La palabra aco procede del quechua: acu que significa harina. Es un comestible que se prepara con uno de los siguientes cereales: maíz tostado, cebada o trigo que son molidos finamente y a los que se le adiciona panela molida, o azúcar. Por eso se hablaba de “aco de maíz” o “aco de cebada”. Los nariñenses lo consideran un comestible dulce. En la colonia y hasta aproximadamente 1960, para obtener una harina tan delicada, los cereales se ponían en el fondo de un caquero, recipiente elaborado con un tronco ancho al que se le abría un amplio hueco. Los cereales eran pulverizados gracias a los golpes uniformes de manos expertas. Otras personas, usaban las piedras de moler, o compraban la harina que se obtenía de los molinos que eran agitados por las corrientes de las quebradas de Chapal o Mijitayo, entre otras. Ya en el siglo XX, empleaban el molino manual. Desde un punto de vista nutricional, el alimento provee de proteínas vegetales, calorías y sal; agregándole agua puede ser suficiente para sobrevivir por varios días.
En el siglo XIX, esa información la conocían los indígenas cargueros quienes caminaban desde el altiplano de Túquerres e Ipiales hasta Barbacoas portando en sus espaldas canastos con personas, alimentos, u otras mercancías. Eran largos trayectos que en una sola dirección podían significar hasta catorce días de viaje. El aco en numerosas ocasiones era su único alimento, al que en un mate le agregaban agua y lo mezclaban con una cuchara de palo. Tenía la ventaja de que no se dañaba en la selva húmeda del Pacífico. Igualmente, nuestros antepasados lo llevaban entre sus provisiones al desplazarse entre las diversas poblaciones de Nariño, bien fuera a pie, en mula o a caballo. Además, era un alimento infaltable para los excursionistas.
Aproximadamente, hasta los años sesenta del siglo XX, el aco se preparaba en las casas y las madres les ofrecían este delicioso alimento a sus familias. También se vendía en las tiendas de Pasto en pequeños cucuruchos de papel. Golosina para los estudiantes que lo adquiría al salir de sus escuelas y colegios. Se consumían con agua, disuelto en un vaso de leche, o se comía solo con cuchara. Cuando se saboreaba en polvo había que hacerlo con cuidado, pues en exceso se corría el peligro de un fuerte achucón. En la actualidad, el aco nariñense se fabrica de manera artesanal. Se compra en tiendas de los barrios de San Lorenzo y El Mercedario, en Pasto. Este alimento ancestral corre el riesgo de desaparecer, por esa razón, la sociedad y las autoridades necesitan conocerlo, protegerlo y consumirlo.
Este texto es un escrito colaborativo elaborado gracias a la tradición oral y a los recuerdos de los integrantes de la Academia Nariñense, junto con sus buenos amigos que compartieron con generosidad sus testimonios. También existen referencias en algunos libros de viajeros que en los siglos XIX y XX caminaron por el departamento.
Pasto, 24 de junio de 2025.

