Las ciencias humanas por razón de su objeto de estudio deben hacer tomar conciencia de la realidad social; la historia en particular es por esencia de carácter formativo, porque su objeto se centra en lo que el hombre hace. En la docencia la validez de la enseñanza de la historia no está en ser portadora del recuerdo del pasado, sino, ante todo, en ser capaz de volver conscientes las actitudes humanas, dispuestas a transformar la realidad social.
Desde las ciencias humanas, es necesario hablar de la verdad, como resultado de consultas e investigación científica, que desvirtúen narrativas que presentan a los imperios y a los poderosos como defensores de los pobres, que ocultan la violencia organizada, el saqueo sistemático, la explotación de los pueblos, la mentira y el engaño institucionalizado, la codicia sin límites y la manipulación mediática como estrategia política.
El desafío es construir una mentalidad emancipadora que rompa con el círculo del miedo, la codicia y la mentira; derrotar cada palabra, cada imagen, cada relato, que se han empleado como armas de dominación; como dice el mexicano, Fernando Buen Abad Domínguez, quien ha publicado más de 17 libros: “No más miedo sino solidaridad. No más saqueo sino justicia. No más engaño sino verdad organizada. Necesitamos de un nuevo humanismo de paz”
Una problemática de hoy, es el poco conocimiento de la historia. En su enseñanza se continúa apartándola de la verdad, convirtiéndola en instrumento de manipulación de conciencias al caer generalmente en:
El subjetivismo. Cuando la historia no se explica ni se entiende en sus connotaciones reales, sino que se desvía según las inclinaciones del “historiador”.
La apología. Cuando se hace alabanza inmerecida a personajes, hechos o teorías.
La diatriba. Cuando se utiliza la injuria, el insulto, se minimiza y forma juicios de valor negativos contra determinados personajes.
El victimismo. Cuando se recurre a episodios tragicómicos de la vida, para denigrar de un personaje.
La politiquería. Cuando se enaltece intereses particulares, en detrimento de los contrarios.
El economicismo. Cuando se exagera la importancia económica, para explicar las causas determinantes e influyentes del proceso histórico, olvidando el papel que juegan las esferas jurídico-políticas e ideológicas de la sociedad, que influyen e intervienen en el proceso histórico.
La parcialidad. Cuando sólo se presenta algunos de los puntos del conjunto total del fenómeno, hecho o personaje analizado, dejando incompleto el análisis; por tanto, carece de confiabilidad.
Hace falta mayor manejo de las diferentes corrientes de pensamiento que, en la actualidad, de alguna manera, ejercen influencia ideológica y falsean el conocimiento científico de la sociedad, lo cual, hace que el profesor sostenga conceptos eclécticos y ambiguos sobre determinada temática; es necesario fijar posición sobre las distintas escuelas del pensamiento que influyen en el manejo y explicación de la historia, porque hay enfoques que niegan la posibilidad del conocimiento objetivo de los hechos o la verdad; se sostiene que el valor de una teoría científica se determina no por el grado en que ella refleja correctamente la realidad, sino sólo por la utilidad o ventaja que dicha teoría comporta en tal o cual caso concreto. Se parte como punto de partida, de la negación de la realidad objetiva; que fuera de nosotros no existen objetos sino determinado material indefinido, estructurado de una u otra forma por nosotros; la realidad es algo plástico y deforme no sometida a leyes objetivas.
También se rinde culto al documento histórico, como fuente de carácter probatorio, cayendo en una interpretación contemplativa de lo que aporta el documento.
Se pregona el ‘fin de la historia’, al sostener que el modelo actual, es el último modelo de desarrollo posible y, en consecuencia, ataca ideologías liberadoras, la lucha política, ideológica y económica de las clases sociales, negando las contradicciones que se agudizan en el campo y la ciudad.
Frente a las anteriores consideraciones, se reivindica la metodología de la estructura del todo social, el cual sostiene que, el cambio histórico está impulsado por las condiciones materiales y los conflictos entre las diferentes clases sociales; tiene como fundamento el materialismo histórico, para explicar que la razón de ser de los fenómenos sociales y las leyes que desatan y relacionan los sucesos históricos, las causas iniciales que motivan las acciones de los hombres, el papel de las masas y de los individuos, son las bases para la periodización y la comprensión de las formaciones económicas-sociales; es decir, da instrumentos conceptuales para la producción del conocimiento social.
El libro “Fundamentos para la interpretación objetiva de la historia”, es una contribución al estudio de los elementos teórico-metodológicos para la enseñanza de la asignatura que tiene mucho que ver en la formación de la juventud. La intención es contribuir en el cambio del enfoque tradicional de la enseñanza de la historia, para generar cambios de actitudes y de mentalidad en los docentes, en los estudiantes y juventudes, conducentes a entender y transformar la sociedad. Su utilidad social va más allá del simple conocimiento del pasado. Su estudio e investigación debe servir para la transformación positiva de la sociedad.
En el capítulo 1, se plantea los antecedentes de la educación y de los estudios sociales en Colombia, desde los pueblos originarios con sus valores, su ética y su moral correspondiente, que fueron trastocadas con el dominio español al traer consigo la imposición de nuevas creencias, valores y formas de vida; ello generó una pérdida de identidad cultural y una disminución de la práctica de las costumbres ancestrales. Se hace un recorrido hasta el siglo XXI, respecto a los objetivos del Estado en la enseñanza de la historia, las ciencias sociales y su ruptura con otros enfoques de carácter científico.
