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Elegía de varones ilustres en la provincia de la Villaviciosa de los Pastos

CARLOS RESTREPO PIEDRAHITA (1916-2017): CIEN AÑOS DE UNIVERSIDAD Por Jorge Luis Piedrahita Pazmiño Cuarta y última parte En este contexto, se destaca el caso neogranadino, que ha dado pie para analizarlas en su conjunto como el “constitucionalismo revolucionario”, un total de 14 documentos de ese…

Columnista Invitado·4 de febrero de 2022·8 minutos de lectura
Elegía de varones ilustres en la provincia de la Villaviciosa de los Pastos

CARLOS RESTREPO PIEDRAHITA (1916-2017): CIEN AÑOS DE UNIVERSIDAD

Por Jorge Luis Piedrahita Pazmiño

Cuarta y última parte

En este contexto, se destaca el caso neogranadino, que ha dado pie para analizarlas en su conjunto como el “constitucionalismo revolucionario”, un total de 14 documentos de ese tipo, sin que ninguno tuviera el carácter de “nacional”, que sí tuvo por ejemplo la primera constitución de Venezuela de diciembre de 1811. Sin embargo, la historiografía tradicional entendió muy mal todas estas circunstancias del primer movimiento patriótico al reducir esa intrincada experiencia a “Patria Boba”, desconociendo así el peso de las provincias, las fisuras existentes en la sociedad colonial, las distintas experiencias de vasallaje al rey y la emergencia de nuevas identidades al hilo de la crisis

Mientras tanto, en Venezuela, con las dos primeras repúblicas, 1811-1812 y 1813-1814, fue donde más se avanzó respecto de la ruptura radical con España, por la aprobación de la constitución nacional de 1811 y la definición de la opción republicana como alternativa política. Con todo, ambas serían derrotadas por circunstancias diversas, como el terremoto de 1812 que destruyó Caracas, la falta de unidad de mando, las vacilaciones para contener las provincias refractarias, el elitista liderazgo criollo caraqueño que despreciaba los sectores populares y especialmente a los pardos, lo que propició la devastadora y sangrienta reacción de los caudillos realistas que lograron el apoyo popular de pardos y canarios. “Al ideal federalista de 1810-1815, que peyorativamente denominaron los reaccionarios “patria boba”, sucedió el macroestado central de la patria utópica, la patria imposible, la Gran Colombia

Cronológicamente la de Venezuela, 21  de diciembre de 1811 fue la primera Constitución nacional en el continente americano de filiación ibérica

La ideología liberal del iluminismo, el espíritu de las revoluciones norteamericana y francesa, la filosofía política de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 y específicamente,  la seducción por el sistema federal estadounidense, fueron las fuentes de inspiración de los independentistas de Caracas y Santafé  (p. 24)

Impugna a Rodríguez Plata y a Uribe Vargas, cuando gradúan de primer texto superior que se expidió en Colombia el Acta de la Constitución de Estado Libre e Independiente de El Socorro.

Desde el punto de vista de mira técnico y de contenido no lo es. Y no solo por los 14 sobrios enunciados sino también por el casi inexistente enunciado de las libertades, los derechos y sus garantías. No satisfacen las exigencias del artículo 16  de la Declaración Universal de los Derechos Humanos  y de un estatuto constitucional. En enfoque desprevenido, objetivo del estudio tiene que reconocer: el manifiesto y decidido espíritu de fundar un orden institucional, inspirado en los recientes modelos norteamericano y europeo de estirpe liberal –como lo previno el Acta de Independencia y lo hicieron explícito el Acta de Confederación y las Constituciones de Antioquia –que postulaba el imperio de la ley, la separación de los poderes y los derechos del hombre y del ciudadano.

Sobre el proyecto de Constitución que Bolívar preparó para discutirlo en Angostura a partir del 15 de febrero de 1819,  con su reiterado y nunca disimulado  anti bolivarianismo CRP dice: “El discurso que pronunció para sustentar su iniciativa es una de las vigas maestras de su pensamiento político y todavía los admiradores del Libertador lo invocan como ideal de la organización estatal y con nostalgia deploran que ese ideario de gobierno no hubiera logrado prevalecer como patrimonio perdurable de inspiración y acción política

“Quienes se opusieron al proyecto fueron sagaces en su presentimiento”, lapida CRP y particularmente sobre el poder moral lo califica de delirante.

CRP se detiene en el texto y contexto del Congreso Constituyente de Cúcuta, al cual también dedicó otro de sus auspiciosos ensayos. Dice que Bolívar no fue benévolo con el Congreso ni con los constituyentes particularmente los neogranadinos.

La Constitución no le satisfizo, tampoco la de Angostura.

Sólo para abrir el apetito-alegamos nosotros-, repárese en esta frase de Santander, el pretendido hombre de las leyes al cual siempre adhirió CRP: “Los congresos no son para estos tiempos urgentes”.

Muy sugestivas e iconoclastas son las que CRP designa “dos apostillas marginales”: derecho constitucional barroco y el derecho a la felicidad, y que constituyen un muy perspicaz enjuiciamiento del arte del gobierno y de la ingeniería estatal (p. 233) que se apoderó de nuestras sociedades en el siglo XIX y que lo lleva a reconocerlo como un Estado barroco.

La cultura barroca –dice- fue institución y herencia que la península ibérica trasplantó a las remotas e incipientes sociedades del nuevo mundo, donde al foráneo producto de importación le habrían de ser agregadas influencias de tradición aborigen, generándose de tal modo una especie de barroco indiano, hoy barroco latinoamericano según la ideología del contemporáneo código cultural.

