Jorge Moncayo Guerrero, autor y recopilador del libro: La educación pública en el Departamento de Nariño (1941)
Rosa Isabel Zarama Rincón
Cualquier persona que en la actualidad se interese por investigar la historia de la educación en el departamento de Nariño encontrará en el libro: La educación pública en el Departamento de Nariño cuyo coautor y recopilador fue Jorge Moncayo Guerrero, información fundamental, ya que expone la compleja realidad del asunto en los inicios de los años cuarenta. Algunos temas que se trataron tienen constante pertinencia como son: la capacitación de los maestros rurales o los restaurantes escolares. El 13 de enero de 1941, el educador Moncayo Guerrero fue designado por decreto del presidente Eduardo Santos para desempeñar el cargo de director de educación del departamento de Nariño, un equivalente al actual secretario de educación departamental. El profesor, al igual que sus antecesores, considero conveniente identificar las deficiencias de mayor relieve en la jurisdicción a su cargo, con el fin de que la asamblea departamental estudiará la situación y aplicara los correctivos pertinentes. Escribió sobre el particular:
“… la situación fiscal del Departamento, y en general de la nación, es en extremo delicada, máxime si se tiene en cuenta el actual momento histórico de hondas repercusiones en la vida económica de los pueblos, empero, ello no obsta para que mediante un supremo esfuerzo administrativo se defina con delineamientos precisos, la fase medular del problema educativo seccional, con el ánimo decidido de darle eficaz solución ya que no en su totalidad, siquiera en la consecución de realidades escolares que no deben postergarse”.
También adjuntó el programa educativo, que partía de la escuela rural a la escuela urbano-secundaria. En el libro en referencia, se encuentran los informes de: Néstor A. Rojas, anterior director encargado de educación en Nariño; Luis Alejandro Guerra quien se desempeñaba como jefe de la sección técnica de la dirección de educación y Eduardo Mazuera, que fungía como secretario de la comisión departamental de educación física.

Ejemplares del libro La educación pública en el departamento de Nariño, se localizan en la biblioteca Alberto Quijano Guerrero de la Universidad de Nariño y en la Biblioteca Nacional de Colombia. Fotografía de Eduardo Camargo Zarama.
En 2024, el nombre de Jorge Moncayo Guerrero es desconocido para la gran mayoría de nariñenses, sin embargo, en las publicaciones de Pasto de la década del cuarenta del siglo XX, se ensalzan sus cualidades como educador y escritor. En 1940, en el número tres de la revista Pasto se escribió: “Moncayo Guerrero, pedagogo por temperamento y luchador incansable, se ha colocado con su inteligencia en lugar relevante entre la juventud nariñense”. Años después, en 1949, el intelectual Víctor Sánchez Montenegro anotó: “Jorge Moncayo Guerrero […]. Este inteligente institutor ha desempeñado con lujosa competencia puestos elevados en el magisterio de Nariño y del Valle del Cauca, especialmente en el Gimnasio del Pacífico, de Tuluá”.
Jorge Aurelio Moncayo Guerrero (Tangua-Nariño, 1906-Cali, 1970), nació en el hogar formado por Sergio Moncayo y Ana Guerrero; quienes cuando sus hijos eran niños se trasladaron a Pasto en donde fijaron su residencia. Sergio Moncayo fue una persona con diversos intereses políticos, literarios y humanísticos, que se desempeñó como funcionario entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. En esa familia se vivía el amor por el conocimiento, que en parte, se reflejaba en la biblioteca que el progenitor tenía en su hogar ubicado en la famosa calle de El Colorado. En ese ambiente intelectual, en el joven se despertó el interés por la historia, la literatura y la enseñanza. Estudió en la Escuela Normal de Occidente (Pasto), en donde se tituló como profesor. Luego fue docente de español, literatura y ciencias sociales, y, posteriormente, rector.
