En los coloridos y ajetreados pasillos de la galería de Tumaco, donde el aroma a pescado fresco se mezcla con la salinidad del mar, Epifanía Montaño dedicaba sus días a pelar y vender mariscos, una labor en la que lleva años. Su vida y su enfoque sobre el negocio, sin embargo, cambiaron radicalmente al conocer a Daniela Portela, una joven zootecnista de la Universidad Nacional, quien le presentó una perspectiva inesperada sobre su trabajo y su potencial.
Epifanía nació y creció en la vereda Chajal, un pequeño poblado a 45 minutos en lancha del casco urbano de Tumaco. Allí, en medio de una vida sencilla junto a sus siete hermanos, desarrolló un fuerte apego por el mar y sus recursos. Sin embargo, como muchas personas en busca de oportunidades, dejó su hogar a los 13 años para trabajar en Tumaco como empleada doméstica y, más adelante, se adentró en el negocio de los mariscos en la galería, donde pudo construir su familia y establecer una base económica.
Su encuentro con Daniela fue un punto de inflexión. La zootecnista la sorprendió con preguntas sobre el destino de las tripas y residuos de los mariscos, a lo que Epifanía, acostumbrada a desechar estos restos al mar o entregarlos a una empresa recolectora, nunca había prestado mucha atención. Pero Daniela la inspiró al revelar que esas “sobras” podían transformarse en una fuente de ingresos y en productos innovadores. Así nació la chispa de una nueva forma de ver su oficio.
Hoy en día, Epifanía es miembro de la Asociación Familia de Aliñadoras Pioneras del Rendering (Asofalipre), una organización comunitaria que reúne a mujeres dedicadas a la preparación y comercialización de mariscos. Con el respaldo de Asofalipre, Epifanía y sus compañeras han aprendido a aprovechar todo el pescado, generando productos como gelatina de pescado, fertilizantes naturales, sudado de huesos, y Colattina, un suplemento de colágeno extraído de las escamas. Estas innovaciones han convertido a Epifanía en una emprendedora dentro de una industria que, por tradición, suele percibirse como limitada a la venta de mariscos frescos.
Además de vender sus productos, Epifanía se ha convertido en un ejemplo de liderazgo comunitario, asumiendo el rol de secretaria en la junta directiva de Asofalipre. El trabajo en la asociación le ha enseñado la importancia del trabajo en equipo y del aprovechamiento de los recursos naturales, fomentando una conciencia ambiental que ahora busca transmitir a sus hijos y vecinos.
Epifanía también explora el mundo del arte y el rescate de tradiciones locales: con fibras de rampira, una planta ancestral, crea artesanías que vende de manera independiente. Así, su historia representa el poder de las pequeñas iniciativas para transformar no solo una vida, sino toda una comunidad. Su ejemplo impulsa a otras mujeres en Tumaco a ver más allá de lo inmediato y a encontrar en cada oportunidad una posibilidad de crecimiento y de empoderamiento económico y social.
Fuente: Fundación Compaz

