Por: Jacobo Viveros Granja[1]
«Introducción»
«Sima» es la novela del escritor nacido en Pasto (Colombia), Alfonso Alexander, el libro se publica en 1939 en Bucaramanga, en la editorial Estrella. Pertenece a las primeras novelas del departamento de Nariño a principios de siglo XX. El libro hace una presentación de la ciudad, el ambiente decadente se hace visible con la prostitución y sus enfermedades, los partidos políticos y su alianza con la iglesia, y la presencia del poder a través del cacique o gamonal que decide todo sobre la gente de aquel lugar.
En la carátula de este libro aparecen estas claves: “clericalismo”, “brujería” y “la ciudad teológica, sifilítica y mística”. Estos elementos se desarrollan en la novela, por medio de algunos sacerdotes que viven con muchas mujeres o tienen hijos con ellas, o planeando ataques contra cualquier idea liberal; mucha gente en esta ciudad busca esconderse tras la “institución” de la familia, pero esta es solo una fachada para ocultar delitos o acciones que esa misma sociedad juzgaría, aunque casi todos las practiquen.
Al fondo de la carátula aparece un volcán con la fumarola, se esboza parte de una ciudad, también observamos a un hombre que tiene sobre sus piernas a una joven desnuda y al lado a una anciana (quizás la bruja de la novela). Nunca se menciona el nombre del espacio donde ocurre la historia, por ciertos elementos podría pensarse en Pasto (la palabra “guagua”, la imagen de un volcán, la atmósfera de la época), pero no sería lo correcto asegurarlo, a no ser que el autor lo hubiese dicho, o se encontraran más datos para demostrarlo. No olvidemos que es un texto de ficción, una novela imagina un lugar, parte de una realidad y la transforma y mantiene intacta con la imaginación; esta es la paradoja de la literatura; pero el lector de cualquier país o ciudad al leer «Sima», puede sentir que esa ciudad fue la suya en algún momento de la historia.
En la única edición que se hizo de este libro, encontramos las palabras del editor, las del escritor nariñense Guillermo Edmundo Chaves, y los 13 capítulos. El protagonista llega después de hace mucho tiempo a la ciudad, tal vez 10 o 15 años más tarde, los cuales dedicó para viajar por el mundo. Al final de la novela este personaje huye espantado de lo que la bruja le muestra, pero no sabremos nunca si abandonará otra vez esa ciudad, la adivina cierra la novela en estado de trance gritando: “¡Volverás!”[2].
«Lo que han dicho de Sima»
Cecilia Caicedo recuerda esta información sobre el destino de esta novela: “La denuncia que prevalece en el texto, en donde los personajes importantes en el medio social son abiertamente identificables, y las alusiones apenas disimuladas que contiene, explican que buena parte de la edición fuera recogida para evitar su divulgación”[3].Jorge Verdugo refuerza lo anterior cuando cita a Héctor Bolaños, quien explica que los ejemplares de «Sima» duraron 5 días en Bogotá, y después desaparecieron porque los protagonistas de esa historia habían adquirido todas las publicaciones de dicho libro[4].
Nohora Rodríguez en una entrevista afirma que es una novela “de ambiente urbano”[5], “Es una crítica severa a una sociedad urbana que aparenta estar sometida a cánones de moral y de buen gusto, cuando la realidad es todo lo contrario”[6], en cuanto a sus consecuencias, la autora dice que al tratar Alfonso Alexander “con tanta obscenidad”[7] la temática del libro, tuvo problemas, la obra “fue quemada en parte, porque la otra ya estaba en manos del público y a pesar de la orden estricta de recogerla, algunos se quedaron con ejemplares”[8], “muchos representantes de poder de ese entonces pertenecían a las familias que el autor mencionaba en esa obra”[9].
En una entrevista a Ernesto Vela Angulo, él recuerda que en la novela «Sima», Alfonso Alexander “cuenta cómo es la sociedad de Pasto en los años de 1.920; cómo el influjo clerical es tan hondo que llega a predominar en todas las esferas. Las señoritas de Pasto se enamoraban de los clérigos y tenían hijos a quienes les ponían unos apellidos raros”[10]. Vela Angulo nos dice también que “Esta obra se leía a escondidas, pero todo el mundo la leía y les daba -como dijera- miedo tenerla. A Sima la quemaron en la Plaza de Nariño”[11].