En el capítulo 2, se divulga el “Diagnóstico acerca de la enseñanza de la historia, elaborado por la Comisión Asesora para la Enseñanza de la Historia de Colombia”, como órgano consultivo del Ministerio de Educación Nacional, para formular recomendaciones sobre la actualización de los lineamientos curriculares del área de Ciencias Sociales atendiendo al objeto y objetivos de la Ley 1874 de 2017. Se plantea cómo se ha enfocado, hasta ahora la historia, teniendo en cuenta las necesidades del país y de las regiones; la problemática laboral de los docentes en servicio y sus vacíos conceptuales; las limitaciones y necesidades de las instituciones de formación de docentes, en cuanto a dotaciones e infraestructuras, para garantizar el uso de diversos recursos didácticos; se hace énfasis en la necesidad de un plan de preparación y formación teórica de los docentes y el sentido formativo de la historia, al señalar que su enseñanza continúa con un enfoque idealista y tradicionalista, al preferir, ante todo, la narración, la descripción y lo libresco, sin cumplir con su función formativa de los estudiantes; se cursa la historia como una materia de segundo orden frente a otras asignaturas.
En el capítulo 3, se conceptualiza las diferentes “Corrientes de pensamiento para abordar el estudio de la enseñanza de la historia” como: materialismo histórico, pragmatismo, positivismo, neopositivismo, funcionalismo, fenomenología, Escuela de los Annales, posmodernidad; ya que, la concepción filosófica que el profesor tenga sobre la naturaleza y la sociedad, incide en la enseñanza de la historia y de ello depende la orientación correspondiente en la formación que el estudiante recibe; es decir, según la concepción adoptada se forma a los estudiantes con una conciencia crítica, analítica o con una conciencia pasiva y receptiva; se da razones acerca del porqué el materialismo histórico es la mejor metodología para el estudio de la Historia.
En el capítulo 4, se desarrolla la corriente de pensamiento del materialismo histórico, como metodología que orienta la enseñanza de la historia desde el punto de vista teórico con el fin de proporcionar un manejo científico en los contenidos, el enfoque, la interpretación, la periodización, el método y las formas de enseñanza. En ese sentido, se hacen consideraciones de carácter económico, filosófico, dialéctico para darle herramientas teórico- conceptuales al docente.
En el capítulo 5, “Historia y compromiso social”, se hace una revisión acerca del para qué se enseña la Historia en el sistema escolar; un debate candente desde las creencias, la ciencia y los intereses sociales; se hace una revisión bibliográfica sobre una enseñanza orientada hacia lo disciplinar con énfasis en la academia, un método historiográfico y una preocupación por el uso de fuentes; una enseñanza orientada hacia los valores religiosos, que predominó en la colonia, dirigida hacia la obediencia, la sumisión, la austeridad y la resignación; luego, la enseñanza basada en los valores patrios, implantados por los gobiernos republicanos; se impulsó los valores de rebeldía hacia la corona española, haciendo énfasis en los ideales de libertad, igualdad, justicia y fraternidad.
En las últimas décadas, con la producción intelectual en las ciencias humanas se presenta la tendencia de la enseñanza de la historia hacia el compromiso social, tendencia impulsada por los movimientos sociales, populares, la academia y el movimiento pedagógico colombiano, entre otros, con el fin de entender la práctica escolar como un ejercicio de concientización, compromiso social y para enfocar la enseñanza de las ciencias sociales hacia la trasformación social y lograr los objetivos de mejoramiento social desde la escuela.
Esta tendencia busca en los estudiantes desarrollar convicciones, inculcar en ellos las calidades necesarias para que pueda analizar por si solos los fenómenos, los acontecimientos. La historia es, ante todo, formativa y como tal debe reflejarse en el quehacer diario del alumno en el aula y por fuera de ella, generando inquietudes frente a los problemas de su propia realidad.
La historia debe contribuir para que la juventud se forme sobre la base de los siguientes principios mínimos: el respeto a la vida como primer valor humano, el respeto a los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, igualdad de razas, libre determinación de los pueblos, la no intervención, la proscripción del terrorismo de Estado y el fascismo; lo mismo que en la convicción de los siguientes preceptos y valores clasistas: lucha, sacrificio, dignidad, independencia, auténtica democracia, unidad, justicia, igualdad, respeto, solidaridad, entre otros.
En el capítulo 6, “Aproximaciones al enfoque de un curso de historia”, se parte de un breve diagnóstico general de la enseñanza y se propone los criterios básicos que deben tenerse en cuenta en la enseñanza de la historia, una orientación de la actividad docente, metodológica y científica que contiene:
-la planificación de todas las formas de trabajo,
-las medidas organizativas que aseguran el cumplimiento de las tareas planeadas,
-la metodología y la evaluación de todo el proceso y
-la motivación.
Finalmente, este libro, contiene anexos extractados de las Recomendaciones de la Comisión Asesora del MEN, dirigidas a los docentes de Colombia acerca de propósitos, enfoques, didácticas, evaluación y condiciones contractuales y laborales del magisterio que enseña historia.
El libro se encuentra disponible en las librerías Javier y Shirakaba en la ciudad de Pasto.
Fundación Mayéutica
Jorge Pantoja Jurado
José Muñoz Campaña

