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Ricardo Arroyo Arboleda: historiador de anturios y de esclavos

Por: Rosa Isabel Zarama Rincón El 6 de julio de 2025, se cumplen 39 años del fallecimiento de Ricardo Arroyo Arboleda, individuo de Número de la Academia Nariñense de Historia. Este perfil, el primero que se elabora del académico, tiene como propósito recordar sus contribuciones a la sociedad nar…

Rosa Isabel Zarama Rincón·5 de julio de 2025·6 minutos de lectura
Ricardo Arroyo Arboleda: historiador de anturios y de esclavos

 

Por: Rosa Isabel Zarama Rincón

El 6 de julio de 2025, se cumplen 39 años del fallecimiento de Ricardo Arroyo Arboleda, individuo de Número de la Academia Nariñense de Historia. Este perfil, el primero que se elabora del  académico, tiene como propósito recordar sus contribuciones a la sociedad nariñense.

La disciplina de la Historia permite a sus estudiosos abordar una variedad infinita de temas, cuya divulgación está mediada por una rigurosidad en la investigación, en la interpretación  y en la escritura. Este fue el caso de  Arroyo Arboleda quién con mucha propiedad abordó diversos asuntos. Lo conocí en Pasto, durante mi infancia cuando lo veía al pasar por su residencia: éramos vecinos en el barrio Palermo. Sin embargo,  nunca intercambiamos  un saludo. Lo recuerdo vestido con ropa informal subiendo o descendiendo de su Land Rover azul, cuando llegaba del campo. Me parecía una persona circunspecta. Lustros después de su fallecimiento, leí sus publicaciones. Fue una sorpresa descubrir que fue elegido individuo  de Número de la Academia Nariñense de Historia, desde el 26 de abril de 1984 hasta su muerte. Lo anterior me animó a consultar sobre su vida y sus aportes. Actividad que adelanté con ayuda de sus hijas: María Stella y Mónica, a quienes agradezco su generoso respaldo.

Ricardo nació el 8 de octubre 1915 en Popayán y  murió el 6 de julio de 1986 en Pasto. Era hijo del matrimonio payanés formado por Sofía Arboleda Quijano y José Antonio Arroyo Díez. De acuerdo con sus hijas, en 1932, a la edad de 17 años,  conoció Pasto. Agregan: “Mi padre solía decir, que él se enamoró de Pasto y de su gente,  desde que por primera vez  conoció esta ciudad”. El motivo de su viaje fue trabajar durante un tiempo en una platería cuyo propietario era  su primo Simón Arboleda. Luego, viajó a Bogotá a estudiar contaduría. Se graduó como contador juramentado, nombre que en esa época recibía esa profesión.

Posteriormente, regresó a Pasto con el fin de  visitar a su hermano Gregorio Arroyo Arboleda, quien estaba casado con Elvira Eraso Delgado. En el viaje conoció a Rebeca Eraso Delgado, hermana de Elvira. Los jóvenes se enamoraron, contrajeron nupcias el 13 de enero de 1951. Fueron padres de  María Stella y  Mónica.

Los recién casados se radicaron en Bogotá, donde Ricardo laboró  en el Ministerio de Hacienda como revisor fiscal de impuestos nacionales para las compañías extranjeras en Colombia. Por razones de su cargo residieron en Medellín, Santa Marta y Barbacoas. Pasados unos años, Arroyo le manifestó a su esposa, que le gustaría vivir en Pasto, porque era la ciudad de sus afectos, donde sentía que podría desarrollar sus proyectos, motivado también por su interés en la historia y cultura de la región. De acuerdo con María Stella: “Mi padre se sentía un pastuso más”.

Durante su vida en la “Ciudad sorpresa” trabajó como revisor del Fondo Ganadero de Nariño además,  a muchas personas les prestó sus servicios como profesional en contaduría. Labor que alternó  con las actividades en la finca, sus estudios históricos y diversos cargos en la administración municipal. En 1968 fue secretario de Hacienda Municipal durante la alcaldía de Juan Conto y, ese mismo año, lo designaron  alcalde encargado. Igualmente, se desempeñó como miembro del Fondo Ganadero de Nariño.

