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Cultura

Qué viva Pasto, carajo

Pablo Emilio Obando A. Pasto no camina, ¡baila! La ciudad entera late con el ritmo vibrante de su fiesta más grande, esa que cada enero pinta las calles de colores, y alegría: el Carnaval de Negros y Blancos. Hoy, la capital de Nariño se alista con entusiasmo desbordado para recibir a propios y v…

Pablo Emilio Obando Acosta·28 de diciembre de 2025·2 minutos de lectura
Qué viva Pasto, carajo

Pablo Emilio Obando A.

Pasto no camina, ¡baila! La ciudad entera late con el ritmo vibrante de su fiesta más grande, esa que cada enero pinta las calles de colores, y alegría: el Carnaval de Negros y Blancos. Hoy, la capital de Nariño se alista con entusiasmo desbordado para recibir a propios y visitantes en un ambiente donde la tradición, la cultura y la identidad se abrazan en cada esquina.

Desde el centro hasta los barrios más periféricos, los almacenes exhiben cachuchas, ruanas, sombreros y camisetas que celebran el alma carnavalera. Las vitrinas no venden solo ropa, venden emoción, venden pertenencia, venden orgullo de ser pastuso. Las calles cercanas al INÉM y los Dos Puentes están adornadas con los años viejos que se preparan para el ritual de la despedida del año: figuras que arrancan sonrisas y recuerdos, y que pronto serán ceniza y fuego.

En los centros comerciales, los trajes típicos lucen sus mejores galas: faldas amplias, blusas bordadas, pañuelos de colores. Ya se escuchan los tambores, los capariches, las flautas andinas; ya ensayan los bailarines, los artesanos ultiman detalles de sus carrozas, y las graderías comienzan a levantarse como testigos de una ciudad que sabe celebrar.

La economía vibra también. Hoteles reportan ocupación casi total, los restaurantes se alistan para recibir comensales de todos los rincones del país y del mundo. Los artesanos, emprendedores y comerciantes respiran optimismo. Porque el carnaval no es solo fiesta, es dinamismo, es movimiento, es esperanza convertida en ventas, empleo y sustento.

El pastuso se transforma: sonríe más, camina con más ritmo, saluda con más entusiasmo. Se respira carnaval. Se sueña carnaval. Se vive carnaval.

Así que la invitación está hecha. A ti, turista, curioso, amante de la cultura: ven a Pasto, ven a sentir lo que es una ciudad viva, creativa, orgullosa de su historia y de su presente. Y que no quede duda, que se escuche desde el Galeras hasta el último rincón de Colombia:

¡QUE VIVA PASTO, CARAJO!

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