En la prodigiosa y sensible voz del nariñense Bernardo Santacruz Martínez, circula en la plataforma YouTube un documento profético e inspirador, escrito por uno de los poetas más representativos de Colombia: Aurelio Arturo Martínez. El texto se titula sencillamente “Pasto”, pero su contenido está cargado de una fuerza visionaria que, aún hoy, sigue sacudiendo conciencias y llamando a la acción.
“Nunca en mis repetidas peregrinaciones a la ciudad de Pasto, pude sustraerme a una especie de sorpresiva fascinación, cada vez que al doblar los Altos de Aranda, la veía aparecer, en un súbito cambio de paisaje, dibujándose nítidamente en la mitad del valle que la sustenta… …”
Así comienza este homenaje poético a la capital de Nariño, un canto que nace desde lo alto de los Altos de Aranda, cuando Pasto se revela al viajero como un valle escondido, generoso y lleno de promesas.
Aurelio Arturo: el poeta de la geografía interior y del destino regional
Aurelio Arturo, nacido en La Unión (Nariño) en 1906, no solo fue el autor del celebrado poemario Morada al sur, sino un pensador que supo leer la geografía y la identidad como destinos. Su poesía, aunque breve en cantidad, es vasta en hondura, y en textos como “Pasto” revela una conciencia territorial adelantada a su tiempo.
Arturo comprendía que la ubicación geográfica de Pasto no era solo un accidente topográfico, sino un punto estratégico que podría cambiar el rumbo económico del país. En su visión, Pasto no era una ciudad aislada en las montañas andinas, sino el centro de un istmo invisible pero poderoso: el que une el Pacífico, el Amazonas y el Atlántico.
Su palabra no era solo lírica: era política, económica y profundamente identitaria. Porque Pasto no solo aparece en sus versos como un paisaje, sino como una promesa que espera su hora. ¿La hemos escuchado?
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La identidad pastusa: entre resistencia, dulzura y visión de futuro
En su homenaje a Pasto, Aurelio Arturo evoca la ternura y bondad de su gente, la dulzura de la palabra que se escurre lenta por los labios, la generosidad de una tierra que acoge sin estridencias. Esa es, en esencia, la identidad pastusa: una mezcla de resistencia ancestral, inteligencia práctica y sensibilidad social.
A lo largo de su historia, Pasto ha sido cuna de grandes movimientos sociales, espirituales y artísticos. Su gente ha sabido resistir con dignidad, crear con ingenio, y soñar con terquedad. La identidad cultural de Pasto se nutre de sus raíces indígenas, de su herencia colonial, de su mestizaje profundo, de su minga cotidiana y de su carnaval como acto de creación colectiva.
Por eso, hablar del “istmo” del que hablaba Aurelio Arturo es también hablar de un canal simbólico, donde la historia, la cultura y la geografía convergen en un proyecto de ciudad para el futuro.ƒ
La historia como herramienta de cultura ciudadana
La evocación de textos como el de Aurelio Arturo no es un simple ejercicio nostálgico. Es, ante todo, un acto pedagógico y político. En tiempos donde la ciudadanía busca sentido, pertenencia y proyecto, la historia emerge como herramienta fundamental de cultura ciudadana.
Conocer el pasado no es vivir anclado a él, sino aprender de sus luces y sombras para construir un presente más consciente y un futuro más justo. Pasto necesita recuperar su memoria histórica como potencia transformadora, como base para el diálogo cívico y para el diseño de políticas públicas con identidad.
Compromisos institucionales: la historia como política pública
En este camino, se destaca el compromiso del alcalde de Pasto, Nicolás Toro, y del subsecretario de Cultura Ciudadana, Juan Carlos Lasso, quienes han manifestado públicamente su interés en rescatar y divulgar el legado histórico y cultural de la ciudad como base para el desarrollo y la construcción de cultura ciudadana.
Ambos funcionarios han comprendido que hablar de cultura ciudadana no es simplemente fomentar el respeto por las normas, sino inspirar amor por el territorio, valorar el pensamiento propio y proyectar a Pasto como una ciudad que cree en su historia y la convierte en motor de futuro.
Desde la administración municipal se han iniciado estrategias para resignificar la historia local, impulsar el pensamiento crítico desde la escuela, y recuperar el legado histórico de la ciudad en el espacio público y en la agenda cultural.
¿Un legado cultural que puede ser política pública?
Aurelio Arturo dejó escrita una hoja de ruta que sigue esperando ejecutores. Nos invitó a ver a Pasto no solo como ciudad de montañas, sino como canal natural entre océanos, mercados y civilizaciones. Nos legó un mapa espiritual, geopolítico y comercial. Nos propuso un sueño con coordenadas reales.
Pasto, como puente entre el Atlántico y el Pacífico, puede y debe asumir su rol estratégico. El reto está en transformar esa visión poética en política pública, en plan de infraestructura, en diplomacia comercial, en formación ciudadana.
Para eso, necesitamos dirigentes comprometidos, ciudadanos informados y un relato común. El que ya escribió Aurelio Arturo, y el que ahora nos toca a nosotros completar.

