Por: Rosa Isabel Zarama Rincón
Juan Revelo Revelo, es escritor, poeta y editor, nació en Ipiales en 1943. Hijo del educador Octaviano Revelo Benavides y de María Angélica Revelo Ortiz. Se graduó de bachiller en el Liceo de la Universidad de Nariño en Pasto, en donde tuvo la suerte de contar entre sus profesores a Aurelio Arturo, Ignacio Rodríguez Guerrero y Juan Álvarez Garzón. Estudió Ingeniería Industrial en la Universidad Javeriana de Bogotá y la maestría en Administración de Empresas en la Universidad Autónoma de México. Es autor de doce libros (poesía, cuentos, ensayos y novela) y coautor de cinco libros polifónicos publicados en Colombia, Argentina y España. Trabajó en la Organización Internacional del Trabajo OIT y en la UNESCO en París, La Habana y México, donde fue alumno de Octavio Paz y Juan Rulfo a quienes rinde homenaje con los talleres literarios que dirige hace 30 años.
Uno de sus libros es Sabrina y otros cuentos. En él nos invita a recorrer dieciocho narraciones, cada una con una esencia diferente. Algunas de ellas tienen las fechas y los lugares donde fueron creadas. Es un amplio periodo de tiempo que cubre treinta y siete años comprendidos entre: 1971, 1976, 1995, 1996, 2006 y 2008. Algunos de los cuentos, como: “La importancia de llamarse Domingo” o “El baúl” fueron galardonados en concursos nacionales en el año 2000. Otros, Juan Revelo los guardó entre sus archivos personales, lo que demuestra que durante varios años estuvieron en el alma del autor, tal vez, revisados y pulidos en varias oportunidades, antes de ser publicados por primera vez en 2010. En este año los cuentos ya tenían su mayoría de edad y reclamaban su propio vuelo para conquistar el corazón de los lectores. Algunos de ellos, como “En la esquina” y “Todo fue silencio” fueron publicados en revistas de Colombia y el exterior, traducidos al inglés, italiano y francés.
Los lugares donde fueron concebidas las historias de Sabrina son ciudades diferentes como: Buenos Aires, La Habana, París (presente en dos momentos en 1995 y en 1996) Bogotá, y Finale Ligure (Italia). En algunas narraciones, además, menciona la estación. “El ausente”, fue escrito en Bonn, Alemania, durante la primavera de 1994, y “Los alpinistas”, en Denver, Colorado, en el invierno de 1980. En otros cuentos, no se menciona el lugar en donde se desarrollaron los hechos, sin embargo, al leerlos se sabe que, por ejemplo, “El volcán” corresponden a Pasto, “La Tragedia” a Armero, el ascenso al Nevado de Cumbal, que recuerda Felipe el protagonista de “Sabrina”, rememora al paisaje de Ipiales, tierra natal del escritor.
Esta información es un regalo para los lectores, porque ayuda a imaginar el tiempo y el espacio del autor en el momento de crear estos cuentos. También suscita una pregunta: ¿Qué ambiente exterior y qué pensamientos y sentimientos del escritor permitieron que una historia que paulatina o velozmente se está gestando en su corazón y en su cerebro, adquiera su forma definitiva en ese espacio y en ese tiempo? Interrogantes que no se resuelven con la lectura, porque Sabrina dista de informar el proceso creador de Juan Revelo. Sin embargo, los lectores podemos enriquecer la interpretación de los cuentos con este tipo de preguntas.
Los dieciocho cuentos, unos de tan solo dos páginas como “El atleta” o “El Túnel” y otros de varias páginas, independiente de la extensión de estas narraciones y de ser diferentes en su temática y en su estructura narrativa, atrapan al lector de principio a fin. Son historias cotidianas de personas citadinas que viven los desafíos de la existencia. “Jaque Mate” tiene una sólida tensión narrativa y unas maravillosas metáforas que describen cada pieza del ajedrez. “Llamada al amanecer”, devela la complejidad del ser humano frente a situaciones que lo que desbordan. Por su parte, “La Tragedia”, recuerda con dolor la negligencia estatal, que fue incapaz de proteger a los moradores del municipio de Armero, arrasado por la avalancha del volcán Nevado del Ruiz, (Colombia, noviembre de 1985). El desenlace de este cuento describe con emoción lo que siente Don Eustaquio, uno de los sobrevivientes de esa tragedia.
La creatividad y la contundencia emocional que están presentes en las historias de este libro impiden que el lector intente abandonar un cuento antes de terminarlo. Dos o tres párrafos antes de concluir las narraciones, los lectores se aventuran a buscar posibles desenlaces, pero eso no ocurre… Juan Revelo sorprende con sus finales inesperados. Algunos cuentos como “Sabrina”, invitan a acercarse a los protagonistas y abrazar su dolor; otros como “Nóisuli”, provocan una sonrisa al llegar al final; los finales felices, en medio de la incertidumbre de la narración, reconfortan el espíritu. Aspectos que se enriquecen con los diversos recursos literarios que emplea el autor para contarnos las historias: sueños premonitorios, muertos que se comunican con los vivos, diarios de alpinistas desaparecidos, diálogos y cartas de amor o despedida.
En resumen: Juan Revelo ha creado unos cuentos entrañables que enriquecen las letras de Nariño y Colombia, narraciones que reafirman que las personas y la vida son impredecibles y que nadie puede huir de lo que le corresponde vivir.

