Pablo Andrés Guerrero Pérez: un visionario del café especial en Nariño
En el corazón de Nariño, donde las montañas besan el cielo y el aroma del café impregna el aire, reside una historia de innovación, pasión y visión. Esta es la historia de Pablo Andrés Guerrero Pérez, un arquitecto convertido en empresario agrícola, cuyo compromiso con su tierra natal lo llevó a liderar una revolución en la industria del café especial en la región.
Un hombre de raíces profundas en Pasto, siempre sintió un fuerte vínculo con su tierra y su gente. Decidido a contribuir al desarrollo de su región, se embarcó en un viaje que lo llevó desde el mundo de la construcción y el desarrollo inmobiliario hasta las fértiles tierras del campo, con un enfoque particular en el cultivo de café especial.
Su travesía comenzó con la herencia de su padre, un abogado con intereses inmobiliarios dispersos, que dedicó su finca a cultivar trigo por muchos años, hasta que las dificultades y falta de rentabilidad del agro lo obligaron a suspender esta actividad. Inspirado por el deseo de revitalizar las tierras abandonadas de su familia, la Hacienda El Obraje, ubicada en el sector de Tangua, se propuso encontrar una nueva vocación para la región, diferente al tradicional cultivo de trigo o cebada que fue desplazado por la política nacional de importación de estos granos, o cultivos transitorios como frijol, arveja o maíz, que difícilmente son económicamente sostenibles por la volatilidad de los precios, que en muchas ocasiones no alcanzan para cubrir los costos de producción, sumado esto a la inestabilidad del régimen de lluvias que en ocasiones acaba con la producción de los sembríos ocasionando graves pérdidas.
Después de experimentar con diversos cultivos frutales, como manzanas y duraznos, optó por la idea de cultivar café, por recuerdos de su infancia de dos árboles de café que habían crecido cerca de la casa de veraneo de la hacienda y que habían sido muy grandes, que recordaba producían pepitas de café, emprendió esta aventura, en un terreno ubicado a 2.200 metros sobre el nivel del mar, donde nunca antes se había cultivado este producto y desafiando las convenciones del cultivo cafetero tradicional, logrando con dedicación y esfuerzo lo que hoy se ve como una verdadera alternativa económica viable para la región.
Al principio muchas voces le dijeron que era una locura, que el café no se daba a esa altitud, que no debería emprender ese proyecto, que no tendría éxito, recuerda Pablo Andrés, sin embargo perseveró en su emprendimiento y como no conocía nada de café, el manejo se hizo basado en la referencias de la Federación de Cafeteros, fue solo después de varios años, que descubrió el mundo del “café especial”, un “mundo completamente nuevo y apasionante” que posibilitaba una salida económica viable para este tipo de cultivos, y que podría facilitar encontrar una alternativa económica sostenible para la región. A pesar de su inexperiencia en el cultivo de café, Pablo Andrés, ahora aún más entusiasta convencido del potencial de las tierras de Nariño para producir café de alta calidad, perseveró y desarrolló una manera diferente de manejar el cultivo y producir café en la región, con el tiempo, su visión comenzó a dar frutos, y el café especial de la Hacienda El Obraje ganó reconocimiento nacional e internacional.
Sin embargo, no se conformó con ser un mero productor de café. Reconociendo la necesidad de liberarse de la intermediación de terceros, decidió tomar medidas audaces para impulsar la industria del café en Nariño. Junto con su socio José Gómez, cafetero de Buesaco, fundó una exportadora local y se propusieron representar a los pequeños productores de café de la región, brindándoles la oportunidad de exportar sus productos directamente al mercado internacional.
Mejorar la cadena de producción y comercialización del café es un trabajo fundamental que debe realizarse, “Hicimos algunas aproximaciones con la Cámara de Comercio, pero desafortunadamente no llegaron a feliz término”, explica Pablo Andrés, que concluye que si se quiere lograr resultados, se deben fundamentar en las iniciativas desde lo privado”. Con esta mentalidad emprendedora, Pablo Andrés lideró un camino hacia la autonomía y la cohesión en la industria del café en Nariño, posibilitando que muchos pequeños productores puedan exportar sus cafés, logrando mejores precios por su cosecha, abriendo las puertas a una posibilidad real de sostenibilidad económica para pequeños productores de café, y demostrando que el poder del cambio reside en la acción, la perseverancia y la determinación de lograr los resultados.
