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Estado y felicidad.

Por: Walter Benavides Antia Definen Felicidad, como “el estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno”. Para Aristóteles, “Ser feliz es autorrealizarse, alcanzar las metas propias de un ser humano (eudemonismo)”. Para Epi…

Columnista Invitado·13 de febrero de 2022·13 minutos de lectura
Estado y felicidad.

Por: Walter Benavides Antia

Definen Felicidad, como “el estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno”. Para Aristóteles, “Ser feliz es autorrealizarse, alcanzar las metas propias de un ser humano (eudemonismo)”. Para Epicuro, “Ser feliz es experimentar placer intelectual y físico y conseguir evitar el sufrimiento mental y físico” (hedonismo).

De los griegos heredamos muchos conceptos, algunos maliciosamente modificados de su significado original. “Ciudadano” es uno de ellos. Hoy tenemos gobiernos (mentirosos), gobernantes (déspotas), legisladores (con leyes que los favorecen), y ciudadanos (con derechos, pero sin obligaciones), interesados todo el tiempo en reclamar “derechos” (bienes externos). Tienen derecho a presentar informes amañados de sus ejecutorias como gobernantes, nombrar y beneficiar familiares y parientes con el presupuesto público, expedir leyes que los benefician en su patrimonio, y ciudadanos que solo hablan de derechos más nunca de obligaciones.

Los griegos vivían en Ciudades Estado, donde vivían ciudadanos (que viven la ciudad). Hoy vivimos en ciudades, pero “pareciera” que no todos somos ciudadanos. Ser ciudadano, significaba en ese entonces, ser miembro pleno de una comunidad, tener los mismos derechos que los demás y las mismas oportunidades de influir en el destino de la comunidad de su ciudad. También suponía el cumplimiento de una serie de deberes y obligaciones vinculados a esos derechos. Se tenían derecho a tener derechos, pero a la vez el Estado les reclamaba cumplir con sus deberes y obligaciones. Lo uno iba amarrado a lo otro, para no originar desigualdades en sus sociedades.

El estado moderno, regido por “contratos sociales” a través de constituciones, es responsable de brindar y garantizar a sus ciudadanos, “bienes y servicios”, que brinden felicidad a sus asociados.

En el capítulo 1 de la Política, Aristóteles argumenta que hay tres tipos de bienes: los externos (colectivos que brinda la naturaleza), los del cuerpo (mundo material personal) y los del alma (mundo personal inmaterial). Los externos (del estado y la naturaleza) y los del cuerpo (necesidades propias de cada uno) son necesarios, incluso deseables, pero no pueden perseguirse por encima de los bienes del alma, pues perseguidos o utilizados en exceso, o por la fuerza, (externos y los del cuerpo), causan daño al individuo o la sociedad. La diferencia la encontramos en las corrientes de Estoicos y Epicúreos. Entre tanto, la abundancia en los bienes del alma, esto es, valores, prudencia, honor, vergüenza, y virtudes, buscarlos y practicarlos, no producen daño alguno al individuo, a la ciudad o al estado. Todo lo contrario. Son más necesarios que los dos primeros. Así, para Aristóteles, la felicidad (eudaimonia) a la que el ciudadano puede aspirar al vivir en sociedad, debe estar acorde con el compromiso de brindarse y cultivar dichos bienes. Por ello, deberíamos medir de vez en cuanto, ¿Qué felicidad puede haber, si faltan valores, prudencia, honor, vergüenza o virtudes?

En capítulo 2 del mismo libro, se pregunta por la clase de vida que buscan los ciudadanos. Encuentra dos: la primera consiste en participar de la vida política de la ciudad; la segunda, comportarse como extranjero, (liberado de esa participación). Igualmente, se preguntaba por el mejor régimen político: uno en el que “todos” participen de los temas de ciudad, u otro en el que una “mayoría”, represente a “todos”. Todos o mayorías. He ahí el dilema de nuestra imperfecta democracia, pues no es secreto, que muchos se comportan como extranjeros y venimos siendo gobernados por mayorías (partidos).

