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El abucheo a Calamaro por su olé a los taurinos, otro episodio de cancelación wokista

Por Tirso Benavides Benavides Calamaro cantaba La Flaca, ya terminando su concierto en Cali, una fecha incluida en la gira Agenda 1999 Tour, con motivo de los 25 años de uno de los álbumes más populares del músico argentino: Honestidad Brutal. Honestidad que puso a prueba al público cuando con su…

Tirso Benavides Benavides·3 de junio de 2025·6 minutos de lectura
El abucheo a Calamaro por su olé a los taurinos, otro episodio de cancelación wokista

Por Tirso Benavides Benavides

Calamaro cantaba La Flaca, ya terminando su concierto en Cali, una fecha incluida en la gira Agenda 1999 Tour, con motivo de los 25 años de uno de los álbumes más populares del músico argentino: Honestidad Brutal. Honestidad que puso a prueba al público cuando con su chaqueta de cuero (seguramente de cuero bovino) hizo algunos pases de toreo, una verónica mal hecha, que suscitó el chiflido de buena parte del auditorio. Añadió además un saludo a los ganaderos, matadores, banderilleros y hasta a los toros de lidia que han perdido sus puestos de trabajo porque ahora la tradición taurina es políticamente incorrecta. El abucheó subió de tono, a lo que el artista respondió: “Lo siento, están cancelados, bloqueados. Hasta nunca”.

Cancelados. Aunque el cancelado fue él, se hicieron virales en las redes las críticas al cantante, invitaciones a no asistir a sus conciertos y hasta ofertas de entradas a sus presentaciones pendientes con precios que son una verdadera ganga, todo por aparentar y por estar dentro de las corrientes aceptadas socialmente.

Claro que Calamaro puede decidir no volver a presentarse nunca en la capital del Valle, está en su derecho, quién va a cantar obligado, así sea en la sucursal del cielo. De igual forma cualquiera tiene el derecho de dejar de oír la música del rockero, dejar de seguirlo en redes, no ir a sus conciertos, pero hasta ahí, sin llegar a casos más extremos que son simple censura, lo que se ha vuelto habitual con este fenómeno que es una de las herramientas preferidas del wokismo.

El wokismo, ese movimiento que nació hace ya unos años en Estados Unidos y cuyo nombre viene del término wake up (estar despierto), y que ha apoyado causas como el rechazo a los abusos policiales contra la comunidad afro o el publicitado Mee Too, en donde quedó en evidencia el acoso sexual como una práctica normalizada en el mundo del espectáculo gringo, causas válidas sin duda, pero con el tiempo el wokismo se ha convertido en una especie de dictadura que busca imponer sus ideas, sin importar pasar por encima de los que piensan diferente, limitando la libre expresión de otros y debilitando el debate democrático, llegando a casos de censura que rayan en lo absurdo y que han sacado de circulación obras que se consideraban un clásico.

Ser woke se ha vuelto una moda, y esa comunidad cada vez más grande pasa sin pensarlo dos veces por encima de las minorías, algo contrario a lo que motivó su origen. Si no piensas como nosotros te cancelamos, desapareces, parece ser su modus operandi, y les ha funcionado.

El mejor ejemplo es la famosa película Lo que el Viento se Llevó, film que HBO eliminó se su plataforma de streaming ante las presiones de grupos que la consideraron racista porque mostraba escenas de esclavitud. ¿Y qué querían? Si esa era la realidad que existía en la época que retrata el libro publicado en 1936 y la cinta de 1939. La humanidad está lejos de ser perfecta y la historia está llena de errores, que no se deben invisibilizar, así a ojos de los críticos de estos días merezcan ser ignoradas por ir en contra de una moral que se quiere imponer, sin respetar ni siquiera la diferencia de contextos que representa el paso del tiempo.

Se está juzgando el pasado con la mentalidad del presente, y eso ha llevado a casos tan absurdos como el ya citado. Algunos de los autores del Boom latinoamericano han sido cuestionados por sus posiciones machistas, posiciones dominantes cuando escribieron sus obras. Nabokov no ha estado exento de ataques por su inquietante Lolita y así, los ejemplos abundan. Un peligro para la libertad artística y para la conservación del patrimonio cultural, hasta de la misma historia.

Volviendo al cuento de Calamaro, quien con 63 años y ante un público cuyo promedio podría rondar los 40, no vio problema en saludar a los simpatizantes de la fiesta brava. Toda una tradición en Latinoamérica, con la que el cantante creció. Creo que no anticipó lo que se le iba venir encima, menos en una ciudad en donde su famosa Feria giró siempre en torno a las corridas de toros y estando precisamente en la plaza de Cañaveralejo, arena donde ha corrido sangre, como lo confirma una famosa canción del grupo Niche, que tal vez ya no esté en su repertorio, así como la Ingrata ya no hace parte de la lista de canciones de Café Tacuva, porque la cultura de la cancelación conlleva a la autocensura. El temor a salirse de lo que colectivamente se considera correcto limita la individualidad. El sujeto calla ante la masa

Ser torero hace unas décadas era sinónimo de ser valiente, la tauromaquia se consideraba todo un arte. El hecho de que esto ya no sea así en estos días no es suficiente para cancelar creaciones artísticas como la serie de pinturas de Botero inspiradas en el toreo, o incluso productos más comerciales, como aquella telenovela sobre César Rincón, aquel matador colombiano que salió en hombros de las mejores plazas del mundo, que fue un héroe nacional y que mereció espacio triple A, a pesar de su antipatía y de un fingido y ridículo acento español que adoptó apenas pisó las plazas europeas.

Los niños siempre vieron a los toreros como héroes. Hombres capaces de enfrentarse a bestias que los sobrepasan en fuerza, a lo que deben responder con inteligencia y destreza. Eran tan populares que se hacían figuras de ellos, como los muñecos de la imagen que acompaña este texto, un juguete heredado, un juguete popular entre los niños que hoy rondan los 60. Los tiempos cambian, y cada cosa debe ser vista dentro de un contexto.

El abucheo a Calamaro, otra muestra de la censura que se esconde tras el eufemismo del término cancelación.

Cuánta hipocresía, muchos de los que en ese momento se sentían ofendidos gritaron Vivas y Oles en esas mismas tribunas en tiempos en que Cali era una de las principales plazas en el circuito de la tauromaquia al más alto nivel. Niegan algo que antes era parte de su cultura, y es comprensible, quien osa irse en contra de la corriente, de lo que es visto como lo correcto y se vuelve la norma moral dominante, corre el riesgo de ser atacado por diferir, de ser señalado como un bicho raro y en algunos casos de ser cancelado.

El cancelado no existe. Por eso cada vez se oyen menos voces divergentes, existe el temor a ser el próximo en estar en la mira de las bodegas de troles digitales, sólo por expresar lo que se piensa cuando se va en otra vía a lo que piensa la mayoría.

Es valiente quien discrepa, quien es fiel a sus ideas, fue valiente Calamaro, quien seguirá con sus letras, a pesar de los silbidos, silbidos que en sus oídos sonaron como mugidos.

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