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Sobre Griselda y la “sicaresca”

Por: Tirso Benavides Benavides Ha sido todo un éxito la serie Griselda que hace pocos días se estrenó en Netflix. La historia de la narcotraficante que inició su carrera en el emblemático Barrio Antioquia de Medellín y que se convirtió en la Madrina de Miami, en la época en que la coca empezó a ser

Tirso Benavides Benavides·7 de febrero de 2024·5 minutos de lectura
Sobre Griselda y la “sicaresca”

Por: Tirso Benavides Benavides

Ha sido todo un éxito la serie Griselda que hace pocos días se estrenó en Netflix. La historia de la narcotraficante que inició su carrera en el emblemático Barrio Antioquia de Medellín y que se convirtió en la Madrina de Miami, en la época en que la coca empezó a ser el oro blanco que enceguecería a tantos –y lo sigue haciendo- con la ilusión y la promesa del dinero fácil, que no lo es tanto, porque la cárcel o la muerte son un alto precio que algunos pagan.

La producción protagonizada por Sofía Vergara, quien se hizo famosa siendo adolescente en un comercial de Pepsi y llegó a convertirse en una de las actrices mejor pagadas de la TV gringa, es la más vista en más de una decena de países. La primera en el rating.

Era de esperarse por tratarse de una producción de calidad, con buen presupuesto, bajo la dirección del caleño Andi Baiz, reconocido por películas como Satanás y Roa, con buena recepción en la crítica y el mundillo de los concursos de cine. Apalancada además con una agresiva campaña publicitaria que acrecentó sus resultados gracias a las polémicas en torno a la serie. Y sobre todo por la temática, que enmarca la historia en lo que se ha denominado el género de la “sicaresca”.

La Sicaresca, término que se le atribuye al escritor Héctor Abad Faciolince, creado a mediados de los noventa como una forma peyorativa de describir la numerosa literatura que surgía en ese entonces –tiempos convulsos en Colombia- en donde el protagonista era el sicario, el malandro, el matón a sueldo, el bandido, “el de la moto”. Historias en donde tal como lo hacía la picaresca de la literatura clásica española se enaltece a estos personajes que se creen los vivos por actuar por fuera de la ley.

En ese tiempo todavía no existían las plataformas de streamig que hoy han desplazado a los cines y a las cadenas tradicionales de televisión y que se han convertido en las mayores difusoras de las “narco series”, una prolongación de la sicaresca que ha dejado de ser un patrimonio colombiano para convertirse en producto transnacional, y sobre todo latino, a medida que el negocio de venta de drogas se expande a otros territorios. Ya vendrá “Narcos Ecuador”… coming soon.

En el campo literario dos obras claves, por su novedad y su calidad narrativa: La Virgen de los Sicarios, de Fernando Vallejo, y Rosario Tijeras, de Jorge Franco, novelas que han abordado la temática de una manera que se sale de los moldes de este tipo de historias.

En “La Virgen” más que la historia del niño matón, al que le da lo mismo ponerle precio a un cadáver que a su culo –porque también se prostituye-  se desarrollan las temáticas recurrentes en el escritor paisa, su pasión por los animales, a quienes estima por encima de la raza humana, su crítica a la reproducción sin ningún control ni responsabilidad, la llegada a la vejez o el abandono de la juventud, el amor homosexual… ese que a veces, muchas veces, es comprado.

En “Rosario”, el autor innova con la historia del sicariato protagonizado por una mujer, una realidad que hasta entonces no se había tratado. Varias versiones audiovisuales, que incluyen telenovelas, series y películas han llevado las letras a imágenes y le han puesto diversos rostros a esta anti heroína de las comunas medellinenses.

Aparecen otros títulos cuyos autores son los mismos protagonistas, algunos narcos que se dieron cuenta que narrar sus experiencias era un buen negocio. Así nació El Cartel de los Sapos, que le reportó cuantiosas ganancias a Andrés López, el autor, un mando medio de la organización delincuencial del norte del Valle que se animó a contar el cuento.

Incluso Michael Corleone Blanco, hijo menor de Griselda bautizado así en honor a la ficticia familia mafiosa de El Padrino, anuncia su propia versión escrita de la historia de su progenitora, mientras demanda a Netflix para sacar una tajada económica de ese furor que ha desatado la serie biográfica no autorizada.

Otros, como el exsenador Gustavo Bolívar, han recurrido con éxito a simples clichés para escribir unas narraciones que se limitan a reiterar los modelos narrativos y los personajes estereotipados de este género.  “Pandillas Guerra y Paz”, “Sin tetas no hay paraíso”, “El Capo”, hacen parte de sus “creaciones”. Bolívar como escritor, es un buen político.

Siempre que se estrenan este tipo de series o películas, no faltan quienes las critican por considerar que afectan negativamente la imagen del país. Como si no fuera nuestra historia la que se ve retratada. El que no se escriba, no se filme y no se publique sobre lo que ha sucedido no significa que se produzca una amnesia colectiva que lave la imagen del país. Los hechos son hechos y no se pueden negar.

Es normal que este tipo de contenidos generen controversia, pero reflejan una realidad, y esa es la nuestra. A tal punto que desafortunadamente se ha vuelto un elemento más de la identidad nacional.   Criticar estas obras o dejar de contar lo que sucede no cambiará la realidad.

Que sigan los éxitos para Griselda, la serie. A la otra la mataron a sus 69 años saliendo de una carnicería del barrio Belén de Medellín. Que vengan nominaciones y premios para su director, para Sofía Vergara y para Karol G, quien debuta en la actuación interpretando a una de las nenas del escuadrón de mulas que llevaron el polvo blanco colombiano que enloqueció a la USA. Y lo sigue haciendo.

Griselda, otro producto audiovisual cuyo propósito es entretener y de paso llenar los bolsillos de los realizadores. Una historia real, Griselda existió, en la génesis de un problema que aún nos atormenta, así algunos persistan en olvidar.

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