El fin del Estado, descansa en el principio de brindar felicidad a sus asociados. Se acercan unas elecciones para senado y cámara y luego para presidente, y la verdad, son muy pocos los candidatos que manejan en su discurso, resolver los graves problemas de “infelicidad” que hoy padecen sus votantes. Los Partidos hablan, por un lado, de satisfacer bienes externos (del estado y la naturaleza), pero por el otro, apadrinan pésimos, mediocres y cuestionados políticos, ninguno que se sepa, practicante de los bienes del alma.

  1. Jeremy Bentham, escribe “El Libro de las Falacias”, en el que expone los argumentos falaces, que se utilizaban (en esa época y se siguen utilizando) para justificar lo injustificable. Entiende por falacia, “cualquier argumento empleado con el propósito de inducir a engaño, o hacer se adopte una opinión errónea”: falacias de autoridad (recurrir sabiduría de sus antepasados, sabiduría de los padres fundadores), falacias de peligro (maldad en quien la propone), falacias en los afectos (medidas que van en contra de los derechos del hombre, o contra de la pacha mama, falacias que además, según Bentham inducían a la violencia), falacias en los juicios (causas del desempleo); y falacias de la imaginación (si nos atacas, atacas al gobierno). Es el fundador del Utilitarismo (teoría ética que busca el máximo bienestar para el máximo número).

  1. En abril se publica en Londres un periódico llamado “El Colombiano” redactado por Francisco de Miranda, donde anuncia “a los lectores ilustrados de España y Venezuela”, el advenimiento de la independencia de un territorio en América (gracias a la crisis originada por Napoleón, a la Monarquía Española en 1808), con la formación de una nación colombiana distinta de la nación española. Nacía en periódicos de Inglaterra, con 19 años de anticipación, la Gran Colombia. En mayo, Bolívar (de 26 años) comisionado (como jefe) por la Junta Suprema de Caracas, viaja a Londres en busca de ayuda económica y militar, en compañía de Andrés Belloy Luis López Méndez, para entrevistarse con Miranda, del que ya tienen referencia. A las reuniones se les une el masón francés Pedro Antonio Leleux, (quien se convertirá en secretario de Bolívar), y conocen al pensador Jeremy Bentham (de 62 años), quien para entonces (por encargo de Miranda) había escrito un proyecto de constitución (8 manuscritos que reposan en University College en Londres) para la creación de la República de Venezuela. Después de escucharlo, Bolívar, se declara su discípulo.

  1. Dic. Lectores de La Nueva Granada conocen el pensamiento de Bentham sobre “libertad de imprenta”, cuando Antonio Nariño publica en “La Bagatela”, un artículo del español José María Blanco White (1775-1841), que rebatía la opinión del inglés. La intención de Blanco White, era enjuiciar las ideas de Bentham, quien consideraba que: “siendo el beneficio que resulta de la imprenta libre, mayor que el que resultaría de no tener que temer sus inconvenientes, el gozar de la libertad de la imprenta sería en últimas un bien, aunque de él hubieran de seguirse todos los males al que puede dar origen”. Bentham defendía el mayor beneficio (bien) de tenerla, como solución a los problemas de opresión al que estaban sometidos los súbditos americanos, que el mal que producía (el silencio) no tenerla.

  1. En carta a Edward Blaquiere (1779-1832), (ayudante de Bentham), Bolívar lo llama “geómetra de la justicia”. En su discurso de Angostura, (donde nace la Gran Colombia), declara, “el sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”. Deducimos entonces que el concepto “mayor felicidad”, lo toma de Bentham, quien enterado de la importancia que tiene Bolívar, comienza una mutua relación epistolar.

  1. Dic. Bentham le ofrece sus escritos y trabajos como modelo para la nueva constitución que se debatiría en Cúcuta (1821), y le informa que en algunos estados de la Unión Americana ya se aplican.

  1. En carta a Santander después de su entrevista con San Martín en Guayaquil (jul 26), Bolívar le escribe, que la propuesta monarquista del argentino, son ideas “contrarias a la libertad”. En carta a Blaquiere, (sep 27) Bolívar reconoce, no haber leído los libros que le habían enviado. En diciembre 22, Bolívar escribe: “La soberanía del pueblo no es ilimitada, porque la justicia es su base y la utilidad perfecta le pone término. Esta doctrina es del apóstol constitucional del día”.

