En las profundidades de Tumaco, donde el manglar es vida y sustento, nació Diana Magallanes Palma, una mujer cuya historia refleja la fortaleza y resiliencia de las comunidades del Pacífico colombiano. Creció entre las aguas, los animales y los manglares, un ecosistema que la acogió y al que ella, desde temprana edad, aprendió a valorar y respetar.
La infancia entre el manglar y las responsabilidades
Con tan solo 13 años, Diana asumió un rol de madre para sus cuatro hermanas tras la partida de su padre a Buenaventura, de donde nunca regresó. Su conexión con el manglar comenzó mucho antes, a los siete años, cuando aprendió a conchar en secreto junto a sus tías y prima. Este entorno no solo le dio sustento, sino que también alimentó su espíritu y fortaleció su vínculo con la naturaleza.
Pero la vida le impuso duras pruebas. A los 17 años, la tragedia golpeó su hogar cuando una de sus hermanas falleció electrocutada en un accidente en el muelle. Este hecho marcó un antes y un después en la vida de Diana, quien, a pesar del dolor, siguió adelante.
La travesía hacia Ecuador y una prueba inesperada
Tres años después, Diana y su pareja huyeron a Ecuador tras recibir amenazas de grupos armados. En este país, logró adaptarse y encontró en la costura una forma de sustento. Sin embargo, la calma no duró mucho. Durante un viaje intermunicipal, un incidente inesperado cambió su vida drásticamente: las autoridades encontraron droga en el bus y armas en la maleta de su suegra. A pesar de sus esfuerzos por demostrar su inocencia, el hecho de ser colombiana dificultó su defensa, y fue condenada a siete años de prisión, una experiencia aún más dolorosa porque estaba embarazada.
En prisión, Diana tuvo a su hija, pero fue obligada a separarse de ella cuando cumplió dos años. Por su buena conducta, su condena se redujo a cinco años, y al recuperar su libertad, regresó a Colombia para reconstruir su vida junto a sus hijos.
Un renacer desde el manglar
Hoy, Diana es madre soltera de cinco hijos, una artesana y costurera que ha encontrado en el manglar no solo un medio de subsistencia, sino también un propósito. Es miembro activa de la Asociación de Pescadores y Piangueros del barrio Exporcol en Tumaco, conocida como @asopezconcha. Este colectivo de mujeres y pescadores trabaja por la conservación de los manglares y forma parte del programa #PazVerde, que impulsa iniciativas comunitarias que contribuyen a la paz y la conservación ambiental en la Amazonía y el Pacífico colombiano.
Diana, una mujer que ha superado adversidades que pocos podrían imaginar, es un ejemplo vivo de cómo la conexión con la tierra y la comunidad puede convertirse en un motor para la reconstrucción y la esperanza. Su historia, como las aguas del manglar, fluye con fuerza, dejando huellas de resistencia y amor por la vida.

