Pablo Emilio Obando A.
Reitero: existen instituciones educativas que cambian sus paredes, renuevan sus salones y adquieren nuevos equipos tecnológicos. Y hay otras que, además de transformar su infraestructura, consiguen algo mucho más trascendente: transformar su manera de comprender la educación, reconocer su territorio y construir futuro desde su propia identidad. La Institución Educativa Municipal El Encano pertenece a esta categoría.
En nuestra reciente visita a esta comunidad educativa, bajo la dirección del magíster Balmores Sigifredo Ibarra, tuvimos la oportunidad de conocer una experiencia que merece reconocimiento, acompañamiento y, sobre todo, visibilidad.
Recuerdo que hace aproximadamente nueve años realizamos un informe sobre las condiciones de infraestructura de esta institución. El panorama era desalentador: instalaciones deterioradas, goteras, carencias, abandono y espacios que distaban mucho de ofrecer condiciones dignas para el desarrollo de los procesos educativos. Hoy encontramos una realidad completamente diferente. Una institución renovada, moderna, con escenarios pedagógicos apropiados, aulas dignas, recursos tecnológicos y, fundamentalmente, un equipo humano comprometido con la formación de sus estudiantes.
Pero sería injusto reducir esta transformación a una obra de infraestructura. Lo verdaderamente importante está sucediendo dentro de sus aulas, en sus proyectos, en sus relaciones comunitarias y en la manera como sus estudiantes aprenden a reconocerse como habitantes de un territorio privilegiado por su riqueza natural y cultural.
La propuesta educativa de El Encano tiene una característica que merece destacarse: el territorio es también un espacio de aprendizaje. Su fauna, su flora, sus paisajes, sus fuentes hídricas, sus tradiciones y sus expresiones culturales dejan de ser elementos externos al currículo para convertirse en protagonistas de la experiencia pedagógica.
Bajo las orientaciones de la política educativa PIEMSA, se promueven relaciones respetuosas, reconocimiento del contexto y construcción de identidad. Allí conviven comunidades indígenas y campesinas que han conseguido tejer vínculos de entendimiento, respeto y trabajo colectivo. Sus saberes, tradiciones y experiencias no se excluyen: dialogan, se complementan y enriquecen la formación de las nuevas generaciones.
Pudimos apreciar clases participativas, metodologías activas, salidas ecológicas y experiencias en las cuales los niños y jóvenes aprenden observando, explorando y viviendo su propio entorno. No se trata únicamente de estudiar la naturaleza en los libros, sino de conocerla, comprenderla, protegerla y asumir responsabilidades frente a ella.
Los centros de interés constituyen otra apuesta significativa. Son espacios para construir una cosmovisión propia, reconocer las diferencias y descubrir también las convergencias culturales. Porque educar no significa uniformar el pensamiento, sino ofrecer herramientas para comprender la diversidad y aprender a convivir.
A esta experiencia se suma una importante articulación interinstitucional. Los convenios con Comfamiliar, mediante las jornadas educativas complementarias; el SENA, con la formación tecnológica en restaurante y bares; la Universidad de Nariño, la Universidad Mariana y otras organizaciones, amplían las posibilidades de formación y proyección de los estudiantes.
Particular importancia tiene la formación que ofrece el SENA, pues permite que los jóvenes desarrollen competencias para el emprendimiento, el turismo, la prestación de servicios y la transformación económica de su región. Son conocimientos que pueden llegar a sus hogares, fortalecer iniciativas familiares, generar oportunidades y convertir el potencial turístico de El Encano en una alternativa de desarrollo sostenible.
También se destacan los proyectos ambientales con Veolia, las iniciativas culturales y comunitarias articuladas con el cabildo, los procesos de música, oralidad y juegos, así como el trabajo con la biblioteca pública para fortalecer las competencias lectoras y escritoras. Esta suma de esfuerzos demuestra que la educación integral no se construye exclusivamente desde el aula: necesita alianzas, voluntades y compromisos compartidos.
