Por: Jefferson Sánchez Cifuentes.
En la geografía íntima del Pacífico, donde la lluvia escribe su propio alfabeto sobre los techos y el mar pronuncia salmos de espuma, la palabra volvió a erigirse como refugio y trinchera.
La celebración del octavo aniversario del Colectivo Cultural y Literario “La Marea Literaria del Pacífico” no fue un simple acto conmemorativo: fue una liturgia de la memoria, una insurrección estética contra el olvido.
La Casa de la Cultura de Tumaco se convirtió en un útero simbólico donde germinaron ideas, metáforas y preguntas. Más de 150 almas entre estudiantes, educadores y ciudadanos sedientos de sentido acudieron como quien asiste a un llamado ancestral: el de la palabra que cura, el de la literatura que no adorna, sino que revela.
Desde la ciudad de Cali llegaron los escritores Óscar Seidel Morales y Félix Domingo Cabezas Prado, portadores de una pedagogía que no se limita al aula, sino que se expande como río desbordado hacia la sensibilidad. Sus ponencias tejieron una mixtura fecunda entre el rigor académico y la pulsión literaria, recordándonos que enseñar también es narrar, y que narrar es, en esencia, un acto de resistencia.
La jornada, orquestada por la Universidad Nacional de Colombia Sede Tumaco, la Secretaría de Educación de Tumaco, a través de la Biblioteca Municipal Piedad Ayora de Quiñones, la Fundación Naidi y el propio colectivo, se erigió como una alianza de voluntades donde la institucionalidad y la pasión independiente encontraron un punto de confluencia: la defensa del espíritu humano a través de la palabra.
Ocho años. Ocho ciclos de luna literaria. Ocho travesías por ciudades de Colombia llevando un mensaje que no pretende imponer, sino reconciliar. Porque en territorios históricamente heridos, la literatura no es un lujo: es un acto de sanación colectiva. Cada verso, cada cuento, cada ensayo es una semilla sembrada en la tierra movediza de la esperanza.
En el corazón del evento se evocaron nombres que ya son constelaciones en este firmamento cultural: Medardo Arias Satizábal, Óscar Seidel Morales, Fabio Martínez y William Vega Fernández, cofundadores cuya presencia inaugural en la Perla del Pacífico no fue un hecho anecdótico, sino fundacional. Llegaron como quien siembra, y hoy la cosecha se manifiesta en lectores, en voces jóvenes, en pensamiento crítico.
El colectivo, impulsado por la visión de José “Chepito” Carabalí y quien suscribe estas líneas, ha entendido que la literatura no debe permanecer encerrada en los anaqueles del privilegio. Por el contrario, debe salir al encuentro de la comunidad, respirar el aire salobre de Tumaco, escuchar sus silencios y traducirlos en lenguaje.
“La Marea Literaria del Pacífico” no es solo un nombre: es una metáfora viva. Como toda marea, avanza y retrocede, pero nunca desaparece. Insiste. Persiste. Y en su vaivén, va puliendo las piedras ásperas de la indiferencia hasta convertirlas en conciencia.
En tiempos donde el ruido amenaza con desplazar al pensamiento, este esaniversario se alzó como un faro. Un recordatorio de que la palabra, cuando es honesta y profunda, no solo describe el mundo: lo transforma

