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José Rafael Sañudo Torres

Por: Edgar Ricardo Figueroa Santacruz Socio de Número de la Academia Nariñense de Historia Con la intención de brindar homenaje a uno de los grandes valores intelectuales del departamento de Nariño y porque no de la República de Colombia; hijo dilecto de Pasto, filósofo, historiador, jurisconsult…

Columnista Invitado·11 de noviembre de 2025·16 minutos de lectura
José Rafael Sañudo Torres

Por: Edgar Ricardo Figueroa Santacruz

Socio de Número de la Academia Nariñense de Historia

Con la intención de brindar homenaje a uno de los grandes valores intelectuales del departamento de Nariño y porque no de la República de Colombia; hijo dilecto de Pasto, filósofo, historiador, jurisconsulto, matemático, políglota, humanista, literato, educador, y maestro de juventudes; y de cumplirse cien años de la publicación de una de sus obras, desde hace varios años me impuse la labor de destacar la recia personalidad del doctor José Rafael Sañudo Torres, para que las nuevas generaciones conozcan la figura del hombre más combatido y controvertido,  pero quien a pesar de todos los improperios recibidos, ha sobresalido sobre todos sus contraventores, quienes en ningún momento han podido rebatir sus enseñanzas y  escritos, valiosos aportes de historiador, filosofo, y humanista. Y, como expresaría Sergio Elías Ortiz, así: “mantener vivo el recuerdo de hombres de esta calidad, para nuestra propia enseñanza y para el honor del solar que nos abriga”.

Hombre de extraordinarias cualidades morales, de una conciencia incapaz de transacciones deshonestas; no un puritano seco e inquisitorial como alguna oportunidad lo calificara Germán Arciniegas, sino que su bondad, tenía mucho que ver con la sensibilidad de su corazón, y como lo describe Justino Cástulo Mejía y Mejía: “Exquisitamente delicado en el trato, sabe de las usanzas de la mejor sociedad. Es pulcro y sobrio en ademanes, tal que contemporáneamente cautiva la simpatía, el respeto y la admiración. Habla con voz de cadencia suave, afelpada de cordialidad y de acentos castellanísimos, sin las chocantes asperezas del aragonés ni la melosa precipitación del catalán. Es modesto con modestia sin pelos. Sabe personalmente lo que vale; y con saber lo que vale sabe lo que valen los demás”.

José Rafael Sañudo Torres, al decir de todos los escritores que han tenido oportunidad de referirse a él, es: “vástago de un solar ilustre en sangre, educación y buenas letras” según Vicente Pérez Silva. Nace Sañudo en la ciudad de San Juan de Pasto, el 24 de octubre de 1872, hace ya 153 años, del matrimonio de  don Joaquín Sañudo y Segura con doña Josefa Torres y Sarralde, hogar lleno de virtudes, en donde adquiere desde su niñez la afición por las disciplinas intelectuales; hasta los 7 años no conoció otra educación que la premurosa de  su madre, matrona nobiliaria, institutora de reconocida fama en la villa de Pasto, que fundó y dirigió por varios años la escuela elemental llamada del Sagrado Corazón de Jesús”. Sañudo fallece el 3 de abril de 1943.

Hacia el año de 1879 inicia su educación primaria, en la Escuela dirigida por el presbítero don Mesías Estrella y don Marco Antonio Ortiz, y continua los estudios de bachillerato en el colegio San Felipe Neri que en 1880 fundara el oratoriano Ramón María Jurado, otro hombre destacado de nuestra región, en asocio del afamado polígrafo don Benigno Orbegozo. Prosigue sus estudios de bachillerato en el colegio que dirigieran los Padres Jesuitas, en el cual se titula de bachiller e ingresa posteriormente al Colegio Académico de Pasto, establecido éste en la ciudad de San Juan de Pasto, como Colegio de la Compañía, según Sergio Elías Ortiz, “en el año de 1712, sin que sepamos el mes y el día precisos”, colegio que más tarde fue la Universidad de Nariño, una vez se funda el Departamento de Nariño en 1904. Aquí inicia Sañudo sus estudios de Jurisprudencia, arraigándose en la ciencia del derecho, para hacer de su vida un marco en las más arduas disciplinas. Sañudo se vincula luego a la Universidad como catedrático, en compañía de Ángel Martínez Segura, Leopoldo López Álvarez, Luciano Herrera, Federico Puertas y Gonzalo Miranda, y al lado de Jorge Álvarez, Belisario Ruiz Wilches y Pablo E. Lucio. Fue profesor de la prestigiosa Escuela de matemáticas e Ingeniería, dirigida en ese entonces, por el doctor Fortunato Pereira Gamba. Es decir, la elite intelectual del sur de Colombia.