«El lugar de la novela»
El libro comienza con el lugar donde se desarrollará la historia, ese lugar es también un personaje. La ciudad se le aparece al protagonista como “una garra sobre la tranquilidad de la noche”[12], hay luces al inicio de la novela: los “faros brillantes” horadan “la obscuridad profunda de la carretera”[13], el cigarrillo que lleva en la boca es otra isotopía lumínica, y las “luces blancas”[14] están amontonadas allí. Más adelante cuando un personaje revela secretos de la “aristocracia”[15], ya finalizando su explicación, leemos: “La noche [se irá] encendiendo con luz de estrellas”[16].
Todo esto define la ciudad en la novela, luego aparece una enumeración oscura: “¿Su ciudad? Aquella amalgama viscosa de políticos amorales, de comerciantes ladrones, de hacendados hechos ricos con el trágico sudor del indio sumiso, de sacerdotes corrompidos […] de prostitutas que eran a la vez hijas y queridas de esos hombres lujuriosos y enfermos llamados por equivocación quizá ministros de Dios…”[17]. Esta ciudad es una “urbe sinuosa y callada”[18] que enreda una visión “como una serpiente plomiza a los muslos del milenario volcán hierático”[19].
«El lugar del poder»
En «El robo de las aes» de Gonzalo Canal, el poder de un periódico controlado por un sacerdote logra que toda una población esté en contra de un hombre. En la novela de Alexander se mencionan cinco “publicaciones periódicas”[20] pertenecientes a caciques del partido liberal o conservador. Es entonces cuando el padre Rubieira habla con el director de uno de los periódicos para ver cómo atacar a los liberales, “Hay que acabar con toda esa mala calaña”[21] dice el cura. ¿Pero qué diferenciaba a un partido de otro? Se pregunta León Alberto (protagonista de «Sima»), “El rótulo! Exactamente, el rótulo. Nada más”[22].
Aquel sacerdote le dice al protagonista que por saber escribir, debería iniciar su “labor en la prensa, defendiendo al partido de la religión”[23], podemos imaginar al religioso desde su “elegante escritorio moderno”[24], mientras “fumaba cigarrillos americanos”[25]. Si aceptaba el ofrecimiento del padre, León podía llegar a ser diputado, senador, u ocupar cualquier cargo en el gobierno. Detrás de todo esto, se encontraba la sombra del cacique político, don Moisés, “el dominador político”[26] de la ciudad, de quien se decía que había hecho creer que existía oro en cierta región para retirarse con las acciones de los demás cuando el engaño llegara a su fin. Uno de sus secuaces provocó el derrumbe de la mina, el gamonal fingió tristeza por las pérdidas y muertes, vistió de negro, hizo celebrar misas por los fallecidos, compró a los periódicos para silenciarlos, y el “Supremo Gobierno de la República”[27] lo nombraría “Gobernador de la sección”[28] en “la ciudad silenciosa, enferma y dormida”[29]: “la abúlica ciudad mística”[30]. Entre las mujeres a las que había violado, hubo una que se vengó engañándolo una noche para que se acostara con otra mujer que lo contagiaría de una enfermedad venérea. Los habitantes de este lugar llevan en sus cuerpos las “enfermedades secretas”[31].
León o el aventurero, como es llamado en la novela, siendo ya el novio de la hija de don Moisés, se convierte a la política. Es época de elecciones y cada partido contrata gente para provocar “motines”[32]. La novia tiene relaciones con un sacerdote, quien a su vez frecuenta un prostíbulo. Todos están sucios. La novela propone la idea simbólica y literal de la suciedad que el cuerpo manifiesta tras las relaciones sexuales. La información secreta de los habitantes en la novela se muestra a través del narrador o de personajes que relatan los chismes, todo se sabe, pero se finge que no es así, valdría le pena releer el libro de Edgardo Cozarinsky titulado «Nuevo museo del chisme» para recordar la relación entre relato, novela, literatura y chisme…
«Últimos secretos»
Entre los tantos personajes que los lectores encontrarán (a mi parecer casi como esperpentos al estilo de Valle Inclán), se encuentra, Manuelito Gabriel, el cual pertenece a una pandilla conocida como los “rifles”, tal vez es una alusión al “batallón Rifles” que causó tantos crímenes en Pasto por órdenes de Bolívar. Manuelito a pesar de vivir con varias mujeres, estar casado y haber participado en la estafa de la mina con don Moisés, “es miembro de varias congregaciones religiosas y es muy amigo de los Reverendos Padres Jesuítas[33]” [34]. Esta construcción de distintas apariencias es común entre los que habitan la ciudad de esta novela, por ejemplo, algunos sacerdotes tienen hijos y mucho dinero, debido a la “usura, misas, legados, que se [han] hecho ceder por sus clientes moribundos, remates de fincas valiosas”[35]. Recuerdo la historia de la mujer que habiendo tenido relaciones secretas con un cura, queda embarazada y opta por el suicidio; el religioso que preside la marcha fúnebre es el que pudo haber sido padre de aquella criatura que no llegó a nacer.
