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Cultura

La guerra y la paz. -El arte como expresión política y social-

Los maestros Oswaldo Guifo y Germán Mejía entregan al pueblo ipialeño una de las máximas expresiones de arte contemporáneo. Un mural que recoge el sentir de un pueblo herido por la guerra y lacerado por el abandono estatal. Su pincel recorre la historia de una sociedad sumida en una tragedia cent…

Pablo Emilio Obando Acosta·15 de marzo de 2022·2 minutos de lectura
La guerra y la paz. -El arte como expresión política y social-
Los maestros Oswaldo Guifo y Germán Mejía entregan al pueblo ipialeño una de las máximas expresiones de arte contemporáneo. Un mural que recoge el sentir de un pueblo herido por la guerra y lacerado por el abandono estatal.
Su pincel recorre la historia de una sociedad sumida en una tragedia centenaria que ha impedido el verdadero progreso. En este periplo pictórico observamos la inmensa felicidad de la vida en manos de los hombres que fecundan para construir patria y la tragedia y el dolor de una madre – abuela que mira horrorizada como ese fruto de sus entrañas fertiliza con su sangre el sagrado suelo patrio.
La ruana, el azadon y el fique como representación de ese campesino entregado a sembrar semillas de paz y esperanza. La papa como ese regalo obtenido de la tierra después de arduas jornadas de trabajo, dedicación y esfuerzo.
Un CAMINO DE LA VIDA que no debería ser así, terminar en dolor y en tragedia. Criar para la guerra, sembrar para la muerte, llorar por la desolación y el espectáculo triste de las despedidas tempranas e incomprensibles.
Que gran página la que han pintado con su profunda reflexión estos dos grandes maestros que se consagran como verdaderos exponentes del arte regional y universal. Su arte – testimonio se erige desde ya como un himno y canto a la vida y una invitación para que entre todos forjemos un cese a esta guerra perversa y pervertida por aquellos que no desmayan en su empeño de parir hijos para la guerra y no para la vida.
Es la tierra un fruto fresco que madura en el alma y el corazón de los hombres de buena voluntad. Son los niños la semilla de una patria que se nutre del seno fresco de una campesina vestida de hechizo y de follaje.
Este mural es un grito contra la violencia y los violentos, una invitación a construir caminos de concordia y fe en los cuales no florezcan los actos perversos de quienes equivocadamente nos conducen por senderos de guerra y llanto.
Magnífico mural. Nariño y el mundo aplauden la capacidad artística y social de los maestros Oswaldo Guifo y Germán Mejía. Que nuestros gobernantes apoyen incondicionalmente este tipo de proyectos e iniciativas que se constituyen en páginas abiertas y en salmos de bienaventuranza.
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