánea, mezclando desfile fashion, rave emocional y memoria íntima. Con una estética provocadora, variopinta y performativa, la obra celebra la fragilidad, la herida y la frivolidad como territorios de libertad. A través de un lenguaje visual y corporal cargado de ironía y ternura, jóvenes creadores nariñenses proponen un teatro que es también celebración del cuerpo diverso, crítica generacional y acto de emancipación estética. Wanderful no solo representa una ruptura con los formatos clásicos del teatro local: encarna un manifiesto afectivo de autoaceptación y riesgo escénico. A continuación, hago una lectura de esta propuesta acompañada de preguntas a su director Joaquin Rodríguez.
En el panorama teatral de Pasto, donde aún prevalecen propuestas escénicas tradicionales o de corte clásico, emerge una pieza que dinamita los moldes convencionales y se inscribe en una poética performativa radical y profundamente contemporánea. Wanderful, obra trans-sensorial de jóvenes creadores nariñenses, irrumpe en la escena como un desfile fashion de la memoria, una explosión líquida de texturas, cuerpos, sonidos y heridas danzantes que se asumen como posibilidad de celebración, como acto de presencia y como dispositivo crítico.
La pieza puede definirse como una mixtura osada entre un show de moda, una rave emocional y una autobiografía colectiva fragmentada. Pero reducirla a esas etiquetas sería insuficiente. Wanderful es, ante todo, una experiencia estética cargada de memoria corporal, donde el “fashion” no funciona como superficie frívola, sino como ropaje simbólico: vestimenta de reclamos, de desencuentros, de romances truncos y, sobre todo, de una humanidad fragmentada que se ofrece al público sin concesiones.
En su forma, la obra adopta un lenguaje escénico híbrido que se aproxima más al videoclip experimental que al teatro de proscenio. Se construye a partir de un “set” multifónico y visualmente saturado, que rompe con la mesura visual de la cartelera local. Wanderful apuesta por una estética de la sobreexposición, del atrevimiento visual, gestual y sonoro. Hay en ello una búsqueda explícita de frescura, de riesgo y de picardía. La gestualidad lúdica y provocadora del elenco no busca escandalizar sino seducir afectivamente al espectador desde el cuerpo: un cuerpo que se desborda, que goza, que se emancipa y que encuentra en la performatividad un canal de liberación hormonal y de euforia emocional.
Y aquí ocurre uno de los giros más potentes de la propuesta: el escenario no se limita a ser espacio de representación, sino que muta en un territorio de camuflaje emocional. Se convierte por momentos en rave, en espacio ritual, en pista de baile, en campo de batalla afectiva. Las endorfinas del recuerdo, la oxitocina generacional y el deseo de presente se condensan en un frenesí visual y sensorial que habla directamente de estos tiempos post-pandémicos, líquidos, urbanos y aún así profundamente localizados.
La obra no propone una dramaturgia lineal sino una poética del fragmento, de ahí que indagamos en como se logra esta amalgama a su director Joaquin Rodríguez.
Sobre el proceso creativo
Su director nos comentó que para ellos es clave “Escucharnos totalmente. Hace poco hablábamos de cómo uno de los éxitos de VISO Atelier como agrupación ha sido saber escucharnos y darnos la oportunidad de tener nuestras cercanías y nuestras distancias. En ese orden de ideas, escucharnos a nosotros mismos y escuchar a nuestros compañeros ha sido lo que ha permitido mantener la autenticidad de los textos, porque escuchar al otro implica soltar el ego —en este caso, por un bien común que es la obra—, y eso ha hecho que los textos prevalezcan y crezcan sin perder ni una gota de su esencia inicial.
Teniendo en cuenta que vivimos en una época con mucho ego y mucha sordera emocional, nosotros hemos insistido en lo contrario: queremos ir a contracorriente en todo, en lo estético, en nuestra forma de montar, de investigar, pero sobre todo en la manera como nos involucramos y tratamos al otro. Ha sido un reto, sí, soltar nuestros caprichos, pero ha sido muy sabroso de hacer (jejeje). Por eso creo que el montaje de Wanderful ha sido un proceso un poco largo, porque no solo cuidamos la obra: nos cuidamos a nosotros mismos y al alma del trabajo, que son los textos.
