Por: Jairo Gomes Ech
Filósofo y Pensador
Cuan profunda y recóndita es el alma. Cuan volátil como brizna al viento se subyuga ante las fuerzas que desde todo vértice la intentan afectar. Así es el alma, insondable y misteriosa como rehusando a dejarse conocer. Por ello es que asombra la última novela de Arturo Prado Lima, Memorias de una silla vacía; por esa capacidad que posee el autor de adentrarse en las profundidades del alma de sus personajes buceando sin escafandra las aguas, a veces turbias o sin horizontes definidos de actores enfrentados, donde cada uno guarda una razón para estar, por momentos sublime, por momentos perversa, por momentos esclava.
Asombra de Arturo Prado Lima esa lectura metódica de la epifanía de cada rostro; de lo que cada rostro manifiesta cuando no se encuentra bajo las órdenes de la voluntad; esa epifanía a través de la cual el alma se desborda y deja entrever frustraciones que se creían sobrepujadas y habla desde sus honduras inescrutables; espíritus adoloridos que nunca supieron el origen de su dolor ni el objeto de su rabia. Pero también almas claras, firmes, fervientes y decididas, con un horizonte infinito aferrado a una causa, siempre suya o desigualmente compartida. Todo esto ilumina la novela. Era menester para el autor, entender las leyes que rigen el alma; solo así era posible descifrar la guerra a través del sentir de sus actores. No era una guerra cualquiera. No era una confrontación entre siervos que ignoran que defienden. Allí había un horizonte que se ofrecía limpio y transparente sin presagiar caminos turbios.
Cada alma arribaba con su enjalma llena de vacíos espirituales, pero con un sesgo de esperanza. Era menester renacer, enterrar el pasado, el nombre, la historia. Mujeres y hombres en busca de realizaciones. En algunas la lascivia freudiana era la guía, en otras un amor perdido o un amor que nos desdeña; en otras la rabia y el odio que nace de la desigualdad; y en otras, un compromiso de surge de la razón y el intelecto. He ahí el pacto del autor con la novela, que hace de esta obra una pieza magistral: descifrar el alma a través de la guerra.
Cada cuadro debía ser entrenado en traspasar las líneas que su alma había dibujado a sus pies. Traspasarse hasta ver desaparecer las líneas morales, éticas, credos, dogmas e ideales; una nueva doctrina debía invadir su espíritu. Era una transformación interior psíquica y emocional no apta para mediocres en una guerra irregular. Es el alma que libra su propia guerra; que busca explora y se acomoda; por momentos amplía sus límites y por momentos los reduce; ha creído vislumbrar el objeto de su ansia y la pira del camino le da el temple. Su sol por momentos se pierde entre las nubes y debe encender la luz de la razón buscando lumbre.
Y por supuesto, era también menester explorar el alma del enemigo y del entorno. Es así como la novela nos introduce, caminando de la mano de Arturo Prado lima. Una pieza magistral de nuestra literatura, que colma el ansia del lector. Es una novela histórica. Nunca una confrontación había sido expuesta desde el alma de sus actores, donde, por la pluma del autor, nos apropiamos de los pormenores espirituales que rodean cada acto de guerra. Por primera vez las cámaras de la historia se trasladan al quehacer diario del otro, con sus sueños, sus amores, sus regocijos, sus dolores, sus pesadillas, sus razones. La otra cara de la historia, pero más aún, la cara emocional, afectiva y espiritual que no se documenta.
Pero para el autor, la trama no se sustrae a rodear momentos históricos de elementos emocionales; es una prosa para los espíritus que encuentran placer en la literatura; prosa ataviada de gestos y maneras literarias de excelsa elaboración que atrapan al lector entre sorbos de deleite espiritual rodeados de realismo mágico y metáforas solo posibles en un alma pletórica de sensibilidad literaria.
Nos regala Arturo Prado Lima también, en Memorias de una silla vacía, un instante para la reflexión cuando el poder deviene en guerras donde el primer muerto es la verdad. Donde las atrocidades nos deben dejar como mensaje que, antes que el enemigo, el culpable es la misma guerra. No hay límites, cruzar todas las líneas está licenciado, entierro de segunda a los principios. Momentos que al mismo lucifer espantan y se supera la capacidad de asombro. Una obra para la reflexión.
Memorias de una silla vacía nos ofrece instantes de gozo reflexivo por momentos escasos en la literatura moderna, pero posible en un espíritu de profunda sensibilidad retórica. Una obra destinada a abrirse paso en ámbitos literarios nacionales e internacionales por su concepción política y psicológica llena de un realismo mágico que nos evoca a nuestro Nóbel García Márquez. Gracias a Arturo Prado Lima por regalarnos estos momentos de placer literario y reflexivo.
Jairo Gomes Ech
Colombia 30 de julio de 2025

