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El último trazo de la rebeldía. Muere Marjane Satrapi, la dibujante de la resistencia

Por: Tirso Benavides Benavides El mundo del cómic, el cine y la defensa de las libertades humanas ha quedado un poco más oscuro. Marjane Satrapi, la célebre ilustradora y cineasta franco-iraní, ha fallecido en París a los 56 años. Según un doloroso comunicado de su familia, la autora “falleció de…

Tirso Benavides Benavides·4 de junio de 2026·4 minutos de lectura
El último trazo de la rebeldía. Muere Marjane Satrapi, la dibujante de la resistencia

Por: Tirso Benavides Benavides

El mundo del cómic, el cine y la defensa de las libertades humanas ha quedado un poco más oscuro. Marjane Satrapi, la célebre ilustradora y cineasta franco-iraní, ha fallecido en París a los 56 años. Según un doloroso comunicado de su familia, la autora “falleció de tristeza”, apenas un año después de la pérdida de su esposo y compañero de vida, Mattias Ripa. Se va una creadora explosiva, fumadora empedernida, de respuestas afiladas y principios inquebrantables, que logró convertir la memoria de su infancia en Teherán en una brújula universal contra el fanatismo.

Satrapi no solo dibujaba, ella testificaba a través de la tinta. Con una obra que cambió las reglas del juego de la novela gráfica, demostró que el dibujo en blanco y negro —lejos de ser un recurso menor— puede ser la forma más pura y visceral de la memoria humana.

Nacida en Rasht (Irán) en 1969, en el seno de una familia acomodada y de profundas convicciones progresistas, Marjane creció en un ambiente que combinaba la influencia de la cultura occidental con el orgullo de la historia persa. Sin embargo, su infancia quedó partida en dos por la Revolución Islámica de 1979. Lo que al principio parecía una promesa de libertad contra la dictadura del Sha derivó rápidamente en una teocracia represiva que persiguió la disidencia y confinó a las mujeres detrás del velo obligatorio.

Para protegerla de un entorno que asfixiaba su naturaleza rebelde, sus padres la enviaron a estudiar a Viena a los 14 años. Ese choque cultural, marcado por la soledad, el desarraigo y el racismo, forjó la mirada crítica de Satrapi. Tras un breve e infructuoso regreso a Irán, se instaló definitivamente en Francia en 1994, donde estudió en la Escuela de Artes Decorativas de Estrasburgo y encontró el hogar definitivo para su arte.

Publicada en el año 2000, Persépolis, su creación más trascendente, nació sin que su autora creyera siquiera que encontraría un editor. Al final, se convirtió en un fenómeno de masas, un hito del noveno arte que la crítica sitúa al mismo nivel que el Maus de Art Spiegelman.

A través de los ojos de “Marji” —su alter ego infantil y adolescente—, el lector no asiste a una aburrida lección de geopolítica de Oriente Medio. Asiste al dolor de ver cómo el Estado se apropia de los cuerpos, cómo se prohíbe la música punk o los tenis Nike.

La obra dio el salto al cine en 2007 en una adaptación codirigida junto a Vincent Paronnaud. El filme ganó el Gran Premio del Jurado en Cannes y logró la primera nominación al Óscar a Mejor Película de Animación para una mujer en la historia de los premios.

El valor político de Satrapi reside en su capacidad para desmontar los prejuicios de Occidente hacia Irán. Con Persépolis, y más tarde con Bordados, una brillante e irreverente inmersión en las tertulias íntimas de las mujeres iraníes sobre sexo y amor, y Pollo con ciruelas, la autora recordó que el pueblo iraní no es una masa homogénea de fanáticos religiosos. Irán es un país habitado por personas que aman, ríen, leen poesía y resisten en la clandestinidad.

Su activismo nunca fue de medias tintas. En 2023, coordinó el libro colectivo Mujer. Vida. Libertad, una “brigada internacional” del cómic nacida para visibilizar la revolución feminista desatada tras el asesinato de la joven Mahsa Amini a manos de la policía de la moral. Pese a detestar profundamente el velo islámico, su defensa de la libertad individual era tan radical que llegó a afirmar: “Pelearé para que las mujeres puedan llevar el velo, aunque yo lo deteste, porque considero que los derechos humanos son superiores a mi punto de vista personal”.

En 2024, Marjane Satrapi recibió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. El jurado la describió como “un símbolo del compromiso cívico liderado por las mujeres”. Ella, fiel a su estilo, dedicó el galardón a un compatriota, el rapero encarcelado Toomaj Salehi, calificándolo como “la voz de todo el país”.

Satrapi pasó los últimos 23 años de su vida sin poder regresar a su tierra natal. Aunque durante mucho tiempo dudó de volver a pisar Irán, las recientes protestas de las mujeres le devolvieron la esperanza. Nos queda el consuelo de saber que, aunque su cuerpo descanse en París, su espíritu libre y sus trazos de tinta si regresaron a Teherán, quedando sembrados en la memoria de las nuevas generaciones que hoy gritan por su libertad.

Descanse en paz, y ¡gracias!.

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