Esta visión va más allá de la producción de café; busca transformar toda una cultura en torno a esta preciada bebida. Después de establecer una cadena completa que abarca desde la producción hasta la exportación, se dio cuenta de que faltaba un eslabón crucial: brindar una experiencia de café excepcional servido en taza, que mejor que hacerlo en su propia ciudad, Pasto.
Con la finca de café y una exportadora local ya establecida, “Nació la tienda”, explica Pablo Andrés, señalando el siguiente paso en su visión empresarial. Su objetivo era crear un ambiente donde los clientes pudieran disfrutar de un buen café en un entorno agradable que reflejara la calidad del producto que estaban consumiendo y que contribuyera a la creación de la cultura del consumo del café en Nariño, tierra que se caracteriza por ser productora de cafés de la mejor calidad del mundo.
El desafío, sin embargo, no era simple, cambiar la percepción arraigada de lo que significaba tomar café en Nariño sigue siendo complejo, conocer el verdadero sabor y los atributos de un buen café requiere de un proceso que se va construyendo con el tiempo, por medio de la tienda busca educar a los consumidores sobre cómo apreciar y disfrutar realmente de una taza de café de calidad.
Uno de los primeros obstáculos fue desafiar la noción de que el café de calidad debía ser oscuro y amargo. Pablo Andrés adoptó un enfoque audaz en la región, al servir café en vasos de cristal transparente, mostrando el color natural y los matices de la bebida. “El primer choque de la gente fue decir que el café estaba muy clarito”, recuerda. Pero a medida que los clientes daban sorbo, comenzaron a apreciar la complejidad y el sabor del café de calidad.
Además de cambiar la percepción del color del café, también se buscó modificar la forma en que se consumía. En lugar de beberlo rápidamente mientras estaba caliente, alentó a los clientes a tomarlo con calma, permitiendo que se enfriara para que pudieran apreciar mejor sus sabores. Esta nueva forma de disfrutar el café no solo realzó la experiencia sensorial, sino que también desmintió el mito de que el café debía ser consumido solo para mantenerse despierto.
“El café no debería ser solo una bebida para estar alerta”, enfatiza Pablo Andrés, destacando la importancia de desmitificar las creencias comunes sobre el café. “Mucha gente tenía la percepción de que el café les causaba malestar estomacal”, agrega. A través de la educación y la experiencia práctica, se ha demostrado que un café de calidad no solo es seguro para el estómago, sino que también puede disfrutarse en cualquier momento del día sin efectos negativos.
El impacto de estos esfuerzos se hizo evidente a medida que la cultura del café comenzó a cambiar en Pasto y en toda la región de Nariño. “La gente empezó a hablar de buen café”, dice Pablo Andrés con orgullo. Ahora, numerosas tiendas en la ciudad ofrecen café especial, y los habitantes locales se sienten cada vez más orgullosos de la reputación mundial de Nariño como productor de café de alta calidad.
Pero el objetivo de Pablo Andrés va más allá de simplemente vender café. Él quiere que la gente de Nariño consuma y aprecie su propio producto. Es por eso que estableció una tostadora que no solo busca hacer negocios, sino también fomentar el consumo local. “Montamos una tostadora cuya orientación no tanto era hacer negocio con la tostadora en sí, sino tratar de fomentar a los pequeños productores para que dejen una parte de su café y lo tuesten y lo consuman su propio café”, explica.
Este enfoque ha llevado a muchos agricultores locales a comenzar a consumir su propia producción, creando un vínculo aún más profundo con su café y su tierra. Además, ha surgido una proliferación de marcas de café locales, cada una con su propia historia y conexión con la tierra de Nariño.
El impacto social y económico de estos esfuerzos ha sido significativo. No solo se ha impulsado la economía local, sino que también se ha fortalecido el sentido de identidad y orgullo entre los habitantes de Nariño. A través de su visión emprendedora y su compromiso con la calidad y la sostenibilidad, se ha demostrado que el café es mucho más que una simple bebida: es un símbolo de la cultura, la identidad y el potencial de una región.
Pablo Andrés, un visionario emprendedor con un profundo compromiso social, continúa su relato sobre la transformación de la cultura del café en Nariño. Para él, esta misión va más allá de la producción y venta de café; se trata de construir una comunidad que valore y se enorgullezca de sus recursos locales.
Una de las principales preocupaciones de Pablo Andrés es el desarrollo urbano sostenible de Pasto. Observa con tristeza cómo el centro histórico de la ciudad ha sido vulnerable a la destrucción debido a intereses económicos que prevalecen sobre el compromiso social y comunitario. A pesar de los desafíos, Pablo Andrés sigue comprometido con la idea de que el progreso económico debe ir de la mano con la preservación cultural y el bienestar de la comunidad.
