El Neotremendismo es una corriente literaria que nace en América Latina como respuesta a un tiempo de incertidumbre, fragmentación y desencanto. Frente a un lenguaje domesticado por el mercado o reducido a simple ornamento, el Neotremendismo propone recuperar la fuerza vital de la palabra en su estado originario: directa, auténtica, sin concesiones. Se trata de un movimiento que no se limita al ejercicio estético, sino que asume una postura ética y política frente a la existencia, la sociedad y la historia.
Voces que confluyen
Este proyecto no es obra de un solo autor, sino un entramado de voces que enriquecen el movimiento desde distintos ángulos:
Carlos Eduardo Lagos Campos, poeta latinoamericano y creador del género literario del Neotremendismo. Gestor cultural y promotor de iniciativas editoriales (Editorial Centro de Pensamiento Libre). Presidente del Centro de Pensamiento Libre y director del programa Sapiens. Su actividad combina la creación poética con la edición y la gestión cultural en portales digitales y medios alternativos; ha promovido además proyectos sociales y de seguridad alimentaria vinculados al trabajo comunitario. Su obra y labor pública se orientan a articular memoria, resistencia y compromiso ético.
Profesor Andrés Calle Noreña, filósofo, comunicador y profesor universitario (Universidad de Manizales). Representante de la plataforma de instituciones de Caldas para la MOE (Misión de Observación Electoral). Su perfil combina reflexión filosófica, comunicación y pedagogía; su aporte al Neotremendismo es un sesgo crítico, reflexivo y pedagógico. El poema “Y van a ver” es de su autoría, pieza que juega con la ironía, la intertextualidad y la crítica a la retórica vacía.
PhD. Pbro. Manuel Dolores Chamorro, sacerdote católico con formación teológica y doctorado en Derecho Canónico. Vicario en la diócesis de Ipiales y párroco del Santuario de Nuestra Señora de las Lajas. Periodista y agente pastoral con larga experiencia en trabajo comunitario y proyectos sociales. Su producción literaria subraya la intersección entre fe, denuncia social y esperanza.
Octavio Cruz González, agrónomo y ambientalista del Valle del Cauca, especialista en conservación ecológica y desarrollo sostenible. Su labor se centra en la educación ambiental y la promoción de prácticas agrícolas responsables, articulando ciencia agronómica y conciencia ecológica comunitaria.
Maestro Alejandro Gamboa, pintor tolimense. Fusiona cubismo, neoclasicismo (inspirado en Jacques-Louis David) y romanticismo beligerante (Delacroix). Su obra aborda temáticas sociales y de memoria, incluido el conflicto armado.
Vivi Guerrero (Vivi G), cantautora nariñense. Su música combina identidad regional, denuncia social y fusión de ritmos urbanos con raíces del Pacífico. Ha realizado giras internacionales en Europa, Medio Oriente y América Latina, difundiendo la cultura nariñense en escenarios globales.
Poesía como resistencia
El poema “Resiste”, de Carlos Eduardo Lagos Campos, se ha convertido en una suerte de manifiesto neotremendista. Su reiteración insistente de la palabra resiste construye un himno contra la adversidad: la infancia, la escuela, la soledad, el fracaso, la injusticia, la vejez y hasta la muerte aparecen como pruebas inevitables, frente a las cuales la única respuesta posible es la resistencia.
En diálogo con este espíritu, el poema “La chispa creativa” revela la energía de la imaginación como motor de transformación. Allí, la creatividad no es mero artificio, sino fuego que se enciende en medio de la rutina y la desesperanza, invitando a reinventar la existencia.
El desencanto y la memoria
Otros poemas profundizan en la tensión entre desencanto y esperanza. “El éxodo de la esperanza” evoca la travesía de los pueblos en busca de dignidad, recordando que la poesía también es un acto colectivo de memoria.
El poema “Viajaron de noche” rescata la travesía de los padres del autor en busca de una tierra prometida, con profunda carga de resiliencia y memoria familiar.
“Eso que llaman plebiscito” entrelaza la experiencia íntima y la historia política, evocando la figura materna y la dimensión personal de las decisiones colectivas.
