Por Nina Portacio.
Una tradición de los Judíos durante el Imperio Romano que trascendió fronteras, épocas y Siglos. Desde las Asambleas del Sanedrín y los Jolgorios Romanos que se respetaban en sus tradiciones y creencias más no en su gobernabilidad. Porque si era necesario se enfrentaban u opacaban entre ellos por sus formas diferentes de ver el mundo y de afrontar la fe o el hecho de ser disolutos y ateos, con tal de mantener su imperio o el orden jerárquico de poderes desde entonces hasta nuestros tiempos.
En la actualidad, cada persona es libre de creer en lo que sea de su gusto espiritual y por su libre albedrío. Pero en cualquier creencia existe algo que no cambia: la fe.
Escribir sobre fe en un mundo donde prima todo menos lo espiritual, es como salir a mirar Estrellas en el firmamento con la convicción de que siempre verás una señal Divina. Improbable pero posible, si decides creer. La fe es una acción personal, pero está en todas partes.
Los guías espirituales son diversos y están a lo largo y ancho del mundo. Muchos de ellos practican diferentes religiones, diferentes creencias o amplias y diversas formas de Espiritualidad. La Argentina Gaby Herbstein hizo un recorrido fascinante en este sentido y lo documento de forma magistral: “Creer para Ver”. En ese documental ella nos invitó a recorrer pensamientos luminosos, filosofías y credos alrededor del mundo con los mayores líderes espirituales; un viaje que surgió a raíz de un sueño convertido en su propósito personal: Un viaje de revelación extraordinario.
Para los católicos, Jesús, fue y sigue siendo un líder espiritual en sí mismo. Y eso no tiene discusión. Lo que se haya cuestionado alrededor de su existencia y de su Santidad o Deidad e incluso sobre su capacidad de hacer milagros es un temática diferente. Pero durante su liderazgo espiritual, Jesús partió la historia del mundo en dos tiempos: un tiempo Antes de Cristo (A.C.) y un tiempo Después de Cristo (D.C.). No hay duda de eso. Ningún otro guía espiritual ha logrado tal hazaña en el campo de la fe, en todo el mundo. Ninguno. Y fue tal su capacidad de liderar a nivel espiritual que su palabra y su obra durante su permanencia en la tierra prevalecen hasta nuestros días. No lo digo yo. Está documentado en todos los niveles y en muchos contextos.
Su historia y legado espiritual forman parte de la fe católica que trasciende continentes con tres caminos de peregrinación reconocidos: el camino de los Romarios, el camino de los Palmeiros y el camino de los Peregrinos de Compostela, sumado a todas las iglesias Católicas alrededor del globo terráqueo que son visitadas por fieles y creyentes de todo el mundo. A pesar de que Jesús nació en Belén en las colinas de Judea al Sur de Jerusalén debido a un desplazamiento del grupo familiar, condicionado por temas de registro o empadronamiento de la época. En Belén fue visitado por tres Reyes siguiendo una Estrella que los guió a destino. Unos dos o tres años después José y María regresaron al lugar de origen y fue así como Jesús creció en Nazaret cerca al Mar de Galilea por lo que fue llamado El Nazareno.
Fotografía: Carlos Arcos
En algún momento de su vida espiritual y ya en ejercicio de la predicación con sus seguidores, Jesús de Belén criado en Nazaret avanzó entre palmas a Jerusalén para la Pascua. No era Romano. Fue un Judio que creció en la cultura y religión de Judea del Siglo I. Esa espiritualidad y costumbre religiosa prevalece, de alguna forma, durante la Semana Santa no sólo en Roma sino en muchos otros países incluido países de América del Sur que fueron colonizados por Conquistadores de Europa. De allá de las colinas de Judea viene esta influencia y tal credo que dio origen al Cristianismo. Porque JesuCristo no vivió en América ni en Colombia, pero su espiritualidad y verbo peregrinaron a través del tiempo de los tiempos.
Llegados a este punto podemos observar que la religión tiene mucho que ver con el hombre y la conquista de territorios por colonización y poder. Es indiscutible. Pero no escribo sobre gobiernos ni sobre religión. Yo estoy escribiendo sobre espiritualidad; aquello que prevalece más allá de los imperios, de las naciones, de los territorios, de las fronteras, de las conquistas y colonizaciones, de la fusión de costumbres, creencias y pensamientos transmitidos a través de los Siglos.
Escribo sobre algo más sublime.
Aquel tejido invisible que conecta con el Universo y con toda la creación.
Escribo también sobre fe.
Y sobre todas las cualidades que requiere ser un gran líder Espiritual, que es un liderazgo mucho más complejo que cualquier otro liderazgo conocido.
La fe es cerrar los ojos y creer posible lo imposible.
Y no solo creerlo sino visualizarlo como un hecho, antes de que se haga realidad.
La Espiritualidad es un camino de muchos otros tantos caminos…
La luz del mundo.
Pero es personal y respetable en extremo.
Por fortuna, en pleno Siglo XXI somos libres de elegir qué tan espirituales queremos ser. Y esa decisión tan simple como contundente, lo cambia todo. No se trata de que creas en lo mismo que creen otros. ¡No! Tampoco se trata de convencer a alguien para que crea en lo mismo que tú crees o de invalidar o ridiculizar su creencia por no ser igual a la tuya.
Creer o no creer en algo tan profundo y dejar todo atrás es una decisión individual. Es una elección consciente. Sin embargo, se trata de que decidas lo que decidas creer; tu fe en ello debe ser inquebrantable y tan asceta o tan cercana a la esencia del Espíritu del Nazareno, de tal manera que no quede duda sobre tu elección hasta el día de tu muerte.
Estos días Santos logren ser vividos como un espacio de reflexión para todos los creyentes.
¡FELICES PASCUAS!

