Pablo Emilio Obando A.
En la vieja radiola de la casa paterna giraba una y otra vez un viejo acetato del Trio Martino. Noches de Bocagrande se repetía incesantemente mientras un verso resbalaba dulcemente de la garganta de mi madre. En esa vieja radiola también se escuchaba Sindamanoy en la voz de la Diva de los setenta y ochenta, Claudia de Colombia, entre barcas y rumores de agua volaba nuestra imaginación. El canto inundaba el gran salón mientras de sus bafles se escapaba la voz y el tono único e inigualable de Tito Cortés con su magistral interpretación de Alma Tumaqueña. Todas creaciones de FAUSTINO ARIAS REYNEL.
Es que en el vasto y profundo universo de la música colombiana, hay nombres que no solo resuenan por su talento, sino que se convierten en auténticos territorios de memoria, identidad y pertenencia. Uno de ellos es, sin lugar a dudas, Faustino Arias Reynel, nacido el 13 de abril de 1910 en la entrañable tierra de Barbacoas, en el departamento de Nariño.
Hablar de Arias Reynel es adentrarse en una sensibilidad musical que supo recoger el alma del Pacífico colombiano y transformarla en melodía, en poesía y en eternidad. Fue compositor, arreglista y creador de piezas que hoy hacen parte del patrimonio sonoro de una región que canta incluso en medio de sus silencios.
Su obra, profundamente arraigada en la nostalgia, en la evocación de la tierra y en la memoria de los ancestros, encuentra en canciones como Noches de Bocagrande una de sus expresiones más sublimes. Allí, el compositor no solo describe un paisaje, sino que lo convierte en emoción viva, en una experiencia sensorial donde el mar, la noche y el recuerdo se entrelazan con una delicadeza extraordinaria.
Pero si hay una pieza que ha trascendido fronteras y generaciones es Alma Tumaqueña, una joya musical que fue llevada a la interpretación magistral por el reconocido cantante Tito Cortés. En esta obra, Arias Reynel logra capturar la esencia de Tumaco: su cadencia, su melancolía y su inquebrantable belleza. La canción no es solo un homenaje, es una declaración de amor a la identidad costera, un canto que viaja y se instala en el corazón de quien la escucha.
No menos significativa es Sindamanoy, una composición que ha sabido recorrer caminos diversos, adaptarse a múltiples voces y ser reinterpretada en distintos contextos, sin perder jamás su esencia. En ella se percibe ese hilo invisible que conecta generaciones, evocando ancestros, rumores y aguas de dulce y grata memoria colectiva, familiar y el arraigo profundo a la tierra. Igualmente el dueto Arteaga y Rosero interpreta de una manera maravillosa y llena del calor propio de nuestra tierra esta pieza musical que brota de las aguas, la luna, el sol, las estrellas y el rumor de olas y nostalgias.
Sin embargo, limitar la vida de Faustino Arias Reynel a su producción musical sería desconocer la amplitud de su espíritu. Fue también un hombre de pensamiento, un actor político en el departamento de Nariño, un ciudadano comprometido con su tiempo y su gente. Su inteligencia y su cultura le permitieron transitar con solvencia entre la creación artística y la vida pública, siempre con una mirada amplia y profundamente humanista.
Hoy, más de un siglo después de su nacimiento, su legado sigue vigente, aunque no siempre suficientemente reconocido. Muchas de sus composiciones permanecen inéditas, sin ser grabadas o incluso sin haber sido plenamente llevadas al pentagrama. Este hecho plantea una deuda histórica no solo con el artista, sino con la cultura misma de la región.
Se hace entonces imprescindible un llamado a las instituciones culturales, a los gobiernos departamental y municipal, para que asuman la responsabilidad de rescatar, preservar y difundir esta obra invaluable. La música de Arias Reynel no puede quedar en el olvido ni en archivos silenciosos; necesita ser interpretada, estudiada y compartida con las nuevas generaciones.
Sería, en este sentido, profundamente significativo que escenarios emblemáticos como el Teatro Imperial de Pasto se conviertan en el espacio para rendirle homenaje mediante una gran cantata. Un encuentro donde sus composiciones vuelvan a la vida en voces contemporáneas, donde su legado se escuche con la dignidad y la grandeza que merece.
Faustino Arias Reynel no es solo un compositor del pasado; es una voz que aún canta, una memoria que resiste y una identidad que se niega a desaparecer. En sus melodías habita el Pacífico, con su dolor y su belleza, con su historia y su esperanza. Reconocerlo es, en última instancia, reconocernos a nosotros mismos.