Ya técnicamente hablando, Wanderful ha pasado por varias etapas en cuanto a los textos y a las memorias: primero, una de juntanza, de compartir los textos adecuados a lo que la obra quiere decir; luego, una primera selección en la que depuramos ese contenido inicial. En una etapa siguiente expusimos desde el corazón, de una manera muy sensible, porque los textos y esas memorias valiosísimas que pasaron el primer filtro debían quedarse en la obra para poder llevar a cabo un segundo filtro, y después de este, realizamos el proceso de edición que nos tomó unos seis meses. Recortamos, alargamos, modificamos, incluso nos ayudamos de las IA para construir textos, todo con la intención de potenciar la obra, los textos y, sobre todo, cuidar su autenticidad y alma.
Hasta ahora, ya en proceso de montaje, seguimos corrigiendo pequeñas cosas: el trabajo de edición de los textos en Wanderful no se acaba, y ha sido algo súper complejo, pero también muy divertido. ¡Casi un proceso editorial! (Risas)”.
Ética y estética con las grietas
Cada aparición, cada cuadro, es un manifiesto estético y afectivo. Pero Wanderful no cae en el mero hedonismo: propone una ética radical de la autoaceptación. Nos invita a reconocernos no solo en nuestras fragilidades, sino también en nuestras frivolidades. Y lo hace sin moralinas, sin juicios, sino desde una ternura feroz que afirma: somos también nuestras grietas, nuestras heridas, nuestras capas brillantes y nuestras contradicciones.
Celebrar lo roto, bailar sobre lo escindido, es el acto estético central de esta pieza. Wanderful convierte la cicatriz en ornamento, la herida en coreografía, la memoria en textura luminosa. Lo fashion como estética del deseo es, aquí, también política del cuerpo: un cuerpo queer, diverso, híbrido, joven, urbano, pastuso, en disputa. La obra no esconde su dimensión lúdica, incluso cuando se vuelve profundamente confrontativa.
Porque Wanderful también interpela. No se limita a ser un refugio hedonista; más bien se configura como un “escapismo que incomoda”. El espectador se ve lanzado a una contradicción emotiva: se siente a gusto, incluso embelesado, pero también confrontado. Testigo de una performatividad que quiebra el texto escénico en mil pedazos, como si la dramaturgia no residiera en lo escrito, sino en el gesto, en el color, en el cuerpo mismo.
Los textos, si los hay, son carnales, pigmentados, sensibles. Son narrativas del cuerpo, del brillo, de la inocencia queer, de la locura lúcida. Y eso hace de Wanderful una pieza variopinta, ágil, cambiante, como la piel de una serpiente que muda en escena.
En suma, Wanderful representa una apuesta iconoclasta dentro del teatro nariñense actual. Su propuesta no es solamente escénica, sino generacional. Es una obra que no teme incomodar, que sabe reírse de sí misma, pero que también entiende el peso de la memoria, el drama del cuerpo colectivo y el poder de los símbolos cuando se los lleva puestos.
Si la escena pastusa necesita de una renovación discursiva y estética, Wanderful no solo responde a esa necesidad: la encarna. La encarna con lentejuelas, con heridas abiertas, con ironía y con amor propio. Y eso, sin duda, es maravilloso.
Sobre el riesgo y el diálogo con el contexto
Wanderful rompe con los moldes del teatro clásico local y propone una estética del riesgo, del exceso y de la libertad corporal.
De ahí que le preguntamos a Joaquin Rodríguez:
¿Qué le motivó a asumir ese riesgo y cómo dialoga Wanderful con el contexto teatral y social de Pasto hoy?
“Me pones a pensar un poco sobre por qué quiero asumir riesgos como los que se están tomando en Wanderful, una obra que nos expone al 200%. Creo que la respuesta más acertada es porque quiero ser honesto y transparente. En el arte que he hecho, especialmente en el teatro, siempre he tratado de decir la verdad y de mostrarme tal cual soy. Pero hay temas que, por temor, por contexto o por censura, no se tocan.
