domingo, 26 de julio de 2026
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Carta de amor al arte

Por: Tania Gabriela Obando Fonseca. Así como a Frida Kahlo, con quien la relación fue profundamente íntima, visceral y marcada por el dolor físico y emocional. Con quien te relacionaste en su época más oscura, postrada en cama. Similar fue nuestro inicio. A mis cortos 12. Te conocí y apenas eras…

Columnista Invitado·12 de julio de 2025·3 minutos de lectura
Carta de amor al arte

Por: Tania Gabriela Obando Fonseca. 

 

Así como a Frida Kahlo, con quien la relación fue profundamente íntima, visceral y marcada por el dolor físico y emocional. Con quien te relacionaste en su época más oscura, postrada en cama. Similar fue nuestro inicio. A mis cortos 12. Te conocí y apenas eras un sueño efímero, un deseo que se veía lejos de alcanzar. Era una niña que jugaba con pinturas, foami y cartón paja. Pero con el pasar del tiempo, te conocí mejor y me abriste las puertas a tu esencia. Ahí me refugié, y ahí sigo hasta el día de hoy.

Al inicio, solo sentí tu olor: olías a mina de lápiz recién tajado, después a óleo en lienzo de algodón. Luego sentí tu tacto en la punta de mis dedos, siempre distinto, en la textura de un lienzo, en la resistencia o maleabilidad de un lápiz. Torpe, curioso, juguetón, tímido, deseoso. Más tarde —aunque para muchos increíble— sentí tu sabor: como a fresas con crema, dulce y algo ácido, pero cremoso y confortable. Y finalmente, te vi con detenimiento. Lleno de vida, lleno de colores. Eres un arcoíris, pero también eres un día lluvioso; eres paz, pero también tormenta. Estás en todo.

Has estado en esas noches frías y oscuras en las que el corazón dolía y la mente no daba más. Noches tumultuosas en las que buscaba una salida, una distracción. Pero también has estado en los días de sol, cuando el brillo era lo más abundante en mí.

¿Cuántas veces, en la oscuridad de mi cuarto, no fuiste tú quien me escuchó?

¿Cuántas veces, después de los episodios depresivos, no fuiste tú quien me levantó?

“Si no fuera por el arte, ya me habría suicidado”

Yayoi Kusama

 

 

Pero también, ¿Cuántas veces has sido tú quien ha estado en medio de las risas con mis amigos? ¿O en los sueños mágicos cuando duermo?

Me enseñaste a mirar hacia adentro. A descubrir emociones que no sabía nombrar, miedos que escondía bajo la alfombra de lo cotidiano. Me mostraste que el caos también puede ser hermoso si se transforma en color, en forma, en palabra.

Hay días en los que mis manos tiemblan de ansiedad, pero tú las calmas. Me das forma cuando siento que me deshago. Me recuerdas que no hay trazo torpe cuando se dibuja desde el alma. Que incluso el error, contigo, puede ser arte. Cuando la voz se me quiebra, tú hablas por mí. Has sido mis gritos, mis suspiros, mis silencios.

Has dicho por mí lo que no me atrevía a decir. Has llorado mis lágrimas y celebrado mis victorias en cada línea, en cada composición.

En el proceso de amarte, han sido pocas las veces en que he intentado abandonarte, aunque tú nunca lo has siquiera pensado.

“Intenté dejar el arte muchas veces, pero el arte nunca me dejó a mí.”

 Ai Weiwei

 

No puedo, simplemente porque no eres solo una extensión de mí. Tú eres más. Tú vives en mi, haces parte de mi pasado, de mi presente, de mi futuro.

No sé a dónde voy, pero sé que me acompañarás. En cada etapa, en cada caída, en cada renacer. No me importa si un día ya no soy artista “de profesión”, porque seré artista de alma, gracias a ti. Siempre.

Arte mío, arte mía, arte de todos, pero específicamente hoy, arte solo mío. Perdón por dudar de ti. Perdón por dudar de tu amor y de tu paciencia.

Eres ese refugio sagrado en el que mi alma brilla.

     TAMIA

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