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El bloqueo de la vía panamericana

Vicente Apráez Apráez La solución al gravísimo problema que desde hace casi quince días confronta mi departamento por el bloqueo de La Carretera Panamericana, es proporcional a la incuria con que el Gobierno Nacional lo afronta con un cargador y un par de volquetas. De veras que ni los medios ni…

Columnista Invitado·20 de mayo de 2022·2 minutos de lectura
El bloqueo de la vía panamericana

Vicente Apráez Apráez

La solución al gravísimo problema que desde hace casi quince días confronta mi departamento por el bloqueo de La Carretera Panamericana, es proporcional a la incuria con que el Gobierno Nacional lo afronta con un cargador y un par de volquetas. De veras que ni los medios ni nadie dimensiona las repercusiones que en los órdenes económicos y sociales se avecinan. Esto me recuerda la nefanda injusticia cometida por el Mandato Claro, cuando para solucionar la crisis generada por la tragedia de 1975 en Quebrada Blanca, departamento del Meta, sin que lo de Nariño importara, resolvió echar mano a los recursos empleados en la construcción del puente sobre el Juanambú, y con ello colapsó los trabajos. Consiente de la sobreviniente crisis, de inmediato convoque al Comité Intergremial que con la Cámara de Comercio de Pasto presidia, y con ellos, a falta de voceros políticos y administrativos, en la aspiración de prontas soluciones primero elevamos respetuosas peticiones que pronto se convirtieron en enérgicos reclamos. No obstante y a pesar de ellos, como era usual que sucediese frente a nuestros problemas, tropezamos con la inexpugnable muralla que desde la independencia, por completo bloquea todas las posibilidades de ser tenidos en cuenta como colombianos.

De esa manera, habida cuenta de la apremiante situación y consciente de que con ello estaba sacrificando mi amistad con el presidente López Michelsen, y por ende mi futuro político, desde el liderazgo gremial promoví y convoqué al paro de carácter general, que no cesó sino cuando las circunstancias, de mala gana forzaron la orden de reintegrar las partidas y proveer la inmediata prosecución de la obra.

Resulta lamentable observar cómo, a pesar de la relevante gravedad del actual problema, la pusilanimidad de las autoridades, de los gremios y los comités, les hace estar ausentes, y sin que les hierva la sangre, omiten  levantarse, protestar y tomar medidas proporcionadas a la situación. La parálisis que se avecina, de seguro promoverá entre nosotros peores repercusiones que estas del desgobierno que durante el presente cuatrienio ha soportado Colombia.

Me estremezco al recordar eso que aparentemente ya nadie tiene presente, cuando antes 1976, para llegar a Cali, por doce (12) o más horas debían  recorrerse los tortuosos caminos habilitados para el paso de las tropas del conflicto con el Perú, en una vuelta que siguiendo los trazos cordilleranos, en buena forma se resolvió con la implementación de la nueva vía que, a partir de Chachagüi y a través del Patía conduce a Popayán.

Eso de resignar la solución del problema a las rutas de antes, (así ahora cuenten con el pavimento que pronto desaparecerá bajo el peso de las tracto mulas), sería como invitar a que la clase política actual atalajase las recuas que antaño usaban los patricios, cuando desde allá concurrían al parlamento con la dignidad que jamás tendrán los mediocres de ahora.

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