domingo, 26 de julio de 2026
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«Memorias de una Silla Vacía», un ejercicio más allá de la resistencia

Con motivo de la presentación este 4 de mayo en la Feria Intrnacional del libro de Bogotá, Filbo, de la novela “Memorias de una silla vacía “, del escritor Arturo Prado Lima, la periodista Rocío Belalcázar Lambert nos entrega una de las primeras impresiones sobre este libro. Rocío Belalcázar Lamb…

Columnista Invitado·4 de mayo de 2025·7 minutos de lectura
«Memorias de una Silla Vacía», un ejercicio más allá de la resistencia

Con motivo de la presentación este 4 de mayo en la Feria Intrnacional del libro de Bogotá, Filbo, de la novela “Memorias de una silla vacía “, del escritor Arturo Prado Lima, la periodista Rocío Belalcázar Lambert nos entrega una de las primeras impresiones sobre este libro.

Rocío Belalcázar Lambert

En los campos de batalla hay rumores inéditos de vida mientras la sangre fluye como lamento y también como promesa. Es en estos espacios donde se desarrollan los acontecimientos bélicos que Arturo Prado Lima plasma en su novela «Memorias de una silla vacía». Dos Estados, uno “legal”, y el otro clandestino, libran una guerra civil que supera el medio siglo sin que haya un ganador a la vista. Este título evoca la presencia de alguien que aún no llega u otra que ya se ha ido, según el mismo autor. Un vacío donde falta el diálogo, la resiliencia, el reconocimiento del otro y, por tanto, la imposibilidad de la paz y la justicia. Al igual que el coronel Aureliano Buendía perdió sus 32 guerras civiles antes de comenzarlas, los hombres y mujeres que han organizado alzamientos armados duraderos, con el peso del mundo sobre sus hombros, enfrentan sus múltiples triunfos y derrotas no solo en el campo de combate, sino también en el laberinto emocional que es la existencia misma.

La novela se desarrolla en un escenario marcado por el eco de los fusiles, pero también por risas y susurros de amor. Es la condición humana. El ejército clandestino que Prado Lima pinta no solo es un contingente armado; es una colectividad que busca su identidad en medio de la borrasca. En esta área, la conflagración se convierte en refugio, en un lugar donde los deseos y emociones se entrelazan con la ideología, constituyendo un tapiz complejo que dibuja la realidad de un país en conflicto permanente. Aquí, el amor florece en medio de la pólvora y la desesperanza, revelando el aspecto humano en un contexto de barbarie.

El autor colombiano, que vive en España desde hace muchos años, ha tomado la distancia necesaria para escribir no como un espectador ajeno, sino como un observador activo que siente vibrar bajo sus pies su pasado reciente. Esta perspectiva le permite narrar sin las sombras de la simplificación. Las memorias expuestas son irregulares, como la propia guerra; no hay espacio para la perfección literaria en un territorio donde la realidad se desdibuja entre el desconcierto y la ilegalidad. Así, los personajes se convierten en seres complejos, llenos de contradicciones y dualidades; en sus almas habita el miedo y la traición, pero también la esperanza y el amor.

A través de sus recuerdos y nostalgias, miedos y esperanzas, Prado Lima nos sumerge en las entrañas de una tropa, donde cada cual lleva consigo una historia y un sueño blindado por sus anhelos de libertad. En medio de los disparos, hay momentos de ternura, recordatorios de que, aun en la adversidad, la humanidad permanece. El amor se convierte en un acto de resistencia donde cultivar sus más refinadas esperanzas. Un momento en el camino que, aunque repleto de temores, también ofrece fragancias de flores silvestres que brotan entre las grietas del dolor.

La sutileza de abordar el poder en todas sus complejidades es otro tema que Prado Lima aborda con astucia. Ninguno de los dos Estados posee el monopolio de la fuerza; es un rompecabezas de poderes desbordantes. El narcotráfico, la delincuencia organizada y la corrupción son los monstruos que acechan en las sombras, dispuestos a desestabilizar cualquier intento de paz. En este escenario, las líneas entre el bien y el mal se desdibujan. No hay héroes ni villanos absolutos, solo hombres y mujeres que luchan por sobrevivir en un sistema que los margina.