Este compromiso se refleja en sus esfuerzos por mantener y promover la identidad local a través de su empresa. Reconoce que, si bien los bienes de conservación están limitados en términos de construcción y diseño, existe una oportunidad para encontrar soluciones creativas que equilibren la rentabilidad comercial con la preservación del patrimonio cultural. La tienda de café que estableció se convirtió en un símbolo tangible de esta filosofía, ofreciendo un espacio donde la comunidad puede reunirse, disfrutar de café de calidad y sentirse parte de algo más grande que ellos mismos.
El éxito obtenido en la Tasa de la Excelencia, un prestigioso premio en el mundo del café, no solo benefició a su finca, sino que también tuvo un impacto significativo en toda la región. El reconocimiento internacional de la calidad del café de Nariño no solo elevó el estatus de los productores locales, sino que también abrió nuevas oportunidades económicas para municipios enteros, como Tangua, que anteriormente no se consideraba cafetero. Ahora, con un aumento en el interés por el café especial, Pablo Andrés y su equipo se enfrentan al desafío adicional de ayudar a los pequeños productores a exportar su café y obtener precios justos por su producto.
A través de su experiencia en el sector público, Pablo Andrés ha aprendido lecciones valiosas sobre la importancia de la colaboración y la construcción de alianzas en el ámbito político. Aunque sus intentos de incursionar en la política no fueron exitosos, reconoce el valor de haberse acercado a la comunidad y haber comprendido mejor sus necesidades y aspiraciones.
El compromiso de Pablo Andrés con la accesibilidad y la comunidad se refleja en su enfoque comercial. A pesar de los altos precios asociados con el café de alta calidad, él se esfuerza por mantener precios accesibles para la comunidad local, incluso explorando opciones para productos más económicos y masivos. Su lema, “Hacemos Más Que Café, Hacemos Sueños Realidad” (“We Make More Than Coffee, We Make Dreams Happen”), refleja su visión de un futuro en el que Nariño sea, aun más, reconocido como un referente en el mercado nacional e internacional del café de calidad, al tiempo que los nariñenses consumamos lo mejor de lo que producimos.
En última instancia, Pablo Andrés no solo está construyendo un negocio exitoso, sino que está creando un legado duradero que trasciende el café. Su visión de un Nariño próspero y orgulloso de sus recursos y cultura locales continúa inspirando a otros a seguir su ejemplo y trabajar juntos hacia un futuro más brillante y sostenible para todos.
Pablo Andrés nos recuerda que su pasión por la finca y el café es el motor que impulsa su trabajo. Este mensaje de pasión y compromiso es fundamental para inspirar a otros y fomentar la participación en la industria cafetalera local. Él cree firmemente que para los emprendedores, conocer y comprender profundamente su campo de trabajo es esencial para el éxito a largo plazo.
La transformación de su antigua casa de familia en un próspero negocio de café es para Pablo Andrés un testimonio tangible del poder de la visión y la dedicación. Lo que alguna vez fue un lugar donde los carruajes de caballos entraban y salían, ahora es un espacio acogedor donde la comunidad se reúne para disfrutar de café de alta calidad y compartir experiencias.
El enfoque de Pablo Andrés en la educación y la experiencia del consumidor es evidente en cada aspecto de su negocio. Él reconoce que muchas personas no comprenden completamente las complejidades del café y, por lo tanto, se esfuerza por enseñar a sus clientes sobre la importancia de la tostión y la preparación adecuada del café. La apertura de una escuela de preparación de café es un testimonio de su compromiso de empoderar a los consumidores para que disfruten y aprecien verdaderamente esta bebida.
Una de las lecciones más importantes que Pablo Andrés ha aprendido a lo largo de su carrera es que el café es tan variado y complejo como el vino. La calidad del café no solo se mide por su sabor, sino también por su tostión, extracción y otros factores. Él busca desafiar la noción de que el café debe ser amargo y sin matices, educando a sus clientes sobre las diferentes opciones disponibles y permitiéndoles descubrir su propio gusto y preferencias.
Su compromiso con la calidad se extiende a su visión de expandir su negocio a mercados internacionales. Sin embargo, reconoce que este crecimiento debe ir de la mano con el compromiso de los productores locales de mantener altos estándares de calidad. La trazabilidad y la historia detrás de cada taza de café son aspectos fundamentales que busca promover en su búsqueda de nuevos mercados.
