Por: José Luis Chaves López
Envuelto en una destellante luz intensamente blanca, Vairus sentía que flotaba en una sustancia que no podía identificar. Hacía mucho frío y le costaba moverse, aunque no lo necesitaba porque no tenía sentido moverse sino sabía hacia dónde ir.
Lo único que entrevía era que no estaba solo. De vez en cuando una mancha negra tapaba la luz y le permitía percibir que había otros como él, pero situados en un espacio que no podía definir. En algunas ocasiones sentía que lo movían delicadamente. Unos brazos como pinzas, como las que conoció cuando apenas iniciaba su existencia, lo sacaban del frío y lo ponían en una especie de mecedora, le agregaban un líquido que le quemaba y luego lo volvían a llevar a la luz y al frío. Percibía unos sonidos que no podía definir. Son voces, le había dicho Moliec, el primero de ellos, cuando Vairus le preguntó sobre lo que no entendía.
–Hace cinco o seis mutaciones nada de esto existía. –En una ocasión, a uno de esos seres que nos mueven y nos ponen líquidos se le cayó uno de los recipientes, y luego otro, y otro. –Para evitar que le llamaran la atención por el desastre que hizo, sin decir nada, rápidamente recogió todo y lo puso junto en un frasco y lo guardó sin prever las consecuencias de sus actos.
–Y entonces? Dijo Vairus. –Sin saber cómo, empezamos a multiplicarnos. Contesto Moliec. –Y nos volvimos peligrosos. Tan peligrosos que hasta los más débiles de nosotros se extinguían cuando se tocaban con alguien más fuerte. Y continuó diciendo, –ya no cabíamos en el frasco y todo se volvió oscuro. –Como cuando nos colocan en el espacio frio? Preguntó Vairus. –Sí, y aún más oscuro, si lo puedes imaginar.
–Yo fui el primero y aprendí a entender lo que dicen esos seres. Y por eso puedo contarte lo que sé. –Qué más pasó? Preguntó Vairus. –Lo negro del frasco llamó la atención de otros seres. Pero, como todas las cosas, las buenas y las malas, se suceden en cadena… Moliec se detuvo en su narración como quien vuelve atrás para permitir que sus moléculas hicieran sinapsis y luego continuó. –…uno de los seres abrió el frasco y en ese preciso momento otro ser entró llevando una caja con unos seres negros y peludos y que podían volar, como nos dimos cuenta más tarde. Los llamaban “murciélagos”. Al ver como Vairus se encendía y apagaba al no saber qué eran los murciélagos, Moliec le dijo: –en otra ocasión te explico.
Mientras se comunicaban, volvieron a sentir que los movían y al pasar una forma oscura dejó al descubierto una imagen que Vairus grabó en sus proteínas, pero que tampoco sabía qué era.
| 2035 |
No tuvo tiempo de asimilar la imagen porque Moliec volvió a expresarse. –Los murciélagos se salieron de la caja y tumbaron el frasco. Todos caímos y algunos de los otros como tú se aferraron a los pelos de esos seres voladores. –Te dije que los sucesos vienen en grupos? Pues… una de las ventanas de ese lugar estaba abierta y los murciélagos escaparon por ella.
–Lo que los seres que nos habían creado no sabían era que los murciélagos se habían contagiado y enfermado. Y todos los que se toparon con ellos también se enfermaron y muchos murieron.
–Pero por qué nos volvieron a encerrar? Preguntó Vairus. –Cuando los seres de afuera se enfermaron, nuestros creadores les dieron una sustancia que les ponían en la piel y recibían mucho, muchísimo, de un elemento que ellos llaman “dinero” por hacer eso. –Y cómo cambian los acontecimientos. Lo que había empezado como un desastre cuando al ser se le cayeron los frascos y siguió cuando combinó los elementos y los guardó y se complicó cuando los murciélagos escaparon y se contagiaron, ahora se había convertido en satisfacción. Tenían dinero, no sé lo que eso significa, y se felicitaban mutuamente.
Sintieron que los movían de nuevo y los colocaban otra vez en la oscuridad y el frío, pero esta vez no estaban solos, había muchos frascos llenos de ellos y ya tan negros que los frascos crujían a punto de romperse.
–Cierren la puerta pronto, dijo uno de los seres, más frío y nada de luz. Aún faltan quince años para que los volvamos a sacar y para que la gente no se enferme venderemos una vacuna y seremos aún más ricos de lo que somos ahora.
En ese momento las moléculas de Vairus volvieron a hacer sinapsis y asimiló lo que la imagen significaba y aunque no era un ser vivo se estremeció al considerar el mal que se esperaba que hiciera.
Pero, no fue necesario esperar quince años. En menos de dos años, los murciélagos que habían escapado enfermaron a muchos de los seres de afuera y la mayoría de ellos dejaron de existir.
Moliec y Vairus se estremecieron, si esto pasó en dos años, ¿qué pasará dentro de quince?