El primer gobernador del departamento de Nariño, don Julián Bucheli Ayerbe, nombra a Sañudo como primer Rector de la Universidad de Nariño, cargo que no acepta, privándose así nuestra Alma Mater de contarlo como su primer rector. Entidad ésta que considerando la ilustre personalidad de Sañudo Torres y por sus calidades de ser uno de los más decidido amigo e impulsador de la Universidad, en cuyas aulas brilló sus altísima inteligencia y vasta ilustración, y haber sobresalido como uno de los más eminentes jurisconsultos de la República. En su Aula Máxima, el 28 de enero de 1934, le confiere el Título de Doctor Honoris Causa, mediante Acuerdo Número 5 del Consejo Universitario, “haciendo justicia a los méritos de uno de los más salientes educadores de la juventud del Departamento, a quien se ha esforzado por poner en lo más alto el nombre de esta sección y a quien, con sus escritos, con sus enseñanzas en la cátedra y con su vida ejemplar, en todo campo, ha tratado de orientar las disciplinas intelectuales de un pueblo”.

 

Hacia 1893, a los 21 años de edad, Sañudo es nombrado por sus dotes de honorabilidad, preparación y reputación, como Juez del Circuito de Pasto, desempeñando su cargo con distinción y con holgura. Posteriormente hacia 1909 es nombrado Magistrado del Tribunal Superior de Pasto, cargo que como el anterior, lo ejerció durante largos años, campeando su alta mentalidad y superando a todos. Sus piezas jurídicas son modelo de sabiduría y rectitud. Sus sentencias dictadas en el Tribunal Superior y en los Juzgados del Circuito, fueron acogidas en no muy pocas oportunidades por la Corte Suprema de Justicia y con Temístocles Pérez Delgado, debemos decir: “Respetados sus conceptos de la brillantes constelación tribunalicia cuyo elemento asaz sobresaliente fue Magistrado integérrimo, Juez pulcro y austero”.

Más los egoísmos políticos y por esos ensayos de la democracia, se le exigió que expresara categóricamente el partido político a que pertenecía, so pretexto de incluirlo en una terna para Magistrado del Tribunal de Pasto. El doctor Sañudo, según relata el doctor Nemesiano Rincón en su obra “Desde la Cumbre”, les contestó: “que era católico, apostólico y romano y que ni la religión católica ni la constitución ni leyes de la república, lo obligaban a pertenecer a determinado partido político”.  Sectarismo político que hizo que Sañudo no fuera reelegido. Se pierde así a uno de su más prestigioso componente jurisconsulto en el Tribunal de Pasto.

Consagra toda su vida al estudio y a la meditación. Acopia datos, desentraña documentos. Como profesor fue ideal. Exacto en el cumplimiento de sus deberes, como muy pocos. Su ilustración causaba admiración, pues conocía a fondo los idiomas: alemán, inglés, francés, italiano, griego, latín; y en el español, seguía las normas del clasismo. Señor aristócrata del pensamiento y de la palabra, en todo campo, como bien lo califica el doctor Nemesiano Rincón.

Con un sentido estricto de la palabra, puede decirse que Sañudo fue un autodidacta. Su constante preocupación se constituyó en lograr una compensación de sus facultades; buscó la exactitud en la ciencia que trata de la cantidad en carácter abstracto e ideal y la precisión en el conocimiento de la esencia, propiedad, causas y efectos de las cosas.

