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Cultura

Pedro Lemebel y la fuerza de su prosa maricona

Por Tirso Benavides Benavides Lemebel murió hace diez años pero su voz sigue viva, a pesar de que el cáncer que lo llevó a la tumba le afectó las cuerdas vocales y lo dejó sin habla en sus últimos días. Pobre Pedro, que hablaba mucho y de múltiples maneras. Pobre Pedro que vivía de sus

Tirso Benavides Benavides·21 de marzo de 2025·3 minutos de lectura
Pedro Lemebel y la fuerza de su prosa maricona

Por Tirso Benavides Benavides

Lemebel murió hace diez años pero su voz sigue viva, a pesar de que el cáncer que lo llevó a la tumba le afectó las cuerdas vocales y lo dejó sin habla en sus últimos días. Pobre Pedro, que hablaba mucho y de múltiples maneras. Pobre Pedro que vivía de sus palabras.

Nació pobre y murió famoso. La gente lo reconocía y lo saludaba con afecto cuando caminaba por las calles de la capital chilena que viven en sus crónicas. Un escritor querido. Un artista atrevido.

Irrumpió en la escena en plenos tiempos de Pinochet, con el Colectivo Las Yeguas del Apocalipsis, que en realidad eran solo dos. Él y su amigo Francisco Casas que dieron mucho de que hablar en una sociedad conservadora con sus performances (antes de que existiera el concepto) en el que criticaban abiertamente al régimen del vetusto del dictador y reivindicaban los derechos de los marginados marginales.

Lemebel fue un adelantado a su tiempo. Fue queer antes de que se inventaran el término. Hizo podcast al leer sus textos urbanos en la radio, sus crónicas en las que visibilizó a los protagonistas de la vida oculta de Santiago, una cara que muchos preferían ignorar, incluso hasta tapar.

Lo conocí hace relativamente poco. Un par de años. Por su obra, claro, que es la única forma de conocer a un difunto. Títulos como Adiós Mariquita Linda, El Afán Crónicas del Sidario, Háblame de Amores, Serenata Cafiola, me atraparon de inmediato con su estilo directo, con su ritmo. La vida como es, dibujada por palabras. Otros textos, muchos, versan sobre su vida bohemia, sobre sus locas giras literarias cuando ya era parte del mundillo editorial, sobre su exclusivo círculo de excluidos.

Tengo Miedo Torero, su única novela, que fue adaptada al cine, da muestra de su compromiso político. Pedro Lemebel siempre creyó que el arte sí puede influir en la sociedad y hasta cambiarla. Después de muerto lo sigue haciendo, se ha consolidado como un icono del artista trasgresor, que incomoda al poder, que le canta la tabla a quien sea sin ningún tapujo. Fue de izquierdas, pero no militó en ningún partido, era libre como para obedecer ordenes, además los zurdos también rechazaban a los maricas. La historia trata de un homosexual, ya entrado en años, que se enamora de un joven guerrillero y por ese amor de por sí “prohibido” se expone a todo riesgo al colaborar en acciones clandestinas.

A diez años de su muerte su memoria permanece. Es talvez junto a Bolaño, el escritor chileno contemporáneo más reconocido en su país, y sin duda el más querido. Cuando recorría, como siempre lo hacía, las calles y los pasajes del centro santiagueño a la caza de historias, le gustaba ver cómo en las esquinas vendían sus libros pirateados, “déjame ganar un poco po” les pedía entre risas Pedro a los comerciantes. Aunque lo que en realidad quería era que mucha gente se asomará a su mundo, a ese mundo diferente que existe tras sus letras mariconas.

Y la loca fuerte, como le decían en el colegio para hacerle bullying, lo logró, al menos así parecen demostrarlo las reediciones de sus libros, los libros escritos sobre él y los múltiples homenajes que se le hicieron para conmemorar la primera década de su deceso. Hasta siempre mariquita linda.

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