Pero antes de continuar, repasemos las ideas generales del epicúreo Jeremy Bentham, que habían cautivado en Londres, a Nariño en 1796, a Miranda desde 1802 y a Bolívar desde 1810. Nace en el seno de una familia católica, pero en su obra se declara Deista, como Sócrates, Platón, Aristóteles, Voltaire, Paine (ética a través de la conciencia y reflexión racional, en lugar de libros sagrados o autoridades religiosas). Apuesta por las libertades individuales y económicas, la separación de la Iglesia y el Estado, la libertad de expresión (imprenta), la igualdad de derechos para las mujeres (derecho al divorcio), la despenalización de la homosexualidad, la abolición de la esclavitud, pena capital (para ciertos delitos), y el castigo físico justificado (la letra con sangre entra, en escuelas, colegios, seminarios y cárceles). Propuso leyes de pobreza (padre del asistencialismo), tribunales de justicia y reformas al propio parlamento inglés. Y lo más grave: escribe contra la Iglesia Católica argumentando que, el mensaje original de Cristo habría sido desvirtuado por Pablo de Tarso (San Pablo). Pero sigamos.

  1. Bentham escribe a Bolívar dándole a conocer sus nuevos trabajos sobre legislación (sep): “1. Principios que deben servir de guía en la formación de un código constitucional para un Estado. 2. Declaración o protesta de los miembros del cuerpo legislativo al tomar posesión de su destino. 3. Un escrito sobre, “La eficacia de los empleos públicos, llevada a su máximum y los gastos a su mínimum”. 4. Cuadro ordenado de las materias que debe contener el código constitucional, donde expone un sistema de remuneración de empleos, combinado con otro sistema de enseñanza para empleos, que sirven como sistema de enseñanza nacional, sin aumento de gastos para el gobierno”.

1823-1826. La correspondencia se interrumpe. Es el tiempo que Bolívar permanece en el Perú, cuando frente a las intrigas, espionaje y saboteo de los Estados Unidos, el fracaso del Congreso Anfictiónico de Panamá, el caos de Venezuela, y el desespero que le causa la “legalidad” de Santander, se desvía del norte que había tomado de Bentham. Llega a Lima en 1823 (sep) y regresa a Guayaquil en 1826 (sep). Tres largos años, donde la mermelada santanderista hace su trabajo, mientras él, escapa a la muerte en Pativilca (ene 1824), es Dictador por mandato del Congreso del Perú (feb 1824), reclama un protectorado inglés (1824 y 1826), y ve nacer, como la gran solución político administrativa del momento, la Constitución Boliviana, con las figuras de Presidente Vitalicio, y un Senado aristocrático y vitalicio también.

  1. Pero, mientras Bolívar permanece en el Perú, la doctrina utilitarista de Bentham es integrada por Santander, a los planes de estudio de la Gran Colombia (Legislación universal, civil y penal). Y no era para menos. Era el pensador de moda. Los seguidores de Santander, lo citan en sus discursos, en un momento de la historia del mundo, donde sus doctrinas “eran mejores”, que las pasadas del gobierno monárquico español, presentándose como salvadoras, y posible solución a sus inquietudes como sociedad, ideas que fueron tomadas como suyas por un numeroso grupo de dirigentes, comerciantes, jóvenes abogados y bachilleres (futuros Gólgota), que veían se podían incorporar a la legislación y la educación, los concepto de bienestar, llevado a las formas y sistemas propios de la sociedad y la economía.

  1. Pero tanta belleza produjo indignación y rechazo. Las teorías benthamistas, encontraron detractores y elevaron sus reclamos al gobierno de Santander. Funcionarios calificados del gobierno (masón José Félix de Restrepo 1760-1832), la Iglesia Católica (Francisco Margallo y Duquesne), y padres de familia de universidades y colegios, dejaron sentir su protesta y rechazo a sus tesis, por considerarlas “perniciosas”. A la crítica, se sumaron dirigentes santanderistas como Vicente Azuero y Plata y Estanislao Vergara, (miembros de la Dirección General de Estudios) que reconocieron “contenían proposiciones erróneas en materia religiosa”. Los padres de familia clamaban suspender sus enseñanzas, por ser ellos, “de tradición cristiana, su amor a la patria y la responsabilidad que tenían como padres con sus hijos”, a quienes veían “perturbados” por sus enseñanzas.

