Crecimos escuchando a Leo Dan en los viejos acetatos de nuestros hermanos mayores. Su voz inundaba la casa con sus tonalidades sencillas, rítmicas y pegajosas que le cantaban al amor, la felicidad y a todo tipo de anhelos anidados en nuestros corazones jóvenes y enamorados.
En la década de los 60 se inicia su leyenda con canciones sencillas, llenas de emoción y siempre en busca de acercar corazones.
Infaltable su voz en las citas románticas, pues sus mensajes nos permitían expresar todo ese sentir que tímidamente se albergaba en esos corazones tristes, jóvenes, rebosantes de amor y de profunda emoción.
Conservo muchos de sus discos y acetatos, hoy se convierten en una verdadera reliquia y un tesoro que nos permite recorrer el tiempo hacia atrás para permitirnos recordar tantas miradas, tantas palabras, tantas emociones que vivimos escuchando y compartiendo sus letras y mensajes.
Leo Dan logró penetrar el sentimiento popular con frases y palabras que el pueblo siempre hizo suyas y las cantaba con tanta espontaneidad. En su voz se hicieron posible tantas palabras que permitieron el surgimiento de encuentros, afectos y compromisos.
Hoy le decimos adiós, con un sentido gracias, con unas lágrimas que se agolpan en nuestro sentimiento. Comparto esta tristeza y se que no soy el único que siente esta profunda nostalgia de despedir a un ídolo que enmarcó una época de amor y juventud.
Se va alguien que fue nuestro, que lo hicimos de todos y que supo interpretar a la perfección esa necesidad de decir a nuestros seres queridos que son únicos e irreemplazable.
Nos quedan sus canciones, los recuerdos de tiempos idos y de momentos inolvidables junto a esos seres de ensueño que viven en cada latido de nuestro corazón.

