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Ofrecimiento del acto de graduación de la promoción 83 del Inem de Pasto con motivo de sus 40 años

Era el 4 de septiembre de 1977, hacía un sol radiante, los árboles se batían al ritmo del viento. El profesor Segundo Rosero Alomía intentaba atrapar en sus manos unas hojas blancas como palomas que el viento intentaba arrebatarle. Llamaba a formación uno a uno de los estudiantes que había aproba…

Anibal Arévalo Rosero·11 de julio de 2023·7 minutos de lectura
Ofrecimiento del acto de graduación de la promoción 83 del Inem de Pasto con motivo de sus 40 años

Era el 4 de septiembre de 1977, hacía un sol radiante, los árboles se batían al ritmo del viento. El profesor Segundo Rosero Alomía intentaba atrapar en sus manos unas hojas blancas como palomas que el viento intentaba arrebatarle. Llamaba a formación uno a uno de los estudiantes que había aprobado el examen de admisión, para distribuirlos entre las distintas secciones. Después el profesor Alomía (como le llamarían muchos), se presentó como director de Centro Docente Uno. Aún resuenan en mis oídos los llamados a lista del profesor Augusto Gelpud Rivera: Ágreda, Acosta, Arévalo, Benavides, Belalcázar, Carmona, Chamorro, Chaves, en una lista que remataba con Zambrano.

El primer día fue maravilloso: recorríamos el instituto de estribor a babor y de la popa a la proa, lo hacíamos todos en grupo como rebaño de ovejas, no nos desprendíamos por temor a perdernos. Estábamos fascinados de una institución tan bonita: nos sentábamos en la media torta; nos sorprendíamos con tantas canchas de baloncesto, cuando estábamos acostumbrados al clásico colegio de las aulas en un cuadrilátero y una envejecida cancha de baloncesto en el centro. El gimnasio con colchonetas, caballetes, cama elástica, trampolines, balones medicinales y una gran cantidad de equipos importados de los Estados Unidos. De igual manera, maquinaria de industrial importada, laboratorios y unas aulas con una iluminación que enamora.

En ese tiempo había un lote anexo al Inem, que le llamábamos la villa, donde se proyectaba construir la Villa Olímpica. Un buen día presentaron la maqueta de la villa olímpica que se proyectaba construir en el lote que los sábados y en las vacaciones jugábamos futbol. Al mirar la maqueta, unos grandotes de grado once exclamaron: ¡los que la van a disfrutar la villa son los de primero! Pues bien, pasaron años y años y la villa nunca se hizo realidad.

Era algo maravilloso llegar a un establecimiento educativo donde, uno de los mayores atractivos era que nos entregaban guías de contenido que nos obviaban los libros. Era un instituto al estilo americano. Más interesante se tornaba el momento cuando sabíamos que para cada clase cambiábamos de salón. Como borreguitos seguíamos al más grande para no perdernos. ¡Qué nostalgia nos producen esos momentos de nuestros primeros pasos en el Inem!

En ese año de 1977 se empezó a escuchar una canción que se inmortalizó y se quedó para las siguientes generaciones y las que vendrán, como Hotel California de Eagles. Junto a esta legendaria banda aparecieron los éxitos del grupo sueco Abba y Rod Stewar. Mientras que en el orden de las baladas latinas Miguel Gallardo se lamentaba que “Otro ocupa mi lugar” y Miguel Bosé en cambio se ganaba el suyo con “Linda”.

En el año 78 se vive fiebre del futbol con la Copa Mundial de la Fifa en Argentina, gauchito fue la mascota. Era el momento propicio para llenar las planillas de los jugadores de las selecciones participantes. Una de las láminas más difíciles de conseguir y que se conseguía hasta por doscientos pesos era la de Mario Kempes, quien resultó siendo el mejor jugador de la época. Nuestra afición por el futbol nos llevaba a hacer improvisadas canchas en el césped del barrio Capusigra o en un llanito del Inem. Mientras cambiábamos de clase pateábamos un balón porque por esos días transpirábamos sólo futbol.

Cómo no recordar que en el año 78 se popularizó la canción “Fiebre de Sábado por la noche”, es un ícono de los años 70. En la película aparece John Travolta con los característicos pantalones campana; pero también resalta la problemática social de la época como el machismo, la homofobia, y el racismo. Tampoco olvidó temas tabúes como el aborto, el consumo de drogas y la religión. Lo más llamativo son esos bailes icónicos de John Travolta y Olivia Newton John. Era común en aquel tiempo ver a los estudiantes del Inem cargando una grabadora al hombro y escuchando a todo volumen, ese clásico de “Fiebre de sábado por la noche”. Recuerdo que en el Inem se hacían concursos de baile de música disco, emulando a un musical que hacía Alfonso Lizarazo, por la época.