  1. Hay inconformidad política y militar en Perú, Ecuador, Venezuela y en la Nueva Granada; hay distanciamiento con la Iglesia Católica por culpa de las enseñanzas Benthamistas; en enero, Bolívar se abraza con Páez; se revoca su Constitución Boliviana en el Perú, y se distancia definitivamente de Santander, (al que le pide no le escriba más); en febrero, desde Caracas renuncia a la Presidencia; en agosto se aprueba la celebración de la Convención de Ocaña, a la que no puede asistir (Santander, si, y para delegados, no pueden votar los militares); empiezan a llamarlo en Bogotá, “longaniza” (igual que un loco, que anda por las calles de Bogotá, vestido con harapos militares). Regresa a Bogotá a pesar que jura como Presidente (la renuncia no le es aceptada) pero se siente prisionero y extranjero. Cabe preguntarnos, después de su fracaso político en Bolivia y Perú, y el desencanto que le producía la dirigencia bogotana, ¿qué tipo de Estado propondría para Ocaña? No era partidario del Federalismo, por el temor al caudillismo. Al igual que Nariño, prefería el Centralismo (dudando de su fragilidad), con tres (3) grandes departamentos, con un ejército sin residencia fija, para unir a Caracas, Quito y Bogotá, pues las dos (2) primeras veían con malestar, a Bogotá como capital provisional. No obstante, hablaba de su Constitución Boliviana, y hasta dio conceptos favorables sobre una Monarquía (con castas locales), o una corona europea, con excepción de la española, y preferentemente de la Casa de Inglaterra. Pero retomemos la historia.

  1. Ene 15. Bolívar le expresa a Bentham, no haber recibido las obras relacionadas en su carta de 1825, y agradece la propuesta de patrocinar estudios de dos jóvenes colombianos en la escuela Hazelwood en la ciudad puerto de Glasgow (Escocia). “Espero con ansia que la bondad de usted se sirva dirigirme nuevamente las obras de Legislación Civil y Judicial juntamente con las de Educación Nacional para estudiar en ellas el Método de hacer bien y atender la verdad, únicas ventajas nos ha concedido en la tierra y que usted, ha devuelto maravillosamente prodigando con profusión sus goces a los individuos de nuestra desgraciada especie, que largo tiempo sufrirá todo el mal y la ignorancia”. Para Bolívar las obras de Bentham contenían el método que enseñaba a hacer el bien a los demás y enseñaba la verdad de la vida humana, dándole al individuo pautas para la búsqueda de su felicidad.

  1. En enero, como Libertador Presidente (tirano) invita a cenar al arzobispo de Bogotá, Fernando Caicedo y Flórez (1756-1832), y a los nuevos obispos de Santa Marta, José María Estévez de Cote (1780-1834); Antioquia, fray Mariano Garnica y Orjuela (1770-1832), y Guayana, Mariano Talavera y Garcés (1777-1861), recientemente confirmados en sus diócesis por el papa León XII. En presencia del cuerpo diplomático, del gabinete y de otros altos funcionarios, brinda por “el bien de la Iglesia”, complacido por los acercamientos del Vaticano a la Gran Colombia. En el discurso dice que estos primeros obispos republicanos serían, “nuestros maestros y los modelos de la religión y de las virtudes políticas”, y que después de un largo distanciamiento con el Vaticano, “ha llegado el momento de la unión del incensario con la espada de la ley”. Entonces, Bolívar se reconcilia con la cúpula de la Iglesia Católica, que le pide prohibir “por nocivas” la enseñanza de las obras benthamistas. Expide entonces un decreto del 12 de marzo, que ordena, que en ninguna de las universidades de Colombia se enseñen los “Tratados de Legislación” (civil, penal, y educación laica), pero en cuanto a los demás libros, “podrían ser admitidos”, previo informe de la junta de gobierno de la universidad. Al tiempo, los santanderistas, ofendidos por el fracaso de la Convención de Ocaña (jun 10) al romperse el quorum, y su aclamación como Dictador a su regreso a Bogotá (jun 24), en la casa que ha servido de albergue a Santander en Ocaña, toman la decisión de asesinarlo.

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