Esta historia es irregulare. Lo advierte el protagonista a manera de epígrafe. Las memorias son irregulares, porque la guerra misma lo es. En ella no hay espacio para la planificación inmediata y el tiempo se convierte en un concepto quebradizo y elástico. Las fronteras de este país clandestino se estiran o encogen según las condiciones de lucha, reflejo del caos interno que define no solo una disputa armada clandestina, sino la búsqueda ferviente de la liberación. ¿Es posible encontrar el equilibrio entre la paz y la guerra? Es la pregunta que resuena entre los personajes, una búsqueda constante que se siente palpable en cada página.

Prado Lima nos demuestra una capacidad lúcida y creíble en la interpretación y gestión de las emociones que se generan en medio de las batallas, pues son condición básica que pueden marcar la diferencia entre la victoria y la capitulación. El deseo de conquistar un futuro sin guerras es el alimento diario que los mantiene alertas. Cada acción contra el enemigo se convierte en un testimonio de lucha por la vida, por la independencia, por un lugar en este vasto universo. La guerra puede ser un campo de batalla, pero también un crisol donde se forjan las esperanzas más profundas.

Prado Lima busca la memoria de las guerras con un bisturí en mano. Con él abre las espesas capas de la realidad y se sumerge en las venas de las luchas de un pueblo que se niega a ser borrado de la geografía humana de la que es protagonista. En este sentido, “Memorias de una silla vacía” es un acto de resistencia cultural. No es la memoria oficial que refleja la historia que conocemos comúnmente en nuestra formación académica. Esta es una consigna, si se quiere, a luchar por la libertad del ser humano. En las páginas de este libro, encontramos la historia de la sublevación de un pueblo en contra de la neocolonización formativa de nuestra memoria común.

Cada intento de diálogo por la paz deja una silla vacía en la mesa de negociaciones. Un vacío que se extiende y se agudiza cada vez más, mostrando la trágica evidencia de que la guerra no ha terminado; es solo un capítulo más, una historia que sigue escribiéndose. Y la pregunta es: ¿Quién se sienta primero en esa silla vacía y aboga, ahora sí, por un futuro donde la guerra finalmente sea solo un recuerdo lejano? ¿Hace falta vaciar todo? ¿Hay algunos elementos que nos permitan reconstruir nuestra historia, nuestra economía, nuestra cultura, nuestra fe en el porvenir? Leer «Memorias de una silla vacía» es iniciar un viaje íntimo a través de la memoria colectiva de las luchas. Es descubrir que la guerra puede desgastar las generaciones que las viven, pero nunca podrá despojarlas de sus sueños de libertad. Este relato, que no se adhiere a las normas estrictas de la literatura, se convierte en un grito de existencia, un testimonio de lo que significa ser un ser humano en un mundo en guerra.

Y otra pregunta. ¿Qué significa realmente la libertad en un mundo donde la guerra parece ser la norma? En las páginas de esta gran novela, panfleto, ensayo o poesía, como la quiera llamar, no va a encontrar la respuesta, puesto que es un manifiesto sobre el descubrimiento de uno mismo en la lucha interminable, e irregular, de los protagonistas por el amor y la libertad. En el viaje de la lectura, sin embargo, hay señales de respuestas en medio de la tormenta, aunque “Quien las lea, no va a encontrar la historia del país que fundé y goberné, sino todo lo contrario, lo que le falta a esta historia para que esté completa”, dice el protagonista en su epígrafe, invitando al lector a ser coautor de la misma. Esta obra literaria se convierte, así, en una efigie conmovedora de la vida, donde cada batalla, por pequeña que sea, se transforma en un paso hacia la reconstrucción de un futuro en paz. En un mundo donde tantos luchan por el poder, Arturo Prado Lima nos recuerda que la verdadera victoria radica en la capacidad de amar y de soñar, incluso cuando todo parece perdido.

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