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Desagravio al general Antonio Nariño

Por: Julián Bastidas Urresty El 1 de mayo de 2021, durante una protesta social en Pasto, algunos desadaptados echaron a tierra la estatua del general Antonio Nariño, el Precursor de la Independencia, considerado como el más grande de los colombianos en todos los tiempos. Tal vez los vándalos quis…

Columnista Invitado·5 de julio de 2023·5 minutos de lectura
Desagravio al general Antonio Nariño

Por:    Julián Bastidas Urresty

El 1 de mayo de 2021, durante una protesta social en Pasto, algunos desadaptados echaron a tierra la estatua del general Antonio Nariño, el Precursor de la Independencia, considerado como el más grande de los colombianos en todos los tiempos. Tal vez los vándalos quisieron imitar lo sucedido en Cali donde tumbaron la estatua de Sebastián de Belalcázar. Error craso, el español fue partícipe del trato inhumano que casi acaba con la población indígena del continente americano mientras que el general Nariño fue actor fundamental en la emancipación de la América española. Colombia entera no entendió y criticó lo sucedido en Pasto con el insulto al hombre que inspiró la libertad y la resistencia a la opresión, de donde se deriva el derecho a la protesta social en espacio público, como lo hicieron los que derribaron su estatua. ¡Que Ironía!

Se puede comenzar con algo curioso ¿qué pensarían hoy los encargados de transportar de Bogotá a Pasto la pesada efigie en bronce a través del agreste camino del territorio andino?, estatua elaborada en París por el afamado escultor francés Henri Léon Gréber.

Talvez, lo único que salva a los profanadores de estatuas es que ignoraban la historia de Antonio Nariño. Por esta razón algunos intelectuales e historiadores nariñenses decidieron escribir y publicar, a manera de desagravio, el libro “Antonio Nariño, ciudadano de Pasto”.  En este libro los autores valoran el legado del hombre que, en 1794, tradujo al español y publicó la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” concebida por la Asamblea Nacional Constituyente de Francia, el 26 de agosto de 1789, con 17 artículos en favor de la libertad, la igualdad y la propiedad.

Antonio Nariño dio a conocer las ideas del pensamiento ilustrado de Montesquieu, Voltaire y Jean-Jacques Rousseau y de otros filósofos que alejaron la humanidad del oscurantismo medieval. Fue el   revolucionario que luchó por crear una república liberal y democrática, que inspiró la redacción de las primeras constituciones de los estados hispanoamericanos independientes. Odiado y perseguido por los españoles pasó casi la mitad de su vida encarcelado.

Aun hoy, algunos mal llamados historiadores de Pasto, movidos más por chauvinismo y sectarismo regional, tratan de demeritar al general Nariño inventando folclóricamente que fue vencido por las mujeres de Pasto. Cronistas presentes en esas batallas afirman que, cuando el general patriota peleaba en las puertas de la ciudad, las mujeres salieron en procesión, recorriendo las calles principales, llevando en andas la imagen de la Virgen de las Mercedes y del apóstol Santiago. Estos falsos historiadores desprecian, al mismo tiempo, la lucha de aguerridos coroneles pastusos como Ramón Zambrano, Blas de la Villota, don Juan María de la Villota, Javier Santacruz que enfrentaron al general Nariño en defensa de sus convicciones.

Peor aún, el exgobernador de Nariño Antonio Navarro, en grave contradicción a su aparente espíritu revolucionario, propuso reemplazar la estatua de Nariño por la de Agualongo, que luchó tenazmente al servicio de Fernando VII de España, considerado el más godo y fundamentalista de los reyes españoles. El guerrillero pastuso se puso al servicio de la iglesia y de las castas privilegiadas de Pasto que utilizaron a sus vasallos para enfrentar a los republicanos. El levantamiento de Agualongo en 1822 fue calificado por el vicario, Aurelio Rosero, como “Infame tumulto y criminal bochinche” pues la provincia de Pasto ya había firmado la paz con el Libertador Simón Bolívar.

Se dice también que el general Nariño atacó y fue duro con Pasto, sin saber que antes de atacar propuso la paz, pero el Cabildo de Pasto lo trató de hereje por querer combatir en tiempo de Semana Santa. Resultaron inútiles los argumentos, políticos, religiosos y militares, de conciliación y paz, de intimidación que empleó el general Nariño para evitar la confrontación armada y el derramamiento de sangre. Nada aceptaron los integrantes del Cabildo de Pasto, provenientes de las familias privilegiadas y dominantes, que decidían por todo un pueblo convencido que eran atacados por los enemigos de Dios. “El clero y las clases tradicionales excitaron el fanatismo religioso en las clases populares y en los pueblos indígenas a favor de la lucha antirrevolucionaria” afirma el sacerdote e historiador Justino Mejía.

La curiosa denominación “Ciudadano de Pasto” llamará la atención en Colombia y en el extranjero. Antonio Nariño vivió en esta ciudad episodios emotivos de su vida. Apresado en Pasto el tumulto pedía su cabeza, pero luego fue tratado con respeto y admiración. El jefe español Toribio Montes, presidente de Quito, ordenó que se le decapitara. Sin embargo, al paso de los días, con su conversación florida y trato culto, el carismático Nariño cautivó al más influyente de los pastusos, el coronel Tomás de Santacruz, que se negó a cumplir la decisión de don Toribio. Estuvo un año prisionero hasta que se dispuso su traslado a una cárcel en España. La gente se arremolinó en el camino para ver, por última vez, al gran santafereño. Mas adelante, en 1811, se colocó su estatua en el centro de la más emblemática plaza de la ciudad, evento al que asistieron centenares de personas, con orgullo de ser colombianos. Los más esclarecidos ciudadanos de Pasto pronunciaron emotivos discursos en su homenaje. Hoy, la plaza y el departamento llevan el nombre de Antonio Nariño.

El libro “Antonio Nariño, ciudadano de Pasto” es importante, novedoso pues presenta diversas facetas sobre el valor del Precursor. Se aleja de las reglas de claustro conventual de algunas Academias que no se dolieron por el crimen vandálico contra la memoria de Antonio Nariño. Los escritores hacen un libro ameno, algunos con gran manejo del español, a veces con matices poéticos, sin perder el rigor que exige la historia. El general Nariño estuvo a punto de lograr nuestra Independencia diez años antes que lo hiciera el gran Libertador.

Tumbaron la estatua del general Antonio Nariño, pero en nada afectaron el valor de un gran hombre y de su obra magistral. El libro se presentará el día viernes 7 de julio, a las 6 de la tarde en el Teatro Imperial.

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