Obtuvo una beca para continuar sus estudios en Bogotá. Se desempeñó como rector del colegio San Luis Gonzaga de Túquerres. A finales de la década de los treinta, el gobierno nacional lo designó como profesor en el Colegio General Santander en Sevilla (Valle). El plantel gozaba de fama por su elevada calidad educativa, a lo que se sumó, que en esos años, su rector era el expresidente ecuatoriano José María Velasco Ibarra; lo que contribuyó a darle mayor realce a la Institución. Luego de su trabajo en la dirección de educación departamental, entre 1942 y 1943, fue designado como rector de la Universidad de Nariño. Una de sus acciones fue conferir al celebre humanista Ignacio Rodríguez Guerrero el título de Doctor Honoris en Ciencias Políticas. Moncayo pertenecía al partido liberal y cuando desempeñó el último cargo mencionado, Colombia era gobernada por personas de esta afiliación política interesadas por fomentar la educación de calidad.
Entre 1948 y 1950 prestó sus servicios como profesor en el Gimnasio del Pacífico de la ciudad de Tuluá, establecimiento que en la actualidad se conoce como la Institución Educativa Gimnasio del Pacífico. Un alumno en este establecimiento, el escritor y abogado Oscar Londoño Pineda, le dedicó un perfil en su libro: Tuluá Visión personal II. Las siguientes son algunas de las frases con las que retrató a Moncayo: “Con cuanto señorío y sapiencia pedagógica, con cuanta información y buen criterio literario dictaba sus clases. Ni un ademán, ni una palabra desagradable ante una ocasional impertinencia juvenil”.
Lustros después cuando Londoño ya era un abogado, en un viaje terrestre entre Tuluá y Cali se encontró con su antiguo maestro, quien se desempeñaba como rector en el colegio de Sevilla. Aprovecharon el trayecto para dialogar, Moncayo se dirigía a la capital del Valle del Cauca para hablar con el secretario de Educación. El propósito del desplazamiento era superar en forma cordial una huelga que adelantaban los estudiantes del colegio en donde trabajaba. El nariñense le comentó sobre el particular:
Estos muchachos, van a ser mañana los líderes de la comunidad en un país que esta necesitado de líderes y no se puede destruir esa vocación de mejoramiento por un episodio superable, sino canalizarla, porque es contraproducente para jóvenes en formación que van a quedar resentidos, amargados, derrotados y que no sabemos que cauce tomen mañana esas experiencias que de adoptarse tal decisión les van a resultar indudablemente negativas.
Londoño escuchó los razonamientos de Jorge Moncayo quién deseaba concluir la huelga en forma sosegada. Concluyó la semblanza con las siguientes palabras: “… un educador consciente de su deber de hacer del estudiante un ser pensante, movilizador de propósitos, deseoso de participar con su reflexión en el avance de una sociedad mejor”. En los años cincuenta fue rector del Colegio Juanambú en el municipio de La Unión (Nariño), que hoy en día, responde al nombre de: Institución Educativa Juanambú.
Moncayo creó cuentos que el literato Víctor Sánchez Montenegro describió con estas palabras: “En un tiempo dedicose al cuento que manejó con especial gracia. Captó en él motivos ambientales escogidos con tino y competencia…”. Por ahora, no se ha podido ubicar las revistas o los periódicos en donde fueron publicados sus escritos. Se confía en que en un futuro próximo se los pueda localizar. En Sevilla conoció a quien sería su esposa Tulia Salazar con quien formó una bonita familia integrada por diez hijos: Elsa, Cielo, Álvaro, Fernando, Javier, Rosario, Esperanza, Bernardo, Gustavo Adolfo y Sergio. Murió en Cali en plena madurez intelectual, en esa época se desempeñaba como profesor del Colegio Santa Librada. El entusiasmo y la excelencia con que Jorge Moncayo Guerrero vivió la docencia continúa siendo su principal legado para la sociedad.
Nota: La autora les agradece Cielo y Álvaro Moncayo Salazar, hijos de Jorge Moncayo por suministrar algunos datos para este escrito. Igualmente, a Cristina Eraso, Armando Russi, Óscar Londoño Pineda, a Daniel Potes y a Eduardo Camargo Zarama por su colaboración.