Durante el encuentro conocimos al coordinador académico, magíster José Luis Revelo, quien nos presentó una iniciativa que merece especial atención: la creación de estaciones de monitoreo científico y conocimiento del agua. Se trata de una propuesta para que las diferentes sedes desarrollen procesos de observación, investigación y seguimiento de las fuentes hídricas, comprendan su importancia, estudien sus condiciones y promuevan su conservación.
¡Qué extraordinaria oportunidad pedagógica! Que un estudiante de El Encano pueda convertirse en investigador de su propia realidad, conocer el comportamiento del agua, reconocer sus fuentes, comprender los riesgos que amenazan su disponibilidad y participar en su protección constituye una experiencia educativa de enorme valor.
La laguna de La Cocha no puede ser solamente un paisaje para contemplar o un atractivo turístico. Debe convertirse también en un escenario permanente de investigación, conocimiento, responsabilidad ambiental y formación científica. Por eso consideramos que este proyecto necesita el respaldo de la institucionalidad, los sectores productivos, los empresarios y la comunidad en general.
Hay, sin embargo, necesidades que no podemos desconocer. Algunos proyectos deportivos se encuentran limitados por la falta de implementos básicos, como balones de fútbol, baloncesto y voleibol. Desde estas líneas hacemos un llamado respetuoso a los empresarios, comerciantes, organizaciones y personas solidarias para que acompañen estas iniciativas. Una contribución, por pequeña que parezca, puede convertirse en una oportunidad para que un niño encuentre en el deporte, la cultura y la recreación nuevos caminos de formación.
En nuestro encuentro participaron representantes de los diferentes estamentos de la comunidad educativa: Francisco Sulai, Cecilia Baca, Silvio López, Joana Jojoa, contralora estudiantil; David Acosta, personero estudiantil; Estefanía Buesaquillo, coordinadora de los centros educativos; Cruz Elena Benavides, docente; Lilith Bustos, representante de uno de los sectores de la comunidad, y Jairo Quarán, egresado de la institución. Su presencia permitió reconocer la importancia de una dirección participativa, donde estudiantes, docentes, egresados y representantes comunitarios tienen voz y hacen parte de la construcción institucional.
Nuestro reconocimiento al rector, magíster Balmore Sigifredo Ibarra, por su liderazgo; al coordinador académico, magíster José Luis Rebelo; al equipo docente, por su preparación, compromiso y vocación; y a cada uno de los integrantes de los órganos de dirección y participación. Una institución educativa no se construye con voluntades individuales, sino con equipos capaces de compartir propósitos y trabajar por objetivos comunes.
También expresamos nuestro reconocimiento a la Alcaldía Municipal de Pasto y a la Secretaría de Educación Municipal por el acompañamiento a los programas, las capacitaciones y las iniciativas que contribuyen al fortalecimiento de esta comunidad educativa. La transformación de El Encano demuestra que cuando la inversión pública, la gestión institucional y el compromiso de los educadores coinciden, los resultados pueden cambiar profundamente la vida de una comunidad.
Nos marchamos con una convicción: la educación de calidad no consiste únicamente en tener mejores edificios, computadores o instalaciones. Consiste en formar seres humanos capaces de comprender su territorio, valorar sus raíces, investigar su realidad, proteger la naturaleza, convivir en la diferencia y construir oportunidades para sus comunidades.
El Encano nos demuestra que es posible educar desde lo propio, aprender de la naturaleza y convertir la identidad cultural en una fortaleza pedagógica.
Hace nueve años encontramos una infraestructura que reclamaba atención. Hoy encontramos una comunidad educativa que inspira reconocimiento y esperanza. La transformación está a la vista, pero el camino continúa.
Desde la Subsecretaría de Calidad Educativa de Pasto reiteramos nuestro compromiso de acompañar estas experiencias, fortalecer sus procesos y contribuir a que cada institución encuentre en su propia realidad las oportunidades para mejorar.
Porque la educación no puede ser una responsabilidad exclusiva de los maestros ni una tarea aislada de las instituciones. Debe ser un pacto común entre la familia, la escuela, el Estado y la sociedad.
El compromiso sigue: hagamos de la educación un pacto común.