Alrededor de 1976 fue elegido director de la Casa de la Cultura de Nariño, institución  donde impulsó  a varios artistas jóvenes que hasta ese momento eran poco conocidos en el medio. Entre ellos: a Manuel Guerrero Mora, quien fue seleccionado para pintar el mural exterior en el Palacio de Justicia, a Libia Velásquez, a Clara Cano y a Pompeyo Delgado,  entre otros. Organizó programas musicales de grupos folclóricos, recitales de poesía y de piano.  Igualmente, adelantó exposiciones de las fotografías de los Carnavales de 1977, y de periódicos antiguos.  Demostró  interés por los niños a través de concursos de pintura destinados para ellos. E incluso, colaboró en el Primer Congreso de magos realizado en Pasto; entre otras actividades. En febrero de 1978 en una entrevista que dio a periódico El Pueblo, afirmó: “… nuestro propósito primordial es hacer conocer primero nuestra propia cultura que es de una verdadera riqueza tanto en lo musical como en las artes plásticas. En Nariño ha existido de tiempo atrás gentes que han honrado al país y lo han hecho conocer, gracias a su gran cultura humanística”.

Desde ese cargo y en asocio  con la Imprenta departamental, sacaron copias del manuscrito: Impresiones de arte. Temas musicales del departamento de Nariño, República de Colombia, del autor Nemesiano Rincón, abogado,  músico y miembro del Centro de Historia de Pasto;  actual Academia Nariñense de Historia. Gracias a ese material algunos investigadores han podido divulgar varias creaciones musicales elaboradas o interpretadas en el departamento  entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX.

Cuando se desempeñó como director de la Casa de la Cultura solicitó que un visitador de la contraloría departamental adelantará un inventario de los bienes de esa Institución, porque cuando llegó el cargo no recibió esa relación. Así mismo, organizó los libros de control de gastos y de ingresos extraordinarios, ordenó y saneó las finanzas de la Institución al implementar una política de austeridad y ponerse al día con los pagos pendientes.

Con respecto a la historia, Ricardo escribió artículos relacionados con hechos ocurridos en la ciudad y en el departamento que lo acogieron. Sus investigaciones revelan los diversos intereses que lo estimulaban: asuntos económicos propios de su profesión, ellos fueron: los referentes al ganado, o a la harina. Otros temas que siempre son pertinentes en la historiografía nariñense como sus artículos sobre: Agualongo e Iscuandé, y su amor a la naturaleza en su investigación sobre el anturio. Así, sus apellidos Arroyo Arboleda parecen una bonita casualidad porque se vinculaban estrechamente con su amor por la naturaleza.

En el catálogo de la Red de Bibliotecas del Banco de la República se localizaron trece artículos de su autoría publicados en la revista Cultura Nariñense. Los títulos son:  “Miguel Arroyo Díez” (1971); “90 días a pico y pala” (1971); “Pasto, pionero de la industria harinera” (1971); “Pasto pionero de las exportaciones ganaderas” (1972);  “Mas sobre el incidente Arroyo Díez Vicentini” (1972);  “Tripitenorios y pambazos” (1972);  “Pasto el devaluador” (1973);  “Esclavos negros en Nariño (1973)”; “Un recuerdo de doña María Otero” (1973); “El anturio nariñense, una flor para emperadores” (1974); “La independencia de Iscuandé (Santa Barbará) y su líder don Manuel de Olalla” (1975); “Obispos vs estudiantes y elecciones a la suerte en Pasto” (1976) y “El viejo Pasto y su moneda” (1979).

Con un ramo de anturios me despido de mi vecino Ricardo Arroyo Arboleda, a quien le agradezco su genuino interés por ser un buen pastuso, e investigar y divulgar la historia de Nariño.

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