Por: Jefferson Sánchez Cifuentes.
La memoria también tenía sus propios monumentos. Algunos permanecían de pie sobre la tierra; otros sobrevivían en el corazón de los pueblos. El Arco del Morro, uno de los símbolos más representativos de Tumaco, pertenecía a esta última categoría.
Con el propósito de recordar, valorar y resignificar este emblemático lugar de la geografía y la historia tumaqueña, el sábado 6 de junio, a partir de las 3:00 de la tarde, se realizó un homenaje simbólico en las playas del Morro, en el sector donde durante décadas se levantó esta reconocida formación natural.
La actividad convocó a toda la comunidad a participar de una jornada cultural y de memoria colectiva que buscaba destacar la importancia histórica, paisajística y emocional que tuvo el Arco del Morro para varias generaciones de habitantes y visitantes de la Perla del Pacífico.
La programación incluyó juegos tradicionales, actividades artísticas y literarias, conversatorios y relatos que permitieron reconstruir, desde distintas miradas, los recuerdos y significados asociados a este ícono natural. Fue una verdadera mixtura de saberes, expresiones culturales, memorias y sentimientos que durante décadas acompañaron la historia del Arco del Morro y de la comunidad tumaqueña.
La iniciativa fue liderada por las facilitadoras de la Fundación Compaz, Ana Carolina Ávila y Carmen Rojas, quienes llegaron desde Bogotá para acompañar este ejercicio de construcción de memoria junto a las comunidades locales.
Su trabajo buscaba promover espacios de reflexión sobre el valor del patrimonio cultural y la relación de los habitantes con los lugares que marcaron la historia de sus territorios.
Diversas organizaciones culturales, gestores, artistas, escritores y líderes comunitarios de Tumaco también se sumaron a esta actividad, aportando sus conocimientos, experiencias y expresiones creativas para enriquecer una jornada que prometía convertirse en un significativo encuentro ciudadano.
Más allá de recordar una estructura natural desaparecida, el homenaje invitó a reflexionar sobre la importancia de preservar la memoria colectiva y fortalecer los vínculos que unían a la comunidad con su territorio.
Porque el Arco del Morro no solo fue un atractivo turístico; fue un referente de identidad, un punto de encuentro y una fuente permanente de inspiración para la cultura local.
Ese sábado, frente al mar y bajo el cielo del Pacífico, los tumaqueños tuvieron la oportunidad de reencontrarse con una parte fundamental de su historia.
Fue una tarde para recordar, compartir y reafirmar que los símbolos de un pueblo continuaban vivos mientras su memoria permaneciera intacta.
La invitación estuvo abierta para todas las familias, organizaciones, gestores culturales, artistas y ciudadanos que desearon sumarse a este ejercicio colectivo de memoria.
Porque cuando un pueblo recordaba y honraba sus símbolos, también fortalecía su identidad y reafirmaba su compromiso con las generaciones futuras.

