Por: Jimmy Lagos
En algún bonito lugar, una reunión de aproximadamente 50 personas amantes de la cultura, la diversidad y el bienestar, decidió llevar a cabo una retreta musical y optaron para la ocasión, contratar un grupo novedoso para tocar unas 4 horas, con el fin de que todos disfrutaran al máximo de esa velada. Después de evaluar diversas opciones en cuanto a género, estilo y trayectoria, la mayoría se decidió por una propuesta de aproximadamente 25 músicos, cuyo director, músico profesional y amplísimamente conocido en el medio, prometía un repertorio excepcional, diverso, disruptivo; una experiencia auditiva única que marcaría un verdadero “antes y después” con respecto a lo antes escuchado y conocido.
Pasadas un poco más de las 2 primeras horas, hubo una breve pausa al concierto y la agrupación en escena percibió con total impotencia e incredulidad, que los asistentes a la serenata no estaban para nada contentos ni conformes con el recital: todo sonaba desafinado, sin compás, sin métrica, sin acople; era evidente a todas luces que ahí había todo menos un ensamble de grupo. El director, siendo el responsable de tan desafortunada experiencia, tomó la palabra y frente a todos los asistentes decidió reconocer que en las primeras 19 piezas musicales que llevaban ejecutadas, no se contaba con partituras correctas ni completas para 14 de ellas…
Ante semejante arrebato de sinceridad, entre el público hubo de todo: incredulidad, risas, burlas, tristeza, enojo, perplejidad. Y no conformes con lo que estaba ocurriendo, los integrantes de aquel desafortunado e improvisado grupo intentaron excusarse para aminorar la vergüenza con frases como: “la sala donde ensayábamos para esta presentación fue pésima”, “no tenemos buenos instrumentos”, “la acústica de este lugar es malísima”, “el sonidista que nos amplifica hoy no nos conoce y por ende no entiende cómo queremos sonar”. Sin embargo y pese a la desesperación, ningún integrante o mucho menos su director, reconoció fallas de grupo, o de estilo, o de esencia…Todo era culpa de “otros”.
El grupo estaba contratado y no pudo bajarse del escenario, debió seguir tocando por las 2 horas más que le hacían falta. Pero lo que sí pudieron apreciar los oídos de los asistentes, fue una mezcla convulsa y estridente de mala partitura, mal director, malos músicos, malos instrumentos, mal sonido. Más de un espectador ilusionado terminó diciendo: se les reconoce el intento, pero vayan con su ruido a otra parte!