Escribe muchas obras. Hacia 1894, entrega su ensayo de novela costumbrista “La Expiación de una madre,” primera novela que se escribe y publica en Pasto, novela que se desarrolla en Matituy, zona cafetera del departamento de Nariño. Sus “Apuntes para la Historia de Pasto”, editados en su imprenta La Nariñenses, en tres volúmenes: la primera parte “La Conquista.  1527 – 1598”, que arranca desde el descubrimiento del Perú (1526) hasta la muerte de Felipe II (1598); estudio a través del cual recurre a la historia de España, pues dice que, por el aislamiento civil y político de Pasto, no tiene “cosa de mayor lustre que contar”; La segunda parte, publicada hacia 1939. “La Colonia bajo la casa de Austria 1599 – 1700”, que alcanza hasta el advenimiento de la Casa Borbón al trono español, comprende todo el siglo XVII; narra los hechos más importantes acaecidos en la ciudad de Pasto, durante aquella época. Y la tercera, “La Colonia bajo la casa de Borbón: 1701 – 1808”, publicada en 1940, narración que avanza hasta el reinado de Fernando VII.  Deja inédita la cuarta parte “La independencia. 1808 a 1832”. La época más interesante, que se publica en el año de 2005, como integrante de la Biblioteca del Centenario del Departamento de Nariño, para que no quede la obra del doctor Sañudo Torres trunca e imperfecta.

Derecho y filosofía constituyeron las materias de su afición. En Jurisprudencia superó a altos pensadores de la  región,  pues  descubrió nuevos rumbos, vertiendo sus conocimientos en el excelente libro, “Filosofía del Derecho”, publicado hacia 1928, libro que, llamó la atención de Giorgio del Vecchio,  filósofo italiano, quien  escribiera entre muchas obras: “El Estado nuevo”, “Saggi intorno allo stato”, “Crisis del Derecho y Crisis del Estado”,  “Lesiones de Filosofía del Derecho” y quien consideraba al doctor Sañudo  “Chiarissimo e ilustre profesor”  y “uno de los más grandes filósofos suramericanos”. Obra sobre la cual el doctor Jorge Delgado y Gutiérrez, opina que “la obra de Sañudo es un verdadero arsenal, más que de erudición y citas ilustradas, que, en vena prodigiosa manifiesta, de ideas y de   pensamiento”, con nuevas argumentaciones, fecundas comparaciones de sistemas y autores y formidables y atrevidas interpretaciones.

En el año de 1916, publica la segunda edición del estudio “Breves consideración sobre un folleto del doctor Antonio José Restrepo”.  En él Sañudo rebate con éxito las tesis sustentadas por el escritor antioqueño en el ensayo titulado: “La cuestión de la moneda en Colombia y especialmente en Nariño”, indicando que podía servir como defensa de la ley que presentó el Gobierno sobre acuñación de plata. El 24 de octubre de 1917 publica otro opúsculo de contenido polémico, “Otro Panamismo. El Tratado colombo ecuatoriano”, en donde con razonamientos histórico jurídicos, demuestra lo injusto del tratado, criticando la actuación del Ministro de Relaciones Exteriores, Marco Fidel Suárez.

Pero, el libro más discutido, que motivó largas y acaloradas discusiones, fue desde el primer momento “Estudios sobre la vida de Bolívar”, que produjo conmoción, despertando interés y suscitando polémica; al decir de Temístocles Pérez Delgado, “libro recio, macizo, contundente, documentado. Producto de asaz estructurado cerebro y de asiduas vigilias. Acusa hondo y dilatado estudio de la vida de Simón Bolívar. Con frase de granito. Con aplomo sordo, talla contornos oscuros de una inmensa vida. Citas auténticas, fidedignas, garantizadas con testimonio irrecusable. Con férrea audacia y valor moral sin precedentes, presenta concretos cargos del Libertador. Obra imperecedera. Como que echó un señalado mojón en el terrero de la historia. Porque en lo sucesivo acaso se dirán: Bolívar antes de Sañudo y Bolívar después de Sañudo”.