Muchos recordarán que en el año de 1979 cautivó a miles de personas el álbum de colección de los caramelos de “Amores es…” un álbum con figuras de hombre y mujer, en tonos pastel y asexuados. Tenían leyendas muy tiernas referentes al significado. El álbum de cromos incorporaba mensajes machistas para las niñas, como “ser muy feliz, aunque no tengas libertades”. Nuestras queridas compañeras recordaran el álbum de colección que salió por esa misma época y que se denominaba “Maga, Muñecas, Vísteme tú”. Lo que tenía de especial era que había que recortar los vestidos de las muñecas para vestirlas. En cuanto a canciones, se lanzó al mundo del espectáculo la canción “Tragedia”, interpretada por la banda británica Bee Gees, que se volvió muy discotequera, y que en Pasto todo el mundo la bailaba sacudiendo brazos y piernas, como títere al ritmo de la comedia.

El año 80 fue muy significativo para el mundo de las comunicaciones y la información con el descubrimiento del internet. Pero este año nos trae gratas recordaciones porque Rodolfo Aicardi publica la canción Colegiala que marca un hito en la música tropical, lo bailamos como si se fuese acabar el mundo, y nos seguiremos deleitando de las hermosas canciones al estilo de Rodolfo Aicardi, como si fuese la última gota del desierto. Fue un año de mucho esplendor para las artes. Fue un año de rebeldía, la gente vestía como quería, la forma de pensar, vestir, cantar, y expresarse que rompía todos los convencionalismos, un año lleno de color, formas exageradas y donde la libertad de expresión se expresaba en prendas de ropa, los peinados y el maquillaje.

Vendría el año de 1981 que marcaría el momento con una maravillosa canción del maestro Jairo Varela, Buenaventura y Caney, con la cual se lanza al estrellato internacional una gran orquesta, conformada con los músicos de la Afronda de Pasto, con un poeta como director: El grupo niche.

El año 82 nos invitaba a salir del letargo, pues muchos colombianos esperaban la paz tan anhelada. Fue un despertar con palomas blancas que el presidente Belisario Betancur pidiera a los artistas que pintaran en cuanta pared o muralla se encontrara abandonada. Por los lados de la música apareció Thriler, de Michael Jackson, que se convierte en un revelador tema por el singular estilo de bailar del cantante.

El año 83 nos trae recordaciones fuertes, por el gran impacto: Mientras nos entreteníamos a armar el cubo de Rubic que era la novedad por esos días, y mientras hacíamos alfabetización, nos preparábamos para las pruebas del Icfes, el servicio militar y todas las actividades propias del grado 11, ocurrió el terremoto de Popayán, en pleno jueves Santo; en una ciudad piadosa se consideró que era porque la gente se había dedicado a rumbear en lugar de orar; por eso era que se le llamaba Rumba Santa.

En un santiamén pasó lo que tenía que pasar: los amores furtivos, la música, el culillo de presentar un examen final de matemáticas o química. Hoy, 2 de julio de 1983, nos despedimos y las lágrimas hacen presencia sobre nuestras mejillas. Nos marchamos como en una diáspora judía. Gracias, profesor Segundo Rosero Alomía por sus sonrisas infantiles y sus bromas. Gracias, profesor Augusto Gelpud Rivera, por sus enseñanzas de inglés. Infinitas gracias a todos los maestros de vocación del Inem de Pasto. Prometemos venirlos a visitar cuando salgamos del batallón o cuando Dios nos dé licencia. ¡Prometemos volver!

 Llegaría el dos de julio, el día tan anhelado. Misión cumplida, han pasado seis años sin sentirse el tiempo. Todo fue en un abrir y cerrar de ojos. Ya nos graduamos como bachilleres, y ahora todo el mundo parte a buscar nuevos horizontes. Que Dios permita reunirnos cuando cumplamos cuarenta años.

Ahora no solo somos padres, algunos son abuelos, pensionados y otros gozan en la presencia de Dios. En un acto de gratitud con Dios elevamos nuestras manos, y pídanosle que nos de licencia para gozar de buena salud y encontrarnos el próximo año, y dentro de diez años, y hasta que el último sobreviviente de la promoción 83 del Inem de Pasto tenga suficientes fuerzas; así lo acompañe un tanque de oxígeno o una enfermera. Recuerden que antes nos reuníamos en el billar Tabaris, en el grill Romano o en el príncipe azul. Ahora el sitio de encuentro es la EPS, y solo hablamos cosas de adultos: la próstata, la cistitis, los pañales tena, la gota, la artritis, la artrosis, la presión arterial, la milanta, el acetaminofén, la astorvastatina y enalapril.

Gracias, compañeros, por hacer posible este maravilloso encuentro; gracias por brindarnos su bonita amistad que perdura en el tiempo. Bienaventurados sean los que celebran cuarenta años, porque de ellos será la fiesta de los cincuenta.

Amén.

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