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Empresario nariñense, Víctor Hugo España, es El Personaje 10.

La Merced: un sueño convertido en realidad En una tranquila mañana, nos sentamos con Don Víctor Hugo España, el hombre detrás del éxito de La Merced, para explorar el viaje que lo llevó desde sus humildes comienzos hasta convertirse en un destacado empresario en la región. Con una sonrisa serena…

Página 10·28 de abril de 2024·6 minutos de lectura
Empresario nariñense, Víctor Hugo España, es El Personaje 10.

La Merced: un sueño convertido en realidad

En una tranquila mañana, nos sentamos con Don Víctor Hugo España, el hombre detrás del éxito de La Merced, para explorar el viaje que lo llevó desde sus humildes comienzos hasta convertirse en un destacado empresario en la región. Con una sonrisa serena y un brillo de determinación en sus ojos, Don Víctor compartió con nosotros los detalles íntimos de su historia.

El año era 1978 cuando la semilla de La Merced fue plantada en el fértil suelo de los sueños de un joven emprendedor. “Esta empresa nació sin un peso de capital, simplemente con las ganas y los sueños que uno tiene en la vida”, recuerda con nostalgia. Comenzó su viaje en el mundo de los restaurantes como un empleado en una modesta cafetería llamada Cafetería Rosas. Fue allí donde descubrió su pasión por el negocio y soñó con un día tener algo propio.

El primer paso hacia su visión fue arrendar una pequeña cafetería con solo 12 mesas y tres empleados. “Era solo café, empanadas y jugos”, recuerda con una sonrisa. Pero Don Víctor tenía una visión más grande en mente. A medida que el negocio crecía, amplió su oferta para incluir panadería, pastelería y almuerzos ejecutivos. “A medida que uno le pone amor y clarifica qué es lo que quiere hacer en la vida, el empeño es total”, reflexiona.

Sin embargo, el viaje hacia el éxito no fue fácil ni solitario. Reconoce el papel fundamental que desempeñó su familia en el crecimiento de La Merced. “Una golondrina no hace verano”, señala con sabiduría. Con el apoyo de sus padres, pudo adquirir la cafetería que antes había arrendado y establecerla como su propio negocio. “Sin familia, uno difícilmente puede alcanzar los sueños que uno tiene”, enfatiza con gratitud.

A lo largo del camino, enfrentó numerosos desafíos y dudas. Los altibajos del negocio a menudo ponían a prueba su determinación y resiliencia. “No todos los días hay buenas ventas”, admite con franqueza. Sin embargo, su pasión por el negocio y su claridad sobre lo que amaba hacer en la vida lo mantuvieron en el camino. “Cuando uno tiene claro que eso es lo que uno ama, las dificultades se superan”, afirma con convicción.

Uno de los momentos más significativos en la historia de La Merced fue la transición de arrendar a comprar la cafetería original. Este paso marcó un hito importante en el crecimiento y la estabilidad del negocio. Con el apoyo financiero de los bancos y el ánimo de sus amigos, se logró asegurar la propiedad del establecimiento y lo rebautizó como Cafetería La Merced, en honor a su devoción por la virgen del mismo nombre.

La historia de La Merced es más que un relato de éxito empresarial; es un testimonio inspirador de perseverancia, pasión y fe en uno mismo. A través de los años, Don Víctor ha demostrado que con determinación y amor por lo que uno hace, no hay límites para lo que se puede lograr. Su legado perdurará como un faro de esperanza y motivación para las generaciones venideras de emprendedores.

En la expansión de La Merced, Don Víctor vio más que simplemente la apertura de nuevas sucursales; percibió la construcción de una familia empresarial en constante crecimiento. Cada nueva ubicación era como un nuevo miembro de esta familia, uniendo a la comunidad bajo el estandarte de calidad y servicio que La Merced representaba. “La Merced es como una familia”, reflexiona. “Empieza a crecer poco a poco, como los hijos y los nietos, y así se va extendiendo”.

El crecimiento de La Merced no fue impulsado por el deseo de expansión por sí solo, sino por la necesidad de satisfacer a sus clientes. La demanda y el aprecio por la calidad y el servicio llevaron a la apertura de múltiples sucursales en Pasto y más allá. La visión de Don Víctor era clara: brindar a sus clientes la comodidad de acceder a La Merced desde cualquier punto de la ciudad. Este enfoque centrado en el cliente se convirtió en el pilar del éxito y crecimiento continuo del negocio.

Con el tiempo, la complejidad y la escala de las operaciones de La Merced requirieron una nueva fase de desarrollo: la creación de una planta de procesos. Este paso estratégico permitió centralizar y estandarizar la producción de alimentos, garantizando la consistencia y calidad en todas las sucursales. “Los procesos de nuestros productos empezaron a expandirse”, explica. “Necesitábamos más espacio para estandarizar la calidad”.

La decisión de establecer una planta de procesos no fue tomada a la ligera. Don Víctor y su equipo estudiaron modelos empresariales exitosos y adaptaron las mejores prácticas para satisfacer las necesidades específicas de La Merced. La visión era clara: mejorar la eficiencia operativa y mantener la calidad sin compromisos. La planta de procesos se convirtió en la piedra angular de la operación de La Merced, asegurando que cada producto llevase consigo el sello distintivo de excelencia que la marca representaba.

Mirando hacia el futuro, Don Víctor ve un horizonte lleno de posibilidades y oportunidades de crecimiento. La expansión a otras ciudades y la diversificación de productos son solo el comienzo de su visión. “El primer paso es salir a superficies”, explica. “Nuestros productos deben estar disponibles en todos los lugares donde nuestros clientes nos buscan”. Con cada paso, se compromete a mantener la integridad y la calidad que han sido el sello distintivo de La Merced.

En cuanto a la sucesión empresarial, Don Víctor ve con orgullo cómo sus hijos se involucran cada vez más en el negocio familiar. “Ellos están vinculados al 100%”, afirma con una sonrisa. Para él, el legado de La Merced trasciende las generaciones, y ve en sus hijos y nietos la continuación de su visión y pasión por el negocio. “Esa es la razón de ser de la empresa, que dure por mucho tiempo”, reflexiona.

Finalmente, Don Víctor tiene un mensaje claro y motivador para los jóvenes y aspirantes a emprendedores de Nariño y más allá. “Se puede en la vida, por más difícil que sea”, enfatiza. Invita a todos a identificar su pasión y perseguirla con determinación. “Aquel que trabaja en lo que no le gusta, así trabaje todo el día siempre será un desocupado”, advierte, citando las palabras de Facundo Cabral. En última instancia, anima a todos a luchar por lo que aman, a perseverar en el camino del emprendimiento y a nunca renunciar a sus sueños.

En las palabras de Don Víctor Hugo España, encontramos un recordatorio poderoso de que el éxito empresarial no solo se trata de cifras y logros, sino también de pasión, dedicación y un compromiso inquebrantable con la excelencia. A medida que La Merced continúa su viaje hacia el futuro, su legado perdurará como un faro de inspiración para las generaciones venideras de emprendedores.

 

Esta historia hace parte del proyecto para la implementación de la política corporativa “En Nariño primero lo nuestro” de la Cámara de Comercio de Pasto. Esta iniciativa tiene como objetivo fomentar la apropiación de la marca región, visibilizar al comerciante y empresario nariñense dando a conocer sus productos y servicios, igualmente, promover en Nariño una conciencia colectiva que fortalezca la confianza en nuestra región.

 

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