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Julio César Luna, personaje inolvidable de la TV colombiana

Quiénes vivimos la época de oro de la televisión colombiana recordamos con profundo afecto y aprecio a grandes actores y actrices que día a día y noche a noche llegaban hasta nuestros hogares con esa presencia mágica que se materializaba en esa cajita cuadrada que nuestros padres conservaban y cu…

Pablo Emilio Obando Acosta·14 de julio de 2025·3 minutos de lectura
Julio César Luna, personaje inolvidable de la TV colombiana
Quiénes vivimos la época de oro de la televisión colombiana recordamos con profundo afecto y aprecio a grandes actores y actrices que día a día y noche a noche llegaban hasta nuestros hogares con esa presencia mágica que se materializaba en esa cajita cuadrada que nuestros padres conservaban y cuidaban con tanto esmero. Tener televisor era un lujo de pocos, y quien lo tenía lo preservaba con el mayor de los esmeros.
Viene luego la señal en color y el mundo adquiere una nueva dimensión. Quedaban atrás esas pantallas que se vendían como pan caliente y que simulaban imágenes de colores cuando se las instalaba sobre la pantalla.
Programas como Yo y tú, El Chinche, Naturalia, Concéntrese, Animalandia, El show de Jimmy, Bulevar de estrellas, etc. hacían gala de presencia en los millones de espectadores que se congregaban para distraer sus problemas cotidianos.
Pero, sin lugar a dudas eran las telenovelas las verdaderas joyas de la corona. Sobra decir que únicamente se contaba con dos canales que emitian su programación durante contadas horas y hasta las diez de la noche. Punch y Canal Uno se disputaban la audiencia colombiana. En Nariño a duras penas nos llegaba un canal en blanco y negro y fue una verdadera revolución la llegada o arribo de un segundo canal.
Eran otras épocas. Nada de Internet, Google, Facebook, Instagram o twitter. La radio y la TV fueron durante décadas nuestra única compañía. En radio escuchábamos La escuela de doña Rita, El código del terror, Kalimán, Arandú y las transmisiones de la vuelta a Colombia. Nuestros padres encendían la radio para escuchar sus noticias y su música. Nuestras madres eran más del TV y se regocijaban con las telenovelas, que se emitían después de las siete de la noche.
Los párvulos y adolescentes, poco dados a las noticias, rodeábamos en cambio a nuestra madre en su plañidera nocturna, mientras se desarrollaban las escenas de amor, intriga y pasión. Un beso era censurado en la pantalla chica y a los más creciditos les tocaba mirar hacia otro lado. Las quinceañeras suspiraban y gemían en cada abrazo de los Protagonistas enamorados.
Mi hermana Míriam suspiraba con cada galán, especialmente cuando aparecía la figura egregia de Julio Cesar Luna Valotta , con su voz firme y profunda que parecía estar presente entre sus espectadores. Sus actuaciones de antología encendían las miradas de las quinceañeras y mujeres maduritas que Imaginaban uno de los abrazos de este galán acariciando su cintura.
Mi madre lloraba a chorros con las brillantes actuaciones de Julio César Luna al punto que nos tocaba consolarla y llevarle agüita de manzanilla para mitigar sus penas. Bellos e inigualables tiempos en que nuestros actores se consagraban a su arte y eran admirados y respetados como unos verdaderos ídolos.
Poco a poco nos Invadió el tedio de la abundancia informativa y comunicacional y esa red se volvió inexpugnable al punto de alejarnos de la pantalla chica. Pero quedan en la memoria figuras brillantes como Julio César Luna que supo ganarse el afecto, el aprecio y el cariño de su público, que lo recuerda y extraña con profunda devoción.
Nuestro personaje además de actor, se destacó como director de inolvidables telenovelas, cantante, declamador, guionista y empresario cultural. Hoy nos sorprende con una genial interpretación de un tango en versión de coronavirus. Momento que nos permite recordarlo y agradecerle por su gentileza y amor por esta tierra colombiana que lo acogió con respeto y afecto.
Gracias Julio César Luna por entregar lo mejor de sí y de su arte a todos los colombianos. Un aplauso a su vida brillante y consagrada al arte. Somos muchas las generaciones que lo admiramos y recordamos como ese invitado de honor que nos permitió momentos felices e inolvidables en familia.
Ya no están nuestras madres, pero se fueron llevando en su alma la dulce caricia de una voz que supo interpretar su sentir más allá de su cotidianidad. Un abrazo Julio Cesar Luna Valotta y que la vida le permita recibir todos los merecimientos y aplausos que su talento le merecen.
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