Por: Armando Rosero
Politólogo
Especialista y Magíster en Planeación Urbana y Regional.
Se ha vuelto costumbre pedir al gobierno de turno, bajo el título “reivindicaciones”, el mismo conjunto de proyectos estratégicos que presuntamente necesita el departamento de Nariño para transformar su estructura socio-productiva y así mejorar sus niveles de competitividad a nivel nacional e internacional:
- La doble calzada Pasto – Popayán, que incluye la variante Timbío – El Estaquillo.
- La vía San Francisco Mocoa.
- La optimización/mejoramiento/construcción del Puerto de Tumaco.
- La construcción del Poliducto.
- La mejora de los aeropuertos y aeródromos.
- La necesidad de agroindustrializar al departamento.
- La vía Espriella – Mataje (construida, pero sin entrar en operación)
- La doble calzada Pasto – Rumichaca (gran parte construida).
Parece evidente utilizar esta lista de demandas incumplidas y proyectos inconclusos en todo diálogo político con el gobierno nacional – indistintamente de quien sea el Presidente de la República- como requisitos indispensables para el desarrollo de Nariño y mecanismo para insertar al departamento en las prioridades de la Nación, como puede observarse al revisar los Planes de Desarrollo del gobierno Santos (2014 – 2018), Duque (2018 – 2022) y seguramente del gobierno Petro (2022 -2026).
Sin embargo, es el momento que las autoridades de Nariño asuman su compromiso y responsabilidad con el territorio y eso solo se ve con recursos de inversión. Más allá de las posiciones, pasiones y preferencias políticas, el momento actual deja en evidencia algunas situaciones que merecen ser mencionadas.
- La persistencia de un modelo asistencialista en las relaciones políticas y productivas del departamento frente a la nación. Sorprende ver cómo a través de redes sociales y comunicados oficiales, la dirigencia política, los partidos, los empresarios, gremios y periodistas redactan pliegos de peticiones y comunicados, solicitando al gobierno nacional acciones inmediatas para conjurar la crisis y los tradicionales proyectos de inversión previamente nombrados, sin propuestas ni mención sobre estrategias financiadas con recursos de la gobernación o de alguna de las 64 alcaldías que componen al departamento. Al parecer, la capacidad de financiación se limita a la nación y supera la responsabilidad de las autoridades del departamento.
- La suplantación de funciones y competencias. La unidad regional es importante para la gestión de recursos y la mediación con los ministerios. No obstante, brillan por su ausencia la presentación de proyectos de ley que permitan generar un plan de estímulos a la inversión e incentivos tributarios de largo plazo en el departamento. En este sentido, el llamado es a construir una agenda de desarrollo diversificada, en donde las ramas del poder público se apliquen en sus funciones y competencias; los congresistas de Nariño se dediquen a legislar en favor del departamento, el gobernador y los alcaldes se coordinen, formulen y financien proyectos de desarrollo subregional y regional. La improvisación en las decisiones de gobierno y la politización de los recursos se volvió convencional dentro de la gestión pública en el departamento, como se evidencia al revisar la persistente desconexión e insostenibilidad de los proyectos de inversión pública financiados por los recursos de regalías en los últimos años.
- El predominio de las redes sociales sobre la cultura de la planeación estratégica de largo plazo. El afán de mostrar logros inmediatos a los seguidores de redes sociales y no a la ciudadanía de Nariño impide la construcción de una agenda de desarrollo sólida y de largo plazo. Proliferan las fotos y los mensajes en redes de encuentros con ministros, viceministros, directores y personalidades que, se convierten en anécdotas y stories. Es necesario fortalecer la unidad regional en torno a proyectos concretos y estructurados, serios y que afecten las vidas de todos los nariñenses. Es indispensable gobernar en función de los resultados y no de likes o retweets de sus propias audiencias.
- El exceso de comisiones y mesas de trabajo que terminan en la formulación de diagnósticos con los mismos contenidos. Existe una evidente pérdida de credibilidad desde la ciudadanía en torno a este tipo de espacios. La inexistencia de resultados concretos explica esta situación.
- La incapacidad de generar un mayor volumen de recursos propios y de captar recursos privados de inversión. No contamos con alternativas jurídicas que nos permitan fortalecer las finanzas municipales y departamentales. Tampoco tenemos una estrategia de captación de inversiones que apueste por el departamento. Los recursos públicos y las inversiones del gobierno nacional no son suficientes. Se requiere de un sector privado diversificado y externo que permita generar las condiciones de cambio en un territorio donde la politiquería, clientelismo y mezquindad de empresarios de la clase política tradicional, anda rampante.
- La ausencia de proyectos que incidan de forma directa en la agroindustrialización del departamento. Los proyectos presentados relegan a un segundo plano las necesidades propias del departamento. Las infraestructuras son importantes, pero no suficientes para la transformación económica. No se puede exportar un kilómetro de vía y no podemos consolidar una oferta de bienes competitiva sino producimos y agregamos valor a nuestras mercancías. Es indispensable financiar los proyectos del departamento sin mezquindades y cálculos políticos.
En ese marco, propongo incluir apuestas movilizadoras para estructurar, financiar o cofinanciar -con recursos propios, de regalías y de cooperación de las entidades territoriales del departamento- que superen las peticiones anacrónicas y empolvadas. Por qué no pensar en la construcción del astillero para la creación de la flota pesquera y de cabotaje del Pacifico colombiano en Tumaco, fundar un centro náutico y pesquero, construir el centro agroindustrial para los productores de papa, un complejo industrial de semillas, una planta productora de concentrado y una mezcladora de fertilizantes, o el desarrollo de un clúster metalmecánico o iniciativas que permita la producción industrial de partes y accesorios para la agricultura.
El debate de los aspirantes a la gobernación y a la alcaldía debería centrarse en las apuestas de desarrollo para Nariño, definiendo los recursos y fuentes de inversión según sus competencias y responsabilidades. De no ser así continuaremos otros 20 años de subordinación y atraso en nuestro territorio.
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