He dicho que la novela inicia con la insistencia de la luz sobre la noche, pero el libro termina con poca claridad, o con isotopías de lo oscuro, pues León Alberto ingresa en la casa de la bruja, “que vive en una casona centenaria situada en la salida sur de la urbe”[36], “una casona en ruinas”[37], en ese escenario descrito se presentan “Huesos puestos en cruz, calaveras, dos gatos, una lechuza desdeñosa”[38], y “muchas hierbas desconocidas creciendo en el patio”[39]. Este hombre se halla inmerso en una columna de humo que cubre todo, la presencia de Belial o Astaroth legitiman el ambiente de la escena.
Ella le proyecta a León algunos seres manchados de la ciudad (recuerden el concepto de “suciedad” que simbólicamente desarrolla la novela), el hombre huye pero la bruja le vaticina que él también volverá para conocer su “triste destino”[40]. Pareciera que todo aquel que alguna vez se marchó de la ciudad y regresa, no podrá salir de ella.
Referencias
Alexander, A. (1939). Sima. Bucaramanga: Editorial Estrella.
Caicedo de Cajigas, C. (1990). La novela en el Departamento de Nariño. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo.
Pabón, A.; Molina, D.; Viveros, D.; y Arcos, C. (2003). El lado suroeste. Pasto: Districomputo.
Pabón, A.; Molina, D.; Viveros, D.; y Arcos, C. (2003). Una ciudad para la memoria. Pasto: Districomputo.
Verdugo, J. (2004). Sobre el canon y la canonización de la narrativa en Nariño en el siglo XX. Pasto: Universidad de Nariño. Centro de Estudios e Investigaciones Latinoamericanas
[1] Escritor y profesor universitario. Correo electrónico: viverosjacobo@gmail.com
[2] Alexander, A. (1939). Sima. Bucaramanga: Editorial Estrella, p.152.
[3] Caicedo de Cajigas, C. (1990). La novela en el Departamento de Nariño. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, p.68.
[4] Verdugo, J. (2004). Sobre el canon y la canonización de la narrativa en Nariño en el siglo XX. Pasto: Universidad de Nariño. Centro de Estudios e Investigaciones Latinoamericanas, p.69.
[5] Pabón, A.; Molina, D.; Viveros, D.; y Arcos, C. (2003). El lado suroeste. Pasto: Districomputo, p.153.
[6] Ibid.
[7] Ibid.
[8] Ibid.
[9] Ibid.
[10] Pabón, A.; Molina, D.; Viveros, D.; y Arcos, C. (2003). Una ciudad para la memoria. Pasto: Districomputo, p.103.
[11] Ibid.
[12] Alexander, A. (1939). Sima. Bucaramanga: Editorial Estrella, p.10.
[13] Ibid.
[14] Ibid.
[15] Ibid., p.118.
[16] Ibid., p.119.
[17] Ibid., p.11.
[18] Ibid., p.13.
[19] Ibid.
[20] Ibid., p.25.
[21] Ibid., p.29.
[22] Ibid., p.30.
[23] Ibid., p.35.
[24] Ibid., p.34.
[25] Ibid.
[26] Ibid., p.37.
[27] Ibid., p.48.
[28] Ibid.
[29] Ibid., p.49.
[30] Ibid., p.139.
[31] Ibid., p.141.
[32] Ibid., p.76.
[33] En el libro esta palabra aparece con tilde.
[34] Alexander, op.cit., p.112.
[35] Ibid., p.122.
[36] Ibid., p.147.
[37] Ibid.
[38] Ibid., p.148.
[39] Ibid.
[40] Ibid., p.152.

