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Juan Trespalacios, el hombre que le vendió el alma al diablo.

Por: Oscar Seidel En este mundo confuso en el que estamos viviendo en la actualidad, debido a la desinformación en las comunicaciones, y con el fin de fomentar la comprensión de lectura entre las personas asiduas a los medios escritos, he desarrollado una estrategia para que entiendan bien los me…

Oscar Seidel·7 de marzo de 2025·5 minutos de lectura
Juan Trespalacios, el hombre que le vendió el alma al diablo.

Por: Oscar Seidel

En este mundo confuso en el que estamos viviendo en la actualidad, debido a la desinformación en las comunicaciones, y con el fin de fomentar la comprensión de lectura entre las personas asiduas a los medios escritos, he desarrollado una estrategia para que entiendan bien los mensajes y noticias que nos llegan todos los días.

Partimos de una noticia que desde principios del siglo XX ha transcendido en el Pacifico sur:

“Cuenta la gente que Juan Trespalacios fue el hombre más poderoso de la costa pacífica. Amo y señor de las tierras agrícolas del sector rural, desde Cabo Manglares en la frontera con el Ecuador hasta el rio Mira. Nació en Tumaco, pero sus nexos familiares estaban en la frontera. Siendo adulto se vino desde allá, después de haber jurado el pacto con el Diablo, a costa de ser el hombre más rico y poderoso de la región.

Dice la oralidad que, al Diablo se le podían solicitar tres deseos: Riqueza, mujeres y poder sobre los demás; todo ello a costa de entregarle el alma. El primer encuentro siempre se daba de noche en el monte y sin la compañía de otra persona. El hombre gritaba que se sentía desgraciado por ser pobre, por no tener a su querida, o por la falta de poder en el pueblo, e invocaba varias veces al Diablo, hasta que apareciera. Entonces, éste salía de la penumbra y le exigía que cumpliera la promesa de entregarle el alma para darle un deseo. Ante semejante disuasión, el hombre le aseguraba que cumpliría su promesa, siempre y cuando, él le ayudara a conseguir lo solicitado. En el segundo encuentro, el hombre debía llevar un gato negro que ambos lo pisarían y con su sangre cerrar el pacto. De igual manera, el hombre debía aprender una oración de invocación para que apareciera sin mover un dedo el deseo solicitado.

Acto seguido, el demonio les hacía escribir y firmar una “cédula” al hombre con su propia sangre: «Yo, Juan Trespalacios, hago donación de mi alma al Príncipe de las Tinieblas en su posesión de que me hace cumplir lo que le he pedido. Yo no reconozco a otro Dios sino a él, y así prometo de hoy en adelante no creer nada de lo que creen los cristianos»

No se sabe si prometió en contraprestación entregar su alma al Diablo, o compartir su riqueza con la comunidad. Tenía finca agrícola en Cabo Manglares, desde donde se vino a radicar en Tumaco.  A diferencia de los otros inmigrantes, don Juan Trespalacios no llegó a aventurar. Sólo se sabe que vino por el rio Mira transportando canoas llenas de la almendra de tagua. Cuando el rio Mira se encontró con el mar Pacifico, arribó al puerto. Traía tanta tagua que no tuvo espacio para almacenarla, y decidió comprar el muelle más grande la isla para arrumarla y montar su despulpadora de tagua. Había generado la primera parte de su gran riqueza. Pero, el compromiso con el Diablo se siguió reanudando cada tres meses en la finca de Cabo Manglares hasta conseguir a Liliana, la mulata más hermosa de la frontera, y obtener el poder político de Tumaco.

Narra la gente que, cuando don Juan Trespalacios iba el viernes por la noche, todos los trabajadores debían irse para el pueblo de Cabo Manglares para no presenciar el rito satánico. Esa noche salían truenos y relámpagos de la casa. Al amanecer cuando llegaban los trabajadores a la finca, don Juan Trespalacios tenía otro semblante”.

Hasta aquí transcribimos esta historia para hacer el ejercicio de comprensión lectora:

Lea nuevamente el título y responda:

  • ¿Por qué se llamará así esta persona?
  • ¿Cuándo decimos que una persona es “el hombre más poderoso”?
  • ¿Qué cree que va a hacer con la riqueza?
  • ¿Qué cree que hará Juan Trespalacios con el gato negro?, ¿por qué?
  • ¿Comprende lo que está sucediendo?
  • ¿Cómo cree que se sintió Juan Trespalacios?, ¿por qué?
  • ¿Qué significa la frase “Juan Trespalacios tenía otro semblante”?

Responda:

  1. ¿Qué oración describe mejor a Juan Trespalacios?
  2. Juan Trespalacios es ambicioso, egoísta pero bueno para los negocios.
  3. Juan Trespalacios es feliz, sencillo y bueno para los negocios.
  4. Juan Trespalacios es amargado, enojado y malo para los negocios.
  5. ¿Por qué al personaje lo llaman El hombre más poderoso del Pacífico sur?
  6. Porque todas sus actividades las realiza con la influencia del Diablo.
  7. Porque con los negocios que hace duplica el dinero.
  8. Porque intercambió lo que tenía por algo que para él es más valioso.
  9. ¿Le gustó la historia? ¿Por qué?

4,¿Qué podemos aprender de esta historia? Si usted hubiera leído este relato, sin realizar las preguntas planteadas ¿sería diferente?, ¿qué sería lo diferente y por qué?

Como puede apreciar estimado lector, los ejercicios que realizó antes, durante y después de la narración del cuento, fueron prácticas de diferentes estrategias y le ayudaron a comprender mejor el texto. Las personas que aplican estas sugerencias durante estas tres etapas desarrollan habilidades que les harán lectores activos que interactúan con el texto y pueden interpretar y extraer el significado de lo que leen.

Las preguntas que se formularon a lo largo de la narrativa del relato fueron como pequeños altos en el camino, que obligaron a interactuar con el texto. Si bien, estas preguntas no le permitieron leer de corrido, lo hicieron detenerse unos momentos, obligándolo, sin darse cuenta, a comprender lo que había leído y luego continuar el relato con una mayor comprensión.

Una persona, por ejemplo, que aún no es un lector autónomo, y que al ver esta historia no se hace ninguna pregunta no aplica estrategias lectoras y tendrá dificultades para comprender el contenido de esta. Dirá por ejemplo que, la historia trata de un hombre que vende su alma al Diablo para obtener riquezas, y no que se trata de un hombre que aprendió a ser feliz con cosas sencillas. ¿Nota la diferencia?

Debemos emprender una campaña masiva, desde los mismos medios de comunicación, para que las personas entiendan bien los mensajes, y dejen de hacer especulaciones sobre lo que ellas creen que entendieron.

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