En las alturas del volcán Cumbal y en los rincones de la Reserva Natural La Planada, se gesta una película que promete convertirse en un testimonio emblemático de la relación entre la naturaleza, la cultura y la resistencia. Orquídea, un proyecto cinematográfico liderado por la antropóloga y cineasta Emily Cohen Ibáñez, no solo pone en el centro a la flor nacional, sino que también explora las complejidades de una Colombia resiliente.
El volcán Cumbal: punto de partida para un relato ecológico y humano
El equipo de producción de Orquídea eligió al volcán Cumbal como uno de sus primeros escenarios. Con más de 5.000 metros de altura, esta formación volcánica no solo es un símbolo de la majestuosidad andina, sino también un espejo de los efectos del cambio climático. Aquí, las cámaras capturan algo más que paisajes: documentan la interacción entre la comunidad indígena local y un entorno natural que lucha por sobrevivir.
El viaje continúa hacia la Reserva Natural La Planada, un refugio ecológico gestionado por la comunidad indígena awá. Este santuario, hogar de cientos de especies de orquídeas, es también un espacio de resistencia cultural y ambiental. Allí, la cineasta trabaja junto a investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), como el profesor Joel Tupac Otero, cuyo estudio sobre abejas de orquídea y su simbiosis con las plantas ha sido clave en la conservación de la biodiversidad de Nariño.
Nariño como epicentro del documental
La decisión de rodar en Nariño no es casual. Este departamento, encrucijada de conflictos históricos y biodiversidad desbordante, se convierte en un microcosmos de las tensiones entre desarrollo, conservación y justicia social que atraviesan a Colombia. A través de los ojos de Mamá Juana, un personaje inspirado en lideresas indígenas, Orquídea teje una narrativa que explora cómo las comunidades locales enfrentan las amenazas de la minería, la deforestación y el desplazamiento forzado.
El profesor Otero destaca la importancia de La Planada no solo como un laboratorio natural, sino como un símbolo de resistencia. Sus estudios sobre la conexión entre el oso andino, las orquídeas y los ecosistemas locales inspiran una visión de equilibrio ecológico que el filme busca reflejar.
Arte, ciencia y política: un mensaje para el mundo
Emily Cohen Ibáñez, nacida en Estados Unidos pero con profundas raíces colombianas, ha dedicado este proyecto a honrar la resiliencia de su tierra ancestral. Con un enfoque narrativo que mezcla realismo mágico, documental y ficción, Orquídea no solo retrata la belleza de la biodiversidad, sino también las historias de lucha y esperanza que definen a las comunidades rurales.
El filme, cuya producción ha enfrentado retos logísticos y financieros durante más de tres años, busca trascender las fronteras del cine independiente. La meta de Emily y su equipo es no solo distribuir la película a nivel internacional, sino también llevarla de regreso a las comunidades que la inspiraron.
Nariño, la orquídea de Colombia
Al igual que la orquídea, Nariño es un ejemplo de adaptación y resistencia. Este departamento, marcado por la adversidad y el conflicto, encuentra en su riqueza natural y en sus comunidades un motivo para florecer. Orquídea, como película y como símbolo, se convierte en una invitación a reconocer ese potencial y a cuidar el equilibrio delicado entre los humanos y su entorno.
Con un estreno planeado para 2026, este documental promete ser una obra imprescindible, tanto para comprender las dinámicas ecológicas de Colombia como para reflexionar sobre el papel que todos jugamos en la conservación del planeta. Nariño, una vez más, se posiciona como un faro de esperanza y un testimonio de la resistencia que define a la nación.
Fuente: https://periodico.unal.edu.co/

