En una ciudad como Pasto —donde la palabra todavía se calibra con el frío de la madrugada y la conversación tiene algo de rito—, hay trayectorias que se construyen lejos del ruido, pero terminan influyendo en cómo pensamos el país. Una de esas trayectorias es la de Mónica Eraso Jurado, docente y escritora de raíces nariñenses, que ha hecho de la investigación y la crítica cultural un modo de habitar el mundo: con rigor, con sensibilidad y, sobre todo, con una mirada incómoda ante lo establecido.
Nacida en Bogotá en 1979, Eraso se reconoce como una intelectual que no se encierra en una sola casilla. Es investigadora, docente y crítica cultural; doctora en Ciencias Humanas por la Universidad Nacional de Colombia, magíster en Estudios Culturales y también artista plástica. Su perfil, más que una lista de títulos, sugiere una manera de leer la realidad: moverse entre campos del saber, cruzar fronteras disciplinares y volver con preguntas que tocan lo social, lo estético y lo político.
Su obra escrita revela esa misma inquietud. Es autora de “De Morbis Venereis”, un trabajo que explora la construcción de categorías como raza y sexo desde narrativas médicas y coloniales. Y recientemente publicó “El dispositivo expositivo y la politicidad del arte en Colombia (1871–1899)”, en la colección del Centro de Estudios Sociales (CES) de la Universidad Nacional de Colombia, donde se adentra en el papel político de las exposiciones y las instituciones artísticas en un periodo clave para la formación cultural del país.
Pero quizá el hilo más poderoso de su trabajo está en los temas que decide habitar: prácticas artísticas disidentes, cuerpo, feminismos y teorías y prácticas de descolonización. Son asuntos que no se abordan desde la comodidad, sino desde la pregunta persistente: ¿quién define lo visible?, ¿qué cuerpos importan?, ¿qué historias se legitiman como conocimiento?
Eraso ha descrito su manera de estar en el mundo con una imagen precisa: la de un “anfibio”, capaz de moverse entre territorios distintos. Y su método —dice— está hecho de resbalón, deslizamiento y búsqueda de agarre: una forma de pensar que no presume certezas, sino que se atreve a caminar por los bordes, por los márgenes, por lo que a veces se considera “menor” o “incómodo”, hasta encontrar sentido.
En tiempos donde la discusión pública suele simplificarse en consignas, el perfil de esta docente y escritora de raíces nariñenses recuerda algo esencial: la cultura también es un campo de disputa, y la investigación —cuando se hace con valentía— puede convertirse en una manera de defender la complejidad del mundo. Mónica Eraso Jurado no solo escribe: interroga, desarma, reordena. Y en ese gesto, abre caminos para nuevas lecturas de Colombia, desde el arte, el cuerpo y la historia.

