Tremenda sorpresa la que tuvimos hoy en pleno centro de Pasto, concretamente en la gobernación de Nariño. Los gritos y el agitar de banderas y pancartas llamaron poderosamente la atención de los transeúntes. Ataviados con prendas rojas como camisetas, bufandas o chaquetas dejaban escuchar a los cuatro vientos consignas que nos hicieron pensar en la manifestación de un grupo de trabajadores, exigiendo su pago salarial o denunciado un nuevo acto de corrupción en su entidad.
Pero no, se trataba de un grupo de teatreros, actores y cineastas orientados por Juan Pablo Bolaños de Aleph Teatro. Identificamos entre ellos al maestro Alberto Bolaños, que entre gritos y consignas interpretaba magistralmente a un decepcionado inversionista de las Pirámides pastusas, que ofrecían cuantiosas ganancias partiendo de una pequeña inversión. Igualmente miramos al famoso y entrañable Aron López de Guzmán en una nueva faceta, interpretando el papel de su vida.
Al indagar sobre el motivo de su presencia en las instalaciones de la gobernación de Nariño el maestro Alberto Bolaños nos comenta que se trata del rodaje de una película nariñense cuya temática se centra en los hechos ocurridos en la ciudad de Pasto hace algo más de una década y que popularmente se conoció como LAS PIRÁMIDES. Un negocio que apareció de la noche a la mañana llevándose los ahorros y las esperanzas del pueblo de Nariño que ingenuo y sencillo creyó en un modelo económico que al principio dejó grandes ganancias y que con el correr de los días originó llanto, sudor y lágrimas entre los inversionistas.
La prenda roja quizá hace referencia a la convocatoria que espontáneamente realizó el pueblo en su ansia de recuperar algo de lo perdido en este oscuro y rentable negocio. Se corrió la voz que los propietarios de las Pirámides harían la devolución de dineros a las personas que portaran una camiseta, una cachucha o una prenda roja. Servía colocar una franela o un trapo rojo o amarillo en las ventanas de las casas.
La cita era en lugares lejanos y apartados, donde las autoridades no hicieran presencia. El llanto se confundía con la alegría al ver en la distancia a una camioneta de color blanco. Se imaginaban que los billetes volarían y caerían a raudales ; la decepción era grande y el retorno al hogar se tornaba triste y dramático.
Lo cierto es que en esas esperas surgieron amores, traiciones, uniones y rupturas familiares. Las PIRÁMIDES arrasaron con todos los sueños y esperanzas de un pueblo que se negaba a aceptar el engaño del cual fue víctima. Se perdieron casas, fincas, negocios, empleos y vehículos.
Interesante que el maestro Alberto Bolaños y Aleph Teatro recreen en un película esos días ACIAGOS y de ingrata recordación. Seguramente nos veremos retratados, reviviremos escenas cuando invertir y reinvertir era una cotidianidad.
LA CARROZA un acto de memoria en un país de olvidos.