Siento que ya estoy en una etapa de mi vida personal y artística en la que no quiero privarme de hablar con la verdad y sin filtros. Quiero darle al alma y al cuerpo el poder de desbordarse en escena. En mis ensayos, sobre todo en los calentamientos, trato de estar desbordado, botando cosas para que el ejercicio creativo tenga muchos elementos que llevar a escena. Con Wanderful, no quiero que ese desbordamiento se quede solo en los ensayos: quiero ponerlo en la función misma, porque así es la vida y la naturaleza, desbordadas, exuberantes. Espero que Wanderful y lo que venga a futuro puedan llegar a ese punto donde todo se sienta como un último respiro, porque siento que ahí, en ese límite, está lo real —o bueno, al menos eso siento yo.
En cuanto al diálogo con el contexto teatral de Pasto, queremos decirle a quienes hacen teatro que hay que dejar de lado un poquito la cabeza, ¿no? Dejar la excesiva intelectualidad que muchas veces nos restringe en el acto creativo o interpretativo, y quedarnos “viringos” ante el público. No creo que muchos de los que hacemos teatro aquí tengamos esa capacidad de quedarnos sin nada en la escena: siempre nos quedamos vestidos de ego, de vanidad, y eso, junto con la necesidad de sentirnos superiores, aniquila cualquier acto creativo.
Socialmente, la obra es una invitación a sentir sin restricciones en una época en que el sistema te dice: “no sientas, no digas que amas, no arriesgues, ignora lo que sientes”. Al contrario, permitirse sentir es lo que nos distancia de las máquinas, de las IA que están tan de moda. En Wanderful hablamos de amor, de sexo, de rabia, de resentimientos, de esperas eternas, de sanaciones, porque creemos que eso es lo que el ser humano debe vivir y permitirse.
La metáfora de la basura es muy bella: hemos tirado nuestra humanidad literalmente a los desperdicios. Estos personajes hablan desde ahí, desde las emociones que “guardamos” y desechamos, y son esas emociones las que gritan que hay que sentir, amar, permitirse, necesitar al otro —aunque a veces el otro se niegue a admitir que nos necesita también. Wanderful es un llamado a alejar los esquemas, sin sentirnos indispensables, pero sí únicos.”
Terminamos este diálogo entre lectura y preguntas a Joaquin Rodríguez indagando sobre ¿Cuál es el futuro de Wanderful, su evolución y próximas funciones?
“¡Isssss! (Risas). Claro que sí. Lo que varias personas vieron en noviembre de 2024 solo fue el preestreno de la obra: no había textos corregidos, no habíamos pasado por todo lo que mencioné antes. Ahora venimos cargados de muchas ideas, de alianzas bellas, de cosas súper potentes que queremos conversar con la gente por medio de la obra.
Wanderful es un pulso muy vivo, siempre está ahí latiendo, y esperamos que cuando estrenemos la gente no solo nos acompañe, sino que se anime a hacer muchas más cosas por el arte y por la vida. Sabemos que no vamos a cambiar el teatro del mundo, pero tenemos muy claro que lo que tenemos en nuestras manos con Wanderful es muy poderoso, y queremos seguir hablando desde ese éxtasis creador que nos ha permitido desnudarnos y poner nuestras ideas más viscerales en escena.
Además, ya tenemos entre manos nuestro segundo montaje, y por eso el proceso de Wanderful ha sido lento: ha ido creciendo junto a su hermanito menor. Nos hemos dado el tiempo de pensar en ambos, de cuidarlos y quererlos por igual.
Wanderful se iba a estrenar en diciembre, pero por el barullo de fin de año decidimos mover su estreno al primer trimestre de 2026. Así que los, las y les esperamos en el estreno de nuestra obra, para que nos acompañen y veamos hasta dónde podemos llegar en esta relación público-artista.
Agradecemos a Página10.com por tenernos de nuevo en su espacio, hablando de este trabajo dedicado al amor, a la ciudad, a la herida y a la belleza de estar vivos.”