Su obra, publicada en 1925, le han ganado malquerencia y malevolencia de muchos que no han podido o querido explicarse el porqué de su visión unilateral sobre el General Bolívar. De todos lados y costados le cayeron rayos y centellas; propios y extraños lo menosprecian, lo denigran, y lo vituperan. “Y se levanta de inmediato una espantosa borrasca protestante a todo el contorno de la rosa náutica. Un zumbar ensombrecido de saetas que intentan sepultarlo. Llueven tempestades, improperios, amenazas, escupitajos y hasta excomuniones contra el biógrafo del sociólogo castrense. Es un terrible cataclismo que conmociona el macizo bolivariano, cuyo epicentro se halla en la ciudad de Bogotá. Mas, su autor está emparapetado tras una montaña de historia escrita.

Según Justino C. Mejía y Mejía, “Un grupo de mozalbetes que, según parece, no lucen otros arreos que el muy noble de haber nacido al pie del Ruiz, como un campesino cualquiera al pie de la ubre, proclamaron en voz en cuello que era menester ahorcar a Sañudo y un tal señor A. escritor de La Patria de Manizales, estampó muy orondo que el cronista Yagarí, en viaje por tierras surianas, había hecho la exhumación del nombre del historiador Sañudo, y que el detractor de Bolívar podría compararse con el gusanillo que vanamente se empeña en taladrar el bronce de la estatua del héroe”.

Y el indio patriota refiere: “Hace años oímos que el doctor Sañudo pedía a Dios el don de la vida hasta publicar un libro sobre Bolívar que sería una revelación. Dios en su designio inescrutable, le oyó el ruego. El libro ha aparecido para escándalo e indignación del patriotismo; y el doctor Sañudo ha muerto. Ha muerto irremediablemente, de muerte natural y definitiva, sin derecho siquiera a esperar la resurrección de la carne. Porque cuando los hombres importantes mueren para la opinión pública nunca vuelven a triunfar ni a vivir en ella. Se curan las crisis del prestigio que provienen de causas pasajeras; pero la muerte es muerte, y sobre el cuerpo de sus víctimas cae una losa enorme que jamás se levanta. Y decimos que el doctor Sañudo ha muerto de muerte natural, porque el enemigo de la independencia, debía ser lógicamente el enemigo de Bolívar; y porque al insultador del Padre de la Patria, debe la patria castigar, alejándolo de todas sus lógicas manifestaciones.

 

Vicente Pérez Silva en la Revista Cultura Nariñense, número 3 del mes de septiembre de 1968,  página 15 relata que de su parvo archivo tomó una hoja titulada: “PROTESTA, de pie ante el Libertador”, impresa en la tipografía Liberal de Pasto, en la que se lee: “Profunda sorpresa e indignación ha causado en esta ciudad la publicación de un folletín de historia, destinado a vilipendiar la memoria de los próceres de nuestra magna independencia, y en especial a estrellarse con deliberado intento contra la inconmovible gloria del libertador de Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia. El nefando libelo cuya paternidad corresponde a un compatriota nuestro, fue editado en la imprenta de Díaz del Castillo y Cía., y tuvo el concurso del gobierno que preside don Eliseo Gómez Jurado para mengua del Departamento al cual representa el mandatario. En estos instantes circula por todos los lugares del país y habrá de ser conocido en breve fuera de la República”.

Cuenta la tradición que cuando Sañudo publicó la primera edición de Estudios sobre la vida de Bolívar, tomaba admiración y no sabía explicarse porqué un ejemplar hubiera llegado a costar en Panamá, hasta diez dólares y por qué un ministro nuestro ante el gobierno del Reich le ofreciera en trueque una copia la obra que eligiese sin reparos de precio ni volumen. Favores de quienes no me conocen, dizque decía.

Foto: carátula Bolívar de Sañudo

Pie: El libro pertenece a la Colección Lista negra, de Paneta, publicado en 1995, al cumplirse setenta años de la primera edición de Estudios sobre la vida de Bolívar.

