Pablo Emilio Obando A
En tiempos donde la inmediatez amenaza con devorar la profundidad, donde la prisa pretende sustituir al pensamiento y el ruido a la reflexión, resulta no solo grato sino profundamente esperanzador encontrar espacios radiales que todavía le apuestan al espíritu, a la cultura y a la palabra bien dicha. Tal es el caso del programa Dinámica, de la emisora Ecos de Pasto, magistralmente conducido por la periodista Esperanza Caicedo Bolaños.
A ella, a su sensibilidad y compromiso, dedicamos estas líneas de gratitud sincera. Porque no es común, en medio de la vorágine mediática actual, hallar micrófonos abiertos para la memoria, para el arte, para aquello que no se mide en cifras sino en hondura humana. Esperanza Caicedo Bolaños ha logrado, con admirable constancia, sostener un espacio donde la cultura no es ornamento, sino esencia; donde la palabra no es adorno, sino camino.
Recientemente, en su programa, tuvimos el privilegio de compartir una conversación en torno a la vida y obra del poeta Luis Felipe de la Rosa, figura inmensa de las letras nariñenses, cuya existencia —tan intensa como controvertida— sigue interpelando a quienes se atreven a mirar más allá de lo evidente. Fue un recorrido sentido, un periplo por su vida marcada por la pasión, la incomprensión y el exilio; por su verbo encendido que lo llevó incluso a enfrentar el destierro, la cárcel y el señalamiento de blasfemia.
Hablar de Luis Felipe de la Rosa es adentrarse en un universo de sensibilidad extrema. Poeta, periodista, crítico, editor incansable, creador de sus propios periódicos —El Alfiler, El Tracatraca, El Cabo Simón—, su legado permanece como una llama que no debería apagarse en el olvido. Y sin embargo, el riesgo está latente: el silencio institucional, la indiferencia cultural, la falta de difusión de su obra.
Por eso cobra aún mayor valor el gesto de la periodista Esperanza Caicedo Bolaños. Porque su programa no solo informa: rescata, dignifica, revive. Porque a través de su voz, cientos, quizás miles de hogares nariñenses, pudieron acercarse a la vida de este poeta, comprender su dimensión, sentir su humanidad. Ese es el verdadero poder de la radio: convertirse en puente entre el pasado y el presente, entre lo sublime y lo cotidiano.
Hoy, más que nunca, es necesario hacer un llamado a nuestras autoridades culturales: es urgente editar, publicar, difundir la obra de Luis Felipe de la Rosa. No podemos permitir que una de las páginas más intensas y gloriosas de nuestra historia literaria permanezca relegada al olvido o a la dispersión. La memoria también es un acto de justicia.
Y en esa tarea, voces como la de Esperanza Caicedo Bolaños son fundamentales. Su labor trasciende lo periodístico: es, en esencia, un acto de amor por la cultura, por la identidad, por la palabra.
Gracias, Esperanza, por sostener esa luz encendida. Por recordarnos que aún existen espacios donde el alma tiene cabida. Por ser esa voz que no claudica, ese micrófono que no se cierra, ese puente necesario entre el arte y la vida.
Porque mientras existan programas como Dinámica, la cultura seguirá respirando. Y mientras haya periodistas como usted, la esperanza —como su nombre— seguirá teniendo sentido.

