La violencia volvió a estremecer al departamento de Nariño con dos masacres ocurridas en menos de 48 horas, dejando un saldo de nueve personas asesinadas. Las autoridades locales confirmaron que los hechos se registraron en los municipios de Policarpa e Ipiales, desatando alarma y preocupación entre los residentes de la región.
Primera masacre: Cuatro muertos en Policarpa
El primer ataque ocurrió el martes por la noche en el barrio Miraflores de Policarpa. Hombres armados ingresaron a una vivienda alquilada por tres ciudadanos venezolanos y los asesinaron. Cerca del lugar, las autoridades encontraron una cuarta víctima cuya identidad aún no ha sido confirmada.
Benildo Estupiñán, secretario de Gobierno de Nariño, señaló que las investigaciones preliminares apuntan a la posible participación de grupos de “limpieza social” o a conflictos relacionados con actividades ilícitas, como la recolección de hoja de coca, un problema latente en esta región.
Segunda masacre: Cinco víctimas en Ipiales
El segundo ataque se registró el miércoles por la noche, cerca del puente internacional de Rumichaca, en la frontera con Ecuador. Cinco personas fueron asesinadas con armas de fuego, en un hecho que las autoridades intentan vincular con otro ataque previo en Ipiales, donde se reportó el asesinato de tres personas con tiros de fusil.
Este ataque ha encendido las alarmas en un municipio que es clave para el comercio fronterizo y la economía regional, especialmente durante la temporada navideña.
La preocupación de las autoridades
Estupiñán expresó su inquietud por el incremento de hechos violentos en vísperas de la Navidad, una época crucial para el turismo y el comercio local. “Estos hechos no son normales y afectan directamente la percepción de seguridad para los turistas y comerciantes”, afirmó.
Para enfrentar esta situación, se convocó un consejo de seguridad en el que participarán las autoridades locales y regionales con el objetivo de coordinar medidas urgentes para frenar la violencia y proteger a la población.
Un clima de miedo y exigencias de acción
Mientras las investigaciones avanzan y las autoridades intensifican los operativos para identificar a los responsables, el clima de miedo persiste en Nariño. La comunidad exige respuestas y acciones concretas para detener la ola de violencia que afecta su cotidianidad y pone en riesgo el desarrollo de la región.
Con la economía y el tejido social amenazados, los habitantes de Nariño esperan que las medidas adoptadas sean efectivas para devolver la seguridad y la confianza a un territorio golpeado por el accionar de grupos armados y actividades ilegales.
Fuente: https://www.infobae.com/

