Por Tirso Benavides Benavides
El pasado 6 de marzo, natalicio de Gabriel García Márquez, la editorial Penguin Ramdon House, de la mano de los herederos del Nobel colombiano, dio a luz al mundo el nuevo libro del escritor casi una década después de su muerte.
Se anuncia como una novela inédita, pero no es ni lo uno ni lo otro.
Es más bien un cuento largo o una novela breve. Se lee de una sentada en un par de horas. La historia cabe en 122 páginas, que impresas a un espacio menos generoso podrían ser menos de la mitad. En ellas narra las escapadas de una mujer madura y felizmente casada a una isla, siempre en agosto, quien va a visitar la tumba de su madre en cada aniversario para dejarle un ramo de gladiolos y contarle lo que ha pasado en su vida en los últimos doce meses.
En una de estas visitas, a sus 47, tiene una aventura, un encuentro íntimo con un hombre. Ritual que repite cada vez que va a la isla con diferentes personajes, para descubrir al final (sin ánimo de hacer spoiler) que la infidelidad es una especie de mal, o mejor, de bien, de tipo hereditario.
Tampoco es inédita, en 1999 se divulgó la noticia de que Gabo trabajaba en un proyecto de 5 relatos que compartían protagonista: Ana Magdalena Bach, nombre tomado de la esposa del legendario músico alemán, personaje central de la “novela” póstuma. Una primera versión fue publicada como cuento en El País de España tras la lectura que el mismo autor hizo del texto en la Casa de América en Madrid. El 19 de mayo de 2003 la revista Cambio publicó bajo el título de “La noche del eclipse” el tercer capítulo de esta novela.
Se promociona como el acontecimiento literario de la década, sobre lo que no hay certeza, lo que sí es seguro es que será un gran negocio. Sin importar la calidad de la obra será un best seller, un libro de moda, gracias a la efectiva campaña de mercadeo que acompaña al texto.
Como en todo libro póstumo no han faltado las polémicas sobre su publicación. Desde el prólogo se advierte que este es un libro con el que el autor estaba inconforme, “hay que destruirlo” se cita textualmente. Sus hijos argumentan en múltiples entrevistas que hacen parte del marketing que Gabo, en medio de su Alzheimer, ya no podía distinguir que era o no publicable.
El libro, para los que nos gustan los libros en papel, es un hermoso producto. Una cubierta exterior con el título en relieve, pasta dura impresa con la ilustración de la portada. Además, que te lo venden en combo, una bolsa de papel cual lienzo, con la misma imagen de la caratula y un separador de hojas en cartón paja de alto gramaje troquelado. Todo un lujo. No lo compren pirata.
Y es que no es para menos. Gabo es ya una marca dentro de la industria cultural, y sus herederos lo saben.
No es criticable, ellos tienen el derecho de explotar la obra de su padre como más le convenga y así lo hacen. Prueba de ello es que ya está en marcha la serie de “Cien Años de Soledad” en Netflix, novela que el escritor nunca quiso ver en las pantallas.
En Agosto Nos Vemos, una obra menor dentro del corpus de nuestro nobel, necesaria para los lectores, pero mucho más beneficiosa para sus promotores. Ellos ya están haciendo su agosto, sin importar la opinión del creador de la historia.
Hay que leerla, una obra de Gabo es de Gabo, a pesar de que se le iba yendo la memoria, ahí está su estilo (venido a menos) pero es el de él. Un libro más para la biblioteca. Que más da.

