Por Tirso Benavides Benavides
Leonardo Padura es, sin duda, uno de los escritores cubanos contemporáneos más reconocidos. Su obra de ficción lo ha hecho merecedor de premios como el Princesa de Asturias y el Premio Nacional de Literatura en su isla natal. Además, como muchos otros literatos ha ejercido el periodismo, oficio del que surgen títulos como Los Rostros de la Salsa, un libro con banda sonora, que en sus últimas páginas incluye una discografía salsera básica, con canciones que inevitablemente se vienen a la mente del lector a medida que avanza en el texto.
Esta obra la conforman una serie de entrevistas con algunos de los protagonistas del boom de este ritmo que se hizo popular a escala mundial, traspasando las fronteras caribeñas, en donde surgen sus raíces y sus principales exponentes.
Publicado originalmente en 1997 fue reeditado en 2019, una versión actualizada en la que a través de la voz de importantes intérpretes, compositores y figuras claves de la escena musical se narra la historia de la salsa desde sus orígenes, en los años sesenta, en los barrios latinos de New York, su ascenso en las décadas siguientes y su decadencia finalizando los noventa, cuando la falta de innovación y la hegemonía de productos comerciales de molde, como la monótona salsa romántica, causaron la pérdida de interés en el público, dejando libre el espacio al hoy omnipresente reguetón, cuyo reinado según el autor “es una consecuencia” de esta involución salsera.
Entre los testimonios recopilados se destacan los que aportan figuras como Israel “Cachao” López el legendario bajista cubano considerado uno de los creadores del mambo, ritmo que tiene una marcada influencia en la salsa; Mario Bauzá uno de los pioneros en fusionar los sonidos cubanos con el jazz, sin que se considerara un salsero; Juan Formell, director de Los Van Van, orquesta clave para entender la evolución de la música caribeña, al igual que La Sonora Ponceña de Papo Lucca.
De tiempos más recientes aparecen Johnny Pacheco, el músico y productor que fundó La Fania, protagonista del fenómeno de la salsa como un producto cultural y comercial; Willie Colón y su trombón, neoyorquino de raíces boricuas quien contribuyó a configurar los sonidos iniciales y la identidad de este ritmo; y Rubén Blades, creador de la “salsa consciente” caracterizada por sus letras con contenido social.
Padura también da cabida a otros ritmos como el merengue, explorando la relación de la salsa con otros géneros de la región. Para ello recurre a Wilfrido Vargas el dominicano que popularizó esta música fácil de bailar e infaltable en las fiestas y a Juan Luis Guerra, músico con formación académica quien ha recorrido los grandes escenarios del mundo con sus merengues y bachatas.
De Colombia se resaltan los aportes del grupo Niche, de Guayacán y del Joe Arroyo, que consolidaron a Cali y Barranquilla como las capitales salseras del país, sin ser las únicas en donde se disfruta. Basta ver la acogida que tiene en “San Juan de Pastorico”.
Este libro no es una simple historia musical, es una reconstrucción coral que se adentra en debates como si es la salsa un género propio o es solo una variación de la música cubana y su mercantilización como sinónimo de éxito y a la vez como causa del agotamiento de este movimiento cultural y social que marcó la identidad de toda una región.
Con una prosa fresca y atinada, como nos tiene acostumbrado en sus novelas policiales de Mario Conde y con la profundidad y el rigor de novelas históricas como El Hombre que Amaba a los Perros, Padura nos entrega estas páginas cargadas de ritmo y sabor. Un libro para leer y tararear.

