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La fregona: escenas para pensar.

Por Nina Portacio. Fotografía: Andrés Gómez. 7 de Agosto de 2025. Ayer viví una historia bastante curiosa que me dejó pensando, y que en definitiva, nos debería hacer pensar a todos. Tenía que hacer un pago. Llegué al lugar, había dos filas. Una muy larga para cobrar subsidios y otra muy corta pa…

Columnista Invitado·16 de agosto de 2025·4 minutos de lectura
La fregona: escenas para pensar.

Por Nina Portacio.
Fotografía: Andrés Gómez.

7 de Agosto de 2025.

Ayer viví una historia bastante curiosa que me dejó pensando, y que en definitiva, nos debería hacer pensar a todos.

Tenía que hacer un pago. Llegué al lugar, había dos filas. Una muy larga para cobrar subsidios y otra muy corta para pagos. Me ubiqué de última en la fila para pagos.

De repente, una Señora muy bien vestida que se encontraba en la fila de subsidios me interpeló con voz inconforme diciendo: “¡vea señorita, si va a cobrar ésta es la fila! ¿¡Por qué se coló allá!? Acá es para cobrar el subsidio. Aquí estamos todos desde temprano haciendo fila”.

Le contesté: Señora, muchas gracias por la información. Pero yo no vengo a cobrar subsidios vengo a pagar mis obligaciones y me informaron que esta es la fila para pagos.

La señora: “ahh, yo pensé que también venía a cobrar subsidio como todos; porque hoy es día de pagos de subsidios. No de pagos de otra cosa.”

Yo: No señora, jamás he cobrado un peso de subsidios del Estado, yo lo único que he hecho desde que soy trabajadora clase media es pagar, pagar y pagar todo lo que al gobierno de turno, se le ocurre: impuestos, valorización, incrementos, intereses, seguros obligatorios, revisiones técnicas, iva, renta, sellos, estampillas, copias, certificados, carnets, licencias, permisos, etc., etc., y etc.

La Señora me contestó: “entonces pagué rápido lo que venga a pagar, para que con su dinero nos alcancen a pagar a nosotros”. Y varios de la fila subsidiada se rieron con gusto…

Respondí al descaro colectivo con mi silencio y continué en la fila para pagos.

Abandoné el lugar mucho más rápido que todos los asistentes a la fila de subsidios; quienes me miraban molestos, por haber salido del lugar antes que todos ellos. Pero desde esa escena poco convencional, no he dejado de pensar, en ¿qué clase de monstruo social estamos construyendo?

La derecha atacando a la izquierda a ultranza.
La izquierda atacando a la derecha con espada.
Llevan quinquenios atacándose entre ellos.
Ofensas bizantinas por doquier.

El pueblo eufórico, enardecido, sublevado, incitado y efervescente, atacando al prójimo igual de parroquiano de todas las formas posibles. Bloqueando vías o incendiando la poca infraestructura que tenemos en el País. Porque creen que la destrucción resuelve algo y no nos cuesta restaurar. El resto haciendo paros para bloquear al mismo pueblo o marchando para defender puntos de vista, a veces, particulares.

Los de arriba fuera del país.
Los de abajo cobrando subsidios, familias en acción, renta ciudadana, iva y regalías a granel e incrementando filas.
Los cabildos, territorio “Xante” en expansión.
Los que se van, se van con lo ajeno y nos dejan la deuda.
Los que llegan, llegan a ver cómo saquean el resto de lo que otros no se pudieron llevar.
Ni hablar de todos los muertos históricos; que no han valido la pena. Porque seguimos igual e incluso peor.
Unos viajan, otros roban, muchos sobornan en cantidades alarmantes. A tal punto son los montajes escénicos y logísticos que el séptimo arte se quedó en pañales.
Entre tanto, muchos arreglan el país con discursos.

En el medio: ¡la cruda realidad! Una clase social que avanza estupefacta.

La CLASE MEDIA trabajadora, honrada y honesta pagando todo el tiempo; todo lo que al circo demagógico oportunista (venga de donde venga) se le ocurre instaurar o hacer en este País Democrático, en teoría. Porque la realidad es otra. Además, sin poder participar en nada ni en toma de decisiones relevantes; porque no hay tiempo para otra cosa que no sea trabajar para pagar todo lo establecido por el Estado.

¿Algo en esta historia del país no me cuadra?

El problema socioeconómico ya ni siquiera es difícil de interpretar, ni cuestión de derecha ni de izquierda, tampoco de los de arriba o de los de abajo. El problema se resume en la respuesta a esta pregunta: ¿Quién ha sostenido y sostiene de forma continua y constante la economía colombiana durante las crisis? independiente de quien gobierne a su antojo -cuatro u ocho años- por elección popular. Y la respuesta es y será siempre la misma: LA CLASE MEDIA COLOMBIANA SOPORTE CONSTANTE.

Esa clase media: media – media, media – alta y media – baja que madruga a trabajar, paga todo lo establecido, no infringe ninguna ley, no roba a nadie y no recibe ayudas de ninguna institución público ni privada o ninguna clase de beneficios del Estado.

La clase media, sin filiación política y desahuciada por razones de pérdida de esperanza administrativa transparente, que debe despertar. Ya ningún ciudadano del medio resiste sostener todo este colapso burocrático y este sistema socioeconómico establecido.

Porque, si bien se mira, los de en medio estamos todos como funcionaba el trapero; antes de que en 1956 a un ingeniero Español muy observador se le ocurriera diseñar y patentar LA FREGONA, tal como la conocemos en la actualidad.

Pero sea con fregona o sin ella ¡estamos fregados! y ahora ni fila para pagar podemos hacer tranquilos.

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