En última instancia, la visión de Pablo Andrés para el futuro es clara: seguir creciendo y expandiendo su negocio mientras mantiene su compromiso con la calidad y la educación. Sueña con ver el café de Nariño reconocido en todo el mundo como un símbolo de excelencia y orgullo local. Su viaje es un recordatorio inspirador de cómo la pasión, la dedicación y el compromiso pueden transformar no solo un negocio, sino también una comunidad entera.
Para Pablo Andrés y su equipo, el desafío como exportadores es claro: fortalecer a los productores locales y potenciar el turismo cafetero en Nariño. Reconoce que aunque Nariño puede tener una producción relativamente baja a nivel nacional, su estándar de calidad es excepcionalmente alto. Muchos visitantes extranjeros elogian la calidad del café de Nariño, y Pablo Andrés invita a los amantes del café a descubrir la belleza incomparable de la región.
Sin embargo, reconoce que hay mucho trabajo por hacer en términos de infraestructura turística en Nariño. Aunque las carreteras pueden ser adecuadas, la oferta de restaurantes y alojamientos es limitada. Para potenciar el turismo cafetero, es crucial fortalecer esta infraestructura y crear una experiencia completa para los visitantes.
En términos de expansión nacional e internacional, Pablo Andrés está decidido a posicionar a Nariño como un referente en la industria cafetera. La calidad excepcional del café de la región lo ha llevado a participar en concursos internacionales y a ser reconocido por expertos en todo el mundo. Sin embargo, reconoce que aún hay mucho espacio para crecer y que es necesario aumentar el consumo tanto a nivel local como nacional e internacional.
Una de las iniciativas más apasionantes de Pablo Andrés es su compromiso con la sostenibilidad ambiental. Él ve el café no solo como un negocio, sino como una oportunidad para hacer una diferencia positiva en el medio ambiente. En su finca, está implementando un modelo de negocio que destina el 30% del área total a la producción de café y el resto a la reforestación con especies nativas.
Este enfoque no solo contribuye a la conservación del medio ambiente, sino que también agrega valor a su producto. El café especial no solo se vende por su calidad, sino también por la historia y el compromiso detrás de él. Al demostrar que la producción de café puede ser sostenible y respetuosa con el medio ambiente, Pablo Andrés espera inspirar a otros a seguir su ejemplo.
La historia detrás del nombre de su finca y también su tienda de café “Obraje”, es un testimonio de la rica historia y tradición cafetera de la región. Viene de la hacienda, que alguna vez fue una de las más grandes en Tangua, Nariño, donde los trabajadores vivían en pequeñas parcelas dentro de la misma finca y pagaban un “arrendamiento en obra” por el derecho al usufructo de un área de terreno, cuando iban a la “Estancia” como se conocía el sector donde se encontraba ubicada la casa madre, a cumplir con su día de trabajo, se referían a ello diciendo que iban a cumplir con el obraje, con el tiempo este uso se generalizo y el termino convirtiéndose en nombre. Posteriormente por iniciativa de su padre, Guillermo Guerrero Navarrete, prácticamente se escrituró, por medio de venta, a precios prácticamente simbólicos, la propiedad a todas aquellas familias que vivían dentro de la hacienda, y la obligación pago en trabajo desapareció, pero el nombre “Obraje” permaneció como un recordatorio de su pasado.
Pablo Andrés está emocionado por el futuro de su finca y de la industria cafetera en Nariño. Ve el café no solo como una bebida, sino como una oportunidad para promover el desarrollo económico y social en la región. Su compromiso con la calidad, la educación y la sostenibilidad es un ejemplo inspirador de cómo el café puede ser mucho más que una simple cosecha: puede ser un motor para el cambio positivo en la comunidad y en el medio ambiente.
Hoy, el legado de Pablo Andrés Guerrero Pérez sigue vivo en cada taza de café especial que se disfruta en todo el mundo. Su visión audaz y su compromiso con la excelencia han transformado no solo la industria del café en Nariño, sino también la vida de los pequeños productores que ahora tienen la oportunidad de prosperar gracias a su liderazgo visionario. En un mundo impulsado por la innovación y el cambio, Pablo Andrés representa lo mejor de la esencia emprendedora de Nariño, donde los sueños se hacen realidad y el café es más que una bebida, es un símbolo de esperanza y oportunidad.
Esta historia hace parte del proyecto para la implementación de la política corporativa “En Nariño primero lo nuestro” de la Cámara de Comercio de Pasto. Esta iniciativa tiene como objetivo fomentar la apropiación de la marca región, visibilizar al comerciante y empresario nariñense dando a conocer sus productos y servicios, y promover en Nariño una conciencia colectiva que fortalezca la confianza en nuestra región.