Obra combatida, pero a la que se le concedió merecidos elogios, por muchos conceptos de escritores que hablaron sobre ella, tales como el doctor Carlos Sanz de Santamaría, según cita de Vicente Pérez Silva y Rafael Villamizar, en carta suscrita en Bogotá el 27 de agosto de 1938; Carlos E Upegui., desde Anserma, (Caldas) a diciembre 28 de 1925 y el historiador argentino Ernesto Quezada desde Buenos Aires el 13 de septiembre de 1926 y cuyos originales reposan en mi archivo personal.

Si una corporación de doctos e insensatos calificó al doctor Sañudo de “hijo indigno de la patria”, Justino Cástulo Mejía y Mejía expresa: “por qué las actuales generaciones no desagravian su memoria en la lápida o el busto, como un modesto recuerdo reivindicatorio por los ultrajes de que se le hizo objeto en la mejor de sus horas y en la mejor de sus obras. Entendemos que ni la última calle de las calles de Pasto, ni siquiera la que va al cementerio, lleva el nombre del hombre que más amó a Pasto, más sirvió a Pasto y más sufrió por Pasto”. 

Y con el Maestro Ignacio Rodríguez Guerrero, diremos que cuando: “un día su espíritu de hombre libre determinó emprender en osado empeño titánico, cuya sola enunciación produjo más de una repulsa, y originó más de un escándalo vocinglero, a lo largo y a lo ancho de América. Tratábase de una revaluación histórica de la vida de Bolívar, que presentase los perfiles del héroe en su humana desnudez, sin los arreos suntuosos con que adornáronla, desfigurándola en veces, los panegiristas del genio. Laudable era, en sí, el propósito, que la historia no en modo alguno el mito, y no tan inusitado el procedimiento que justificase la catarata de improperios que originó puesto que Sañudo quiso estudiar las modalidades de Bolívar, empleando en ello no otros sistemas que los que Hipólito Taine puso en práctica para juzgar la personalidad inmensa y multiforme del genial Bonaparte”. Pero “la tempestad cirnióse, furiosa, sobre la cabeza del escritor libérrimo, que nunca fue calumniador ni irreverente, más justiciero por extremo y hasta implacable, y un fallo de proscripción y de condena dictóse contra quien no había realizado cosa distinta que juzgar de acuerdo con propio criterio, contra la opinión común y dominante, algunos actos políticos y administrativos de Bolívar, con base, eso sí, en documentos de irrecusable autenticidad”. “Mengua, dice Rodríguez Guerrero, acaso, en la acción o en la intención, el juicio de Sañudo, la personalidad epónima del Libertador”?

Y con el doctor Alberto Quijano Guerrero concluiremos que “fue Sañudo, puritano, misógino, apolítico, católico a macha martillo. Sin telarañas en la conciencia ni en la mente. Ciudadano del mundo sin haber rebasado los límites de provincia. Osado en la defensa de sus principios, valiente en el ataque, gallardo en la réplica.  Con Sañudo, por primera vez en las anales de nuestra cultura, el pensamiento meridional se universaliza.

Quede aquí su recuerdo, para la posteridad, con la inscripción de Luciano de Samosata, que el Maestro Rodríguez Guerrero, su heredero en el tiempo y el espíritu reclamaba para el sepulcro del sabio. “Este era un hombre libre. lleno de franquezas; ni adulador ni servil. La verdad está en sus obras”.

 

Termino con Sibundoy de Compostela, cuando en apartes de su poesía a José Rafael Sañudo, expresa: “Bienvenido Sañudo con sus sombras con sus dudas, insultos y páginas humanas, que su obra se levanta y agiganta y nos enseña que la patria se forjó con los humildes; que no hay héroes, ni gestas sin la sangre de la gleba, y que nadie está llamado a coronarse libertador o liberado. Que la libertad está entre nosotros en la propia razón omnímoda y presente, en la diaria actitud de ser nosotros mismos sin hincar la rodilla ni al misterio ni al pasado ¡¡¡ Salve Sañudo, el taciturno a quién sátrapas de hoy, de ayer y de mañana quisieran regar de sal sus páginas escritas en busca de la verdad sobre la historia, que la hicieron mil indios sojuzgados ¡¡¡

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