Finalmente, “La niña del caldero”, poema anónimo resignificado por Carlos Lagos, ofrece una imagen entrañable: una niña de pie frente a un caldero sobre una silla de madera, preparando alimentos para sus hermanitos, ayudándoles con las tareas y vistiéndolos de gala, con pompa y corbatín cuando la ocasión lo amerita. Una escena de ternura y dignidad que convierte lo cotidiano en trascendencia poética.
La denuncia ética y la crítica cultural
El Neotremendismo no elude la denuncia. Obras como “Eso que llaman plebiscito” y “El éxodo de la esperanza” interpelan a la humanidad desde una perspectiva ética, denunciando la desigualdad, la injusticia y la ambición desmedida como motores de exclusión.
Por su parte, “Y van a ver” (del profesor Andrés Calle) explora la relación del poeta con la tradición literaria y el lenguaje. Entre ironía, referencias intertextuales y crítica a la retórica vacía, se convierte en un homenaje a la palabra como herencia cultural.
El arte expandido en el Neotremendismo
El movimiento no solo se nutre de la palabra escrita: también dialoga con otras expresiones artísticas que amplían su horizonte.
Vivi Guerrero (Vivi G) aporta desde la música una fuerza singular: su voz, mezcla de raíz pacífica y fusión urbana, convierte cada canción en un grito de resistencia cultural. Sus giras internacionales han llevado el espíritu neotremendista a escenarios globales, donde la identidad regional se transforma en mensaje universal.
Octavio Cruz González, desde la ciencia y el activismo ambiental, aporta una dimensión profundamente ecológica. Sus reflexiones y prácticas sobre el cuidado de la tierra encarnan la poesía de lo vivo, recordando que el territorio es también un texto que debe ser leído, defendido y cultivado.
El maestro Alejandro Gamboa, con su pintura, amplía la poética del movimiento al terreno visual. Sus lienzos, atravesados por la memoria del conflicto y el dolor colectivo, son también un acto de resistencia. En su obra, la estética dialoga con la ética, reafirmando la convicción de que el arte debe incomodar, conmover y despertar conciencia.
Una estética de lo auténtico
El Neotremendismo articula estas obras en un horizonte común: el rechazo a lo superficial, la defensa de lo auténtico y la apuesta por una poesía que no se conforma con el artificio, sino que busca conmover, incomodar y transformar.
Es, en este sentido, un movimiento profundamente latinoamericano: nacido en la experiencia de la resistencia, nutrido por la memoria de los pueblos y abierto al diálogo con la tradición universal.
Presencia territorial
El Neotremendismo ha germinado en distintas regiones de Colombia, donde la palabra dialoga con la vida comunitaria y la tradición cultural:
San Antonio y Chaparral en el Tolima.
Imués, Pasto y El Contadero en Nariño.
Cali, Ibagué, Caldas y la sabana de Bogotá D.C.
Estos espacios han sido escenarios fértiles donde la poesía y el arte se entrelazan con las luchas sociales y la memoria popular.
El Neotremendismo, en suma, no es solo una corriente literaria: es una poética de la resistencia y de la autenticidad. Un llamado a recuperar la palabra como fuerza transformadora, a no dejarla reducir al adorno vacío ni al producto de mercado.
Confluyen aquí voces diversas —poetas, músicos, pintores, ambientalistas, filósofos y sacerdotes— que, desde sus ámbitos, alimentan un mismo horizonte: el de una humanidad que resiste, recuerda y sueña.
En un tiempo de desencanto, el Neotremendismo propone la palabra como chispa vital. Una chispa que resiste. Una chispa que recuerda. Una chispa que transforma.
El Neotremendismo, en su esencia, es mucho más que una propuesta literaria: es una ética de vida, una resistencia poética y cultural, un llamado a ser auténticos en un mundo que insiste en uniformarnos. Sus voces —desde la palabra escrita hasta el canto, la pintura y la defensa de la tierra— son testimonio de que la creación artística sigue siendo uno de los últimos refugios de la dignidad humana.
Y como diría la propia poética neotremendista: la palabra es llama, la música es eco, la pintura es memoria, y juntas se convierten en resistencia y esperanza.