Y debido a la gentileza de Fernando Hinestrosa que le proporcionó un texto de Germain Bazin pudo compartir que  “si monarquía e Iglesia española en mancomún se robustecieron para beneficio de sus respectivos designios de poder, la también común empresa de absolutismo político y evangelización absolutista en América, les sería recíprocamente a ambas aún más provechosa como lo fue. Y a la hora de las independencias iberoamericanas, la cultura barroca aclimatada en estas landas hallábase con plenitud de vigor, cuando ya en  el resto de Europa había pasado a ser historia”

Cultura barroca “tercermundista” diríamos hoy de aquella foránea mercancía despachada desde Cádiz para indigestible consumo de analfabetos.

-VI-

En más de 70 años de estudiar el Derecho, Restrepo Piedrahita reunió más de 22.000 libros de todos los tiempos, todos los países y de todos los idiomas, que en 1988 donó a la Universidad Externado. Con este tesoro, la universidad creó el Instituto de Estudios Constitucionales Carlos Restrepo Piedrahita, donde habita cada molécula de lo que él fue: sus libros, sus menciones, sus medallas, su Cruz de Boyacá en el grado máximo que le colgó el Presidente Gaviria, sus placas con toda la historia del poder en Colombia, su colección de más de 50 búhos, sus 1.150 discos de música clásica y los cientos de cartas, documentos y felicitaciones que durante toda su vida lo esmaltaron dignatarios, extranjeros y nacionales.

Su oficina, mayestática, solvente, estaba llena de símbolos, un afiche de Nietzsche, búhos, uno de ellos sirvió de amuleto editorial del Externado; su  emblemática frase creada por él mismo: “Universidad Externado de Colombia, Cien años educando para la libertad”, libros, pergaminos y documentos por doquier en varios idiomas, la revista alemana Spiegel.  Admiraba a los arios, fue diplomático allí en dos épocas, leyó y abrevó en Nietzsche, descubrió en uno de sus viajes la verdadera piedra de Zaratustra, en un lago de Suiza. Tan preciosista y meticuloso –manes de ser diplomático de vocación y de carrera ¡! – alguna vez me disciplinó la ortografía del nombre del doctor Vásquez Carrizosa que debía escribirse como él lo estilaba y ni siquiera como lo llevaba su propio padre: Vázquez Carrizosa, “porque uno es dueño de su nombre”.

Conoció a Stalin, a Billy Brandt, Konrad Adenauer, a Sandro Pertini, a Harold Lasky, a quien entrevistó en Moscú;  compartió vidas paralelas como profesores y estadistas con personajes tales como Georges Pompidou, Raymond Barre, Herriot, Guy Mollet, W. Wilson autor de 15 tomos de Derecho Público o de Winston Churchill, su Historia de los pueblos de habla inglesa. En la comunidad andina con Rafael Caldera, Ramón J. Velásquez, Víctor Andrés Belaúnde, Velasco Ibarra y Rodrigo Borja, emblemáticos constitucionalistas.   Como dijo Diego Valadés, Carlos Restrepo fue un gran constitucionalista y uno de sus pilares, pues recorrió toda América del sur, México y toda Europa; conoció y trabó serias relaciones académicas y docentes con Jorge Carpizo, Héctor Fix-Zamudio, Domingo García Belaunde, Jorge Madrazo, Humberto Nogueira Alcalá, Alfonso da Silva, Jorge Vanossi, Pedro de Vega, Giuseppe de Vergotinni, Roversi Mónaco y Allan Brewer Carias entre muchos otros constitucionalistas de Europa y América. Con ellos organizó y participó en decenas de encuentros, coloquios, seminarios y congresos en los que brilló con sus ponencias, discursos y reflexiones como en el inolvidable coloquio sobre justicia constitucional de Sochagota en 1977

“Oriundo de esta Universidad, donde hace 50 años recibió su grado profesional de jurisconsulto, con disciplina admirable se dedicó a escudriñar en distintas culturas, abrevadas en su propia fuente, relación e influencias mutuas de la política y el derecho, al igual  que la manera como las vicisitudes  de esos movimientos han determinado el devenir de la especie, para en seguida dedicarse con pasión y patriotismo al descubrimiento, análisis  y juicio de  multitud de hechos, episodios, documentos políticos y jurídicos nacionales, desde la propia declaración de independencia hasta el presente,  muchos sepultados, otros relegados, cuántos tomados a la ligera, cuando no tergiversados, provisto de una curiosidad intelectual inagotable, apenas parangonable  en magnitud y rigor con honestidad…  Y a todos nos ha transmitido su aplicación académica y contagiado su fe en la juventud, su amor a la patria.  El cree en el derecho, en la democracia, en la justicia, y profesa esa fe laica, liberal, cívica, optimista que distingue a nuestra Universidad” (Dijo Fernando Hinestrosa de CRP).

Expositor del presidencialismo latinoamericano y de lo que llamó la cultura del barroco o el híper presidencialismo. Presto a la defensa de la filosofía liberal, a la lucha contra los autoritarismos y a desnudar los fanatismos de todas las estofas que aún hallan asidero y auditorio. Vengan sólo estas tres máximas de su caudaloso ideario: “El Derecho Público Constitucional es ante todo, históricamente el derecho a la libertad política y la defensa de la libertad impone tomar posiciones estratégicas frente a las inexhaustas y siempre amenazantes legiones de despotismo”. “Es cierto que les enseñé a los tiranos cómo se conquista el poder, pero también les enseñé a los pueblos cómo deshacerse de ellos”. “La fuerza jamás oprime una idea durante mucho tiempo, pues una idea oprimida no tarda en ser generadora de